
REVISTA CUBANA DE PSICOLOGÍA Número especial conmemorativo / 2008 / pp. 9 – 18.
BREVE ENSAYO SOBRE
Manuel Calviño.
Parafraseando a Chaplin suelo decir que
Tengo que comenzar por “un inicio”, que no es lo mismo que “el inicio”. Todo inicio es ruptura, es el paso de algo que “no” a algo que “si”, es la diferenciación de un punto que permite hablar de “antes” y “después”. Mi inicio son los años sesenta.
Desde Cuba “los sesenta” se vivieron como un arrebato de humanismo crítico trascendente, un grito de esperanza y confianza en el ser humano, un basta multiplicado por millones de voces. Con la negativa, la ruptura o la lucha constructora se destrozó la imagen de perfección edulcorada y falsa que, siguiendo las enseñanzas de Dorian Grey, la sociedad de clases había construido para sí. Es la época de la defensa de las mayorías desde una estética de las diferencias, una ética humanista fundamental y una ideología cuando menos revolu-cionadora. Los desposeídos no clamábamos posesión, no queríamos sencillamente tener. Reclamamos y exigimos nuestro derecho a ser. Los sesenta son los movimientos de liberación,
Nacer asociada a un proyecto de bienestar y justicia social mayoritario, “con todos y para el bien de todos” (José Martí), un proyecto emancipatorio de profundo carácter nacional y popular, un proyecto enraizado en las necesidades fundamentales de las personas, en sus derechos inalienables, es un privilegio histórico para cualquier profesión de vocación humanista. Lo fue para
Es indudable, desde mi punto de vista, que
La constitución social praxológica (me refiero a la teoría de la praxis) de
Pero no por compulsada extrínsecamente la presencia social resultaba menos asumida ni menos construida desde la decisión. Al llamado dijimos presente. La presencia social de
Con esta “energia vitalizadora”
Lo hicimos en condiciones de asilamiento (para bien y para mal: a veces es mejor estar solo que mal acompañados) pero lo cierto es que nos hubiera sido de mucho provecho poder tender puentes con “Plataforma”, con “Documento”, movimientos que en Argentina promovían una crítica demoledora a la asepsia de las instituciones psicoanalíticas tradicionales y hacían del compromiso político un pilar del desarrollo profesional. Que tal si hubiéramos cerrado fila con Ruy Mauro Marini en Brasil o en México, con lo mejor del Instituto Lumen en el Uruguay, con Carrasco, con Scherzer. Que tal si hubiéramos contado con las infatigables pensadoras que fueron y siempre serán Marie Langer, Silvia Lane. Todo esto nos llegó más tarde.
Fue así que llegó el contacto con
Junto a esto, el modelo de ciencia con el que operaban en su accionar investigativo los psicólogos soviéticos seguía teniendo un apego al dato empírico de profundo sabor positivista. Es cierto que se separaron de los cánones estrictos del experimentalismo estadístico (lamento decir que la formación del psicólogo soviético en las estadísticas y las matemáticas aplicadas al proceder científico, era bastante deficiente). Es cierto que desarrollaron procedimientos de investigación en la época poco comunes (experimento formativo). Pero quizás olvidaron algo que ya había señalado Weber: "El destino de una época de cultura que ha comido del árbol de la ciencia, consiste en tener que saber que podemos hallar el sentido del acaecer del mundo, no a partir del resultado de una investigación, por acabada que sea, sino siendo capaces de crearlo; que las cosmovisiones jamás pueden ser producto de un avance en el saber empírico, y que, por lo tanto los ideales supremos que nos mueven con la máxima fuerza se abren camino, en todas las épocas, solo en la lucha con otros ideales, los cuales son tan sagrados para otras personas como para nosotros los nuestros" (Weber, 1973. pag. 46)
En todo caso considero que el periodo “ruso” de
Algunas variantes, siguiendo el prototipo de época, fueron: “inventar una teoría” (al menos encontrar quien se la crea), “idear nuevos conceptos o darle texturas distintas a los ya existentes” (lo que funciona sobre todo en ambientes profesionales poco dados al estudio, la profundización, la información científica, etc.) “modernizar los enfoques” (el último grito de la moda). Aparecen también elaboraciones más propias, no solo desde la crítica, sino también desde la construcción de alternativas. Fue un periodo de autoafirmación, de elevación de la autoestima. Entramos en el mundo de las discusiones epis-temológicas y en el de las “es-peste-mológicas”.
Hay dos cosas en esta “salida de la siberiada” que considero de suma importancia y que no pueden ser pasadas por alto. En primer lugar el robustecimiento de una vocación integracionista o al menos interaccionista. El desarrollo de
En segundo lugar, esta vocación integracionista, como queda claro en el testimoniar de los “actores” referidos antes, tiene una marcada orientación a Latinoamérica. Se sale al encuentro de los que transfiguraron o despacharon al conductismo en México, de los que construían una Psicología social sin IDUSA (ideología dependiente de USA, al decir de Salazar), de los que acompañaban movimientos armados de liberación y hablaban de una Psicología de la liberación, de los que aún con limitaciones, se cuestionaban la obsoleta institución psicoanalítica. Se salió “al encuentro de
Detrás de todo esto hay mujeres y hombres propulsores y también obstaculizadores, hay actores de primera línea y de reparto, hay líderes y masa, hay dirigentes y dirigidos. Detrás de todo esto hay hombres y mujeres que sufren el peso del poder, de la exclusión, del verticalismo epistemológico institucional, de la incomprensión de la diversidad. Hay mujeres y hombres que brillan y los hay que están a la sombra. Hay grupos, instituciones, asociaciones. Hay psicólogos con una psicología contradictoria, es decir humana, imperfecta, con herencias y rupturas. Prefiero que todos queden sin nombre porque no fue el ejercicio de sus voluntades lo que los puso en uno u otro lugar. La historia es implacable y su paso indetenible tiene precios que hay que pagar. Siempre recuerdo a Berman: “El desarrollo humano tiene su costo”.
En apenas treinta años, tiempo que he delineado aquí en solo unas estrofas, hicimos de todo, o casi de todo. Hicimos la psicología “imperfecta”: la que no espera a los grandes paradigmas para dar cuenta de su existencia y de su impacto sobre el cotidiano existencial de las personas y sobre todo en el proyecto social de la revolución cubana. La que se construye de la imperiosa necesidad, desde lo que es necesario hacer. Hicimos la psicología “casi perfecta”: la que enarbola a la teoría como rectora de la realidad vislumbrada en algún que otro espacio fáctico, político. La que se construye desde la demanda, desde lo que se debe hacer. Creo que hicimos hasta la psicología “pluscuamperfecta”: la que "no está ni ahí", como dicen mis hijos. Se dice fácil, pero haber mantenido abiertos tres centros especializados en la formación de psicólogos, cátedras de psicología en decenas de otros centros docentes, una presencia reconocida en todos los niveles del sistema de salud y de educación, espacios estables en empresas, fábricas. Haber logrado como gremio un desempeño profesional exitoso con un déficit de condiciones importante, son razones más que suficientes para hablar de cierta satisfacción con el pasado. La integración de
Pero esto no agota, ni puede agotar el sentido de
Creo en la necesidad de “historiar” los años que vienen, los años que aún no están escritos en letra propia, sino en frases promisorias y premonitorias, los que descritos hoy probablemente llamemos “críticas”, “disensiones” (gústenos o no, la crítica es el modo en que el discurso de lo que será, encuentra espacio en lo que es, lo que vendrá en lo que está). Los años que vienen se historian con la previsión, se ensayan, lo que los hace no tanto inevitables cuanto transformables. El pasado no se puede cambiar, pero el futuro sí.
Me he propuesto, casi como pie forzado, dibujar cuales pudieran ser para Cuba los senderos de avance (crecimiento, expansión) de
Junto a estos aspectos se alzan otros no menos importantes: ¿Cuándo hablamos de presencia social a qué estamos haciendo referencia de manera más específica? ¿es la expansión de la presencia social evaluada por el impacto de la profesión en el país? De ser así ¿cuáles son los impactos probables y posibles, cómo pueden reconocerse, qué efectos ellos tienen sobre la vida en el país?
Los dos mil debutaron para nuestra disciplina con el inevitable lastre de los mil novecientos (y hasta cenizas de los mil ochocientos), pero conteniendo un perfil de cambio importante. Las dimensiones temporales de cambio hoy se agilizan: lo que antes se modificaba en siglos, hoy se modifica en fracciones de lustro. Probablemente por esto se hace imprescindible, hoy más que nunca, que las estructuras centrales, los modelos epistemológicos de formación y acción de nuestra profesión se muevan al compás de los tiempos, ejecutar ineluctablemente el intento por reconocer las rutas y los destinos, los condicionantes probabilísticos y los que gozan del don de la inevitabilidad. Hay cuestiones que especialmente están urgidas de un ejercicio reflexivo que considero aún insuficiente. Adelanto apenas algunas ideas personales que concentro en cuatro aspectos o necesidades fundamentales.
1. NECESIDAD DE UNA INTROSPECCIÓN CRÍTICA DE
Y SUS PERFILES PROFESIONALES
En nuestros desempeños profesionales, sobre todo investigativos, la impronta positivista sigue siendo muy fuerte. El dato sigue siendo un hecho de inspiración positivista, los modelos lógicos de sustentación de la certeza son esencialmente los que defendieron por mucho tiempo Scott y Wertheimer. A veces la contraposición metodológica a esta suerte de “positivismo bien intencionado” es tan endeble que sin duda la prominencia positiva sarcásticamente se vuelve a imponer. Tal es el caso incluso del mal uso y abuso de supuestas técnicas cualitativas. Aquí no ha sido el tradicionalismo de
Al mismo tiempo, edulcorado y encartonado, el “discurso científico más oficial” no ha dejado florecer un discurso opinático, más libre de atavismos y de exigencias, posiblemente menos riguroso, pero no por esto menos importante en el panorama integral discursivo de una disciplina de vocación humanista y de confirmación social como la psicología. En el fondo es la misma visión torquemadiana que sancionaba la obra freudiana por su falta de cientificidad en los métodos de recolección de datos, la ausencia de cálculos de significación en sus hallazgos, etc. No se como no se les ocurrió hacer la misma crítica a Marx y Engels, si en definitiva, como me dijo un alumno, nadie ha logrado poner a trabajar a un grupo de monos y al final constatar que se convierten en hombres y empiezan a hablar.
Algo que considero muy crítico es que el centro epistemológico y metodológico de nuestras acciones sigue muy centrado en una relación de poder. Estoy hablando de aquel poder que García Márquez representó con tanta claridad en “Del Amor y otros Demonios” cuando el Marqués de Casalduero, convencido de la inminente desaparición física de su hija por la mordedura de un perro rabioso, intenta recuperar el tiempo emocional perdido en su relación con la pequeña Sierva Maria. Dice: “Le consagró todo su tiempo. Trató de aprender a peinarla y a tejerle la trenza. Trató de enseñarla a ser blanca de ley, de restaurar para ella sus sueños fallidos de noble criollo, de quitarle el gusto del escabeche de iguana y el guiso de armadillo. Lo intentó casi todo, menos preguntarse si aquél era el modo de hacerla feliz”: Un preguntar-se cuya única respuesta está en preguntar-le.
Estamos demasiado convencidos de que lo que hacemos es lo correcto, lo conveniente, lo adecuado. Seguimos en una posición distante del objeto de nuestro conocimiento que, a diferencia de otras ciencias, es un ser humano, lo que quiere decir que somos nosotros mismos. “En lugar de aprender a observarnos y entendernos, tratamos de impedir que nos observen y entiendan nuestros sujetos” (Devereux G.1991.p.52). Quizás nos falta acceder con mesura y alternancia a esa idea posracionalista según la cual “todas las teorías desarrolladas por el signo individuo, ya sean científicas o filosóficas, tienen su fundamento en la emocionalidad y no en la racionalidad, al tiempo que sin emocionalidad no puede haber racionalidad” (Ruiz A.1995.pag. 21).
El gran reto del psicólogo empeñado en tareas profesionales que tienen como referente primario su realidad cotidiana social, está en la articulación de una “construcción pragmática operativa” que acapare para si la posibilidad de la representación empírica de los fenómenos con los que se encuentra en su práctica cotidiana y que por tanto le permita una interacción con los mismos, más cercana a su modo “real” de existencia. Dicho en otros términos un sistema que favorezca el encuadrar su práctica profesional cotidiana desde la situación, desde el problema, desde la persona concreta (persona, grupo, institución, etc.), y facilitar la emergencia de los modos de actuación sobre los que se articularía el discurso elaborativo. Partir del registro operativo y desde este nivel conceptualizar las prácticas como fundamento y manifestación de fundamentos. Comparto con Ries y Trut la idea de que son las tácticas las que hacen a las estrategias y no a la inversa, como tradicionalmente se ha pensado. Las prácticas hacen a las teorías. Lo otro son alucinaciones con visos de racionalidad que no es lo mismo que realidad.
Las prácticas son los fundamentos de las teorías particulares, y no a la inversa. Y los fundamentos de las prácticas son anteriores a las teorías particulares. Recordemos, y resulta fundamental hacerlo, que los sistemas teóricos particulares, las teorías, son depositarias de un conflicto teórico inexorable, al decir de Althusser. Las posiciones teóricas son posiciones teóricas de clase. Y esto supone configuraciones ideológicas distintas. Las diferentes aproximaciones a la psicología comparten el hecho fundamental de que la inscripción en el registro de lo real (no solo como lo intersubjetivo actual, sino también como lo histórico) de su identidad solo es posible en su hacer, en su práctica. Como señalara Marx "Lo concreto es concreto, porque es la síntesis de muchas determinaciones, es decir unidad de lo diverso. Por eso lo concreto aparece en el pensamiento como el proceso de la síntesis, como resultado, no como punto de partida, aunque sea el verdadero punto de partida y, por consiguiente, el punto de partida también de la percepción y de la representación... las deter-minaciones abstractas conducen a la reproducción de lo concreto por la vía del pensamiento... el método que consiste en elevarse de lo abstracto a lo concreto no es sino la manera de proceder del pensamiento para apropiarse de lo concreto, para reproducirlo mentalmente como cosa concreta".
Si aún quedaran dudas del carácter instituyente de la práctica, sugiero aún no perder de vista lo que pudiéramos llamar la naturaleza y el significado del obstáculo operativo. En el registro teórico el obstáculo convoca a la confusión, en el práctico al error. El error es aprendizaje, la confusión puede serlo pero también puede ser ilusión, falseamiento, elaboración secundaria. La diversidad de las teorías particulares nos presenta una ilusión de multiplicidad, una “ilusión de alternativas”, al decir de Watzlawick , que es sobre todo “confusional”.
El centro operativo, el episteme constructivo, de las prácticas profesionales está urgido de una “epistemología operativa y convergente”. Convergente en tanto supone una epistemología de la pluralidad, de la unidad en la diferencia, de la unidad y ruptura. Y esta convergencia es solo posible al nivel de las prácticas por razones, como ya he apuntado, estructurales (Calviño M.1999). Pero las prácticas son depósitos de ideología, incluso depósitos más impactantes que las teorías, y la convergencia tiene ciertas precondiciones. El límite de las conver-gencias prácticas está en que se den entre los que están en la misma trinchera. Las prácticas no son descontextualizables. Ellas son anteriores a su representación paradigmática, pero simultáneas y posteriores a sus condiciones de generación. Decursan como prácticas de uno con la ideología de “otro” a prácticas de uno con ideología de todos. Lo ideológico es sobre todo un paradigma en la acción y de la acción.
El sustento de las prácticas es un campo de determinaciones que las preceden y una vez instituidas las condicionan. Es un encuadre que no está sujeto primariamente a la construcción intencional del psicólogo, o del analista. Él es un sujeto también sujetado. Solo que el carácter de esta sujeción no es del orden solo de lo inevitable (como parece ser en ciertas representaciones dogmáticas del psicoanálisis y también del marxismo), sino también del orden de lo transformable, de lo creativo. Las prácticas están determinadas en lo actual por los contextos (históricos, económicos, ideopolíticos) - subrayo esto, por los contextos, y no por las representaciones teóricas particulares que de ellos se puedan hacer-, y en lo prospectivo por los contextos actuales y los proyectos, que son la producción del sujeto deseante, comprometido, trascendente.
2. NECESIDAD DE GENERAR ESPACIOS PROFESIONALES VINCULARES A NIVEL
DE NACIÓN Y REGIÓN CON PROFUNDO ARRAIGO A NUESTRAS REALIDADES
Probablemente el haber estado tanto tiempo aislados ha generado una suerte de “autoconsumo epistemológico”, lo cual quedó también reforzado con la disolución del país de los soviets. No creo tampoco, como dicen algunos, que hemos vivido en un “ostracismo”. Pero considero acertado decir que la construcción de la identidad científica y profesional de la psicología ha estado (¿estuvo?) construyéndose (en realidad destruyéndose) durante muchos años en una suerte de “autofagocitosis conceptual abstracta” típica de lo que Asebey (2005) identifica con la tragedia de Narciso. En simple plagio, espero que, autorizado por la autora diría:
Pero no hay duda de que la presencia profesional de
Una introspección crítica y un despliegue de relaciones profesionales reales suponen como sustento un abordaje profesional contundente, serio. No es complicado: se trata básicamente, aunque obvio que no únicamente, de información. Lo que a su vez supone un despliegue de publicaciones autóctonas, referenciales o al menos “sustitutas contadas” de lo que se hace y lo que se piensa de lo que se hace. De aquí un consumo comprometido de esa producción autóctona y derivada de esta, una actividad reflexiva (el lenguajear crítico constructivo, parafraseando a Maturana) participativa, mantenida y abarcadora. No de Congreso en Congreso. No de convocatoria en convocatoria. Digo mantenida y abarcadora. No va lejos una producción adecuada de
Esto, en consonancia con lo antes señalado, permitiría modificar la correlación de fuerzas en el universo bibliográfico al que acceden nuestros profesionales (actuales y futuros). Tender puentes. Las bases bibliográficas de la formación de nuestros profesionales tienen que ser cuando menos enriquecidas, pero no solo ni tanto con las “novedades norteñas y europeas”, sino sobre todo con el pensamiento vivo, contextualizado, de nuestros psicólogos. Dice Rossellini, que “el increíble e incontrolable aumento de las informaciones en todas las disciplinas, durante el último cuarto de siglo, ha desbordado todas las posibilidades de absorción no ya por parte del ciudadano medio, sino de los propios especialistas” (Rossellini R. 2001. pg.10). Es cierto. Entonces, con más razón. Es necesario construir un universo loable y eficiente de intercambios en los que circule la información relevante a la construcción emergente de una Psicología “imperfectamente perfecta”.
El asunto no es solo al interno del territorio nacional, sino también allende los mares, en la región de la que somos cultural, identitaria y psicográficamente parte. La patria grande de Martí, de Bolivar, ha de ser nuestro escenario de consolidación como profesión. La historia cercana de
3. NECESIDAD DE MEJORAMIENTO COMPETENCIAL Y READECUACIÓN
A LAS NUEVAS CONDICIONES DEL MERCADO LABORAL Y DE
Que la formación del psicólogo ha ido quedando a la zaga de las exigencias competenciales en los nuevos escenarios laborales es algo que resulta poco discutible. Creo que mientras el concepto de “academia”, de “Universidad” no sea bombardeado seguirá siendo así. No solo bombardeado como “espacio de accesibilidad”, sino como “espacio de confrontación presente-futuro” de una profesión. Pero esto es solo un aspecto del problema. La misma profesión empieza a descubrir rasgos de “anquilosamiento”. ¿Cómo esto se presenta, al menos puntualmente, en la capacidad de inserción del psicólogo en la vida socio-económica del país? Para no extenderme demasiado presento apenas un problema que considero central.
El paradigma profesional de empleo, históri-camente dominante en nuestro país (y no solo en el nuestro), parte de la consideración que el profesional sabe hacer determinadas cosas, derivadas de su disciplina científica matriz, cosas para las que puede ser requerido y demandado como profesional. En realidad, en el mercado laboral, la profesión genera la necesidad de sí misma. El ciclo funciona más o menos así: el psicólogo ha sido preparado para diagnosticar, intervenir (prevenir, rehabilitar, promover, capacitar, supervisar, asesorar, diseñar) y evaluar determinados aspectos psicológicos. Estas son sus habilidades profesionales. En el mercado laboral su espacio será, me atrevo a decir, se reducirá en primer término a la necesidad percibida de estas habilidades por los empleadores (digo en nuestro caso generadores de empleo, aspecto este que ha funcionado de manera bastante centralizada), en segundo término, a las condiciones económicas de satisfacer las necesidades percibidas mediante la generación de empleos y, tercero, a las prioridades establecidas en lo que a la confluencia de profesiones y el impacto social de las mismas se refiere.
Indicadores empíricos de este paradigma podríamos referendar hasta la saciedad de los más exigentes: la limitación de las matriculas en las carreras asociadas a la existencia de puestos de trabajo para esos profesionales, el desencanto profesional de algunos por trabajar en lugares donde “no se sabe que hacer con ellos”, la formación profesional basada en las operaciones profesionales y no en las competenciales (esto en ocasiones hasta el absurdo: se enseña a hacer una investigación, pero no a escribir ni exponer sus resultados. Se enseñan técnicas y procedimientos que se sustentan en la comunicación, pero no se enseña a tener buena comunicación. Es como si dijéramos que se aprende a pensar pero no a hablar. De que vale entonces el pensamiento).
Sin embargo, en nuestro país y creo que es un fenómeno que se está produciendo a nivel mundial, en los últimos años se ha estado produciendo una modificación esencial en lo que algunos llaman “los yacimientos de empleo”, siguiendo la conceptua-lización de Jacques Delors. Esa modificación se verifica en el tránsito del “paradigma profesional” de empleo a un “paradigma ocupacional”. Cada vez más el mercado profesional o el escenario de las profesiones tiene como rol protagónico “la ocupación” y no “la profesión” y esto repercute directamente en la empleabilidad y por ende en el significado real y concreto de una profesión en el espacio concreto de su existencia: el trabajo (su mercadeo y su consumo).
Una ocupación, en el sentido laboral, no es más que lo que una persona hace en un momento determinado asociado a un cierto puesto de trabajo. Es la forma que se tiene de ocupar el tiempo laboral. La ocupación tiene como diseño matriz el “output” de la institución en la que ella existe. La ocupación se supedita a la misión de la institución siendo de suyo un eslabón funcionalmente definido en el logro de ciertas metas u objetivos institucionales de mayor o menor envergadura pero siempre dictaminado por la misión institucional. En la medida en que la institución se proponga aumentar su eficiencia (social, de lucro, etc.) buscará un diseño ocupacional más acorde a sus directrices. Empleará no sobre base de lo que alguien sabe de algo, sino sobre la base de lo que ella necesita que haga alguien para lograr su cometido. El saber hacer es su punto de partida para la selección. Pero no un saber hacer profesional, sino competencial, entiéndase asociado a las competencias que garanticen la eficiencia en la obtención de resultados.
La profesión, por su parte, se caracteriza por los conocimientos técnicos adquiridos a través de la formación y que se acreditan usualmente por una certificación oficial (con valor legal para ejecutar determinadas funciones profesionales). La profesión remite a ciertos conocimientos y habilidades que permiten la realización de ciertas acciones (las acciones profesionales), es un modo de accionar en un empleo diseñado sobre la base del saber de la disciplina matriz de la profesión. Siendo la finalidad de cualquier profesión conseguir una ocupación, un lugar de trabajo, que permita ejercitarla se hace imprescindible que la misión de la institución empleadora necesite para su realización de los conocimientos y habilidades de la profesión en cuestión. Cuando se pasa de un paradigma profesional de empleo a uno ocupacional, el requerimiento básico al empleo no descansa tanto en el saber profesional, cuanto en la capacidad de una persona para hacer lo que se demanda en el espacio ocupacional. El empleo se define por la adecuación a la ocupación.
Un análisis del sistema de preparación profesional del psicólogo nos lleva de la mano a la evidencia de que se prepara al psicólogo para un mercado dominado por el “paradigma profesional”. Como antes dije él es formado para ser psicólogo, no para ir con la psicología a ubicarse en algún punto de la compleja trama del mercado ocupacional. Entonces cabe la pregunta: ¿Enseñamos lo que necesitan saber los profesionales de la psicología o lo que sabemos los que enseñamos?
Habrá que develar silencios (intencionales y no intencionales). Habrá que cuestionarse condiciones facilitadoras y exigencias históricas discursivas. Habrá que reformular paradigmas de formación y de crecimiento. Pero hay que hacerlo y hacerlo ahora, porque después ya será mañana y los futurólogos, plagados de razón y certeza, nos dicen que “una proporción considerable de las profesiones que existen hoy no existirán en el futuro cercano; aparecerán muchas otras. El mundo de la selección ocupacional no obedece desde ya a los patrones con los que hasta hoy se ha guiado”. Nosotros, para no variar, tenemos una responsabilidad histórica. ¿Sabremos asumirla, empeñarnos y abrir la puerta del nuevo camino por el que andarán las nuevas generaciones de psicólogos? O lo hacemos o lo harán sin nosotros y entonces dejaremos de estar y de ser.
4. NECESIDAD DE REFORMULAR (AMPLIFICAR) EL ROL SOCIAL DE
En América Latina, y Cuba es abanderada, se produce una reanimación de los proyectos de bienestar de la población. Se concentran esfuerzos en un conjunto de acciones estratégicas que van en la dirección del aumento sustancial de la calidad de vida de todos los ciudadanos.
La presencia de
En el caso de Cuba, en el estilo dominante de los años anteriores la necesidad y la demanda aparecían como claves esenciales y suficientes en la determinación de la presencia social de
Necesitamos una psicología crítica o un ejercicio crítico de
Para los psicólogos cubanos los últimos años han sido especialmente impactantes en la aparición de ciertas transfiguraciones sociales en el país. Cuando se está sometido a una situación de vida marcada por la escasez, cuando se debuta en escenarios imprevisibles que favorecen el establecimiento de modelos personales de consumo, cuando la claridad de la luz se hace tenue, hay quienes optan por el “antivalor”. Confirmo la fisura en las normativas de comportamiento de algunas personas. Pero no solo reconozco en el concepto de crisis la ruptura, sino también la instauración de lo nuevo. Nuestro día a día existencial transcurre en una extraña unidad sincrética de telefonía móvil y linterna. Distancias sociales no esenciales, pero al fin y al cabo distancias. Todo esto y mucho más forma parte de nuestro cotidiano de vida. Es un fragmento de la realidad con el que tenemos que contar, con el que tenemos que hacer algo.
Constituirnos como una nación libre, independiente y soberana, anhelado sueño de los buenos cubanos de todas las épocas, ha sido un proceso de búsquedas, de encuentros y desencuentros. Asediados y agredidos desde afuera y desde adentro, intentando tomar el cielo por asalto, rompiendo con los valores de referencia de las clases minoritarias y elitistas, intentando avanzar en la búsqueda de un hombre nuevo, nuestro andar ha tenido, y seguramente tiene, pasos erráticos, pero nunca malsanos ni malintencionados. Hemos estado todo el tiempo creciéndonos y verdaderamente hemos crecido. Hemos demostrado la grandeza de “nuestra alma cubana”, al decir de Fernando Ortiz, de nuestros ideales y convicciones. Porque la esencia de la grandeza radica en la capacidad de optar por el crecimiento, por la honestidad, por el orgullo nacional y la soberanía en circunstancias en que otros optarían por la entrega. “Yo no mudo el alma, sino que la voy enriqueciendo” retomando la voz del maestro (José Martí).
Una parte de nuestro accionar profesional transcurre inmerso en un discurso instituido desde la ética de la renuncia para la realización de los sueños y las esperanzas, desde la permanencia y trascen-dencia de los valores más humanos, pero enfrascados en una lucha titánica por la eficiencia económica, una gestión de sustento a los proyectos emancipadores. La realidad nos impone una suerte de convivencia educada pero también utilitaria con muchas de las cosas de las que nos creíamos invulnerables y que considerábamos hasta de mal gusto.
Es en este escenario que ha de “re”nacer y consolidarse la profesión de psicólogo, en realidades bien distintos a los precedentes. El asunto no es ser psicólogo en cualquier lugar, sino en un lugar específico. En Cuba. Estamos en Cuba. Somos cubanos. Y esto nos define como sujetos no solo de un quehacer profesional, sino como sujetos de un compromiso: el compromiso con el bienestar de los cubanos, con la potenciación de modos de vida más plenos, con el crecimiento de las potencialidades creativas de las personas, con la felicidad e inevitablemente con el derecho de todo ciudadano a ellos. En este contorno la lucha por el bienestar de la población esta presidida por la defensa de la autonomía vital del ser humano. Solo es verdaderamente sustentable el desarrollo pleno del ser humano en las condiciones de libertad humana. Es el hombre dueño de su destino, de sus decisiones, el único capaz de acceder plenamente a una vida plenamente humana.
Al decir de Pierre Bourdie se trata de trabajar en función de un “utopismo racional aplicando el conocimiento de lo probable para promover el advenimiento de lo posible” Entonces nuestro destino es claro: “Seamos realistas. Hagamos lo imposible”.
REFERENCIAS
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3.Calviño, M. (1999): “Psicologia y Marketing. Contribuciones al posicionamiento de
4.Calviño, M. (1997): 50. “
5.Castro, F. (1998): “Discurso de bienvenida al Papa Juan Pablo II”. Pronunciado el miércoles 21 de Enero de 1998.
6.Devereux, G. (1991): De la ansiedad al método en las ciencias del comportamiento. Siglo XXI. México. 6ta. edición.
7.Murueta, M. (2002): “Heidegger frente a la teoría de la praxis. Discusiones sobre psicología y ontología”. Ediciones AMAPSI. México.
8.Rossellini, R. (2001): “Un espíritu libre no debe aprender como esclavo. Escritos sobre cine y educación”. Ediciones Paidós.
9.Ruiz, A. (1995): "El modelo posracionalista en la psicología". En: La Época. Ideas. Agosto 27. También en: http://www.inteco.cl/articulos/015 /texto_esp.htm
10.Skinner, B.F. (1991): ”El Análisis de
11.Vygotsky, L.S (1982): “Obras Psicológicas esco-gidas”. Editorial Akademicheskaia. Moscú.
12. Weber, M. (1973): “Ensayos sobre Metodología Sociológica”. Amorrortu, Buenos. Aires.
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