domingo, 29 de marzo de 2009

Fusiones sin Confusiones


FUSIONES SIN CONFUSIONES:

DE LA TORRE DE BABEL A LA PRÁCTICA.

Manuel Calviño

Facultad de Psicología Universidad de La Habana



“... confundamos su lengua, de modo que no se entiendan unos a otros...

y así cesaron de edificar”

Génesis 11-6,7,8.

“...la verdad emerge más rápidamente del error

que de la confusión”.

Francis Bacon (Novum Organon)


Una vieja parábola que conocí de dos amigos psicólogos, “soviéticos” en aquella época, y que me tomo la libertad de recrear[1], narraba de un interesante encuentro entre dos sabios que desde hacía muchos años no se veían por estar ambos dedicados por entero a lo que esperaban sería el gran descubrimiento de su vida. Pues bien, un buen día, después de tanto tiempo Sasha y Misha - nombres que arbitrariamente doy a estos señores- se reencontraron, y con mucho júbilo y alegría se abrazaron y se pusieron a conversar.

-“Cuéntame, “pachalsta”[2] , Misha, ¿cómo te ha ido durante estos cuarenta años?”.

-”No del todo mal querido amigo, pero bien tampoco”.- Y sin dar más cuenta de su situación, inmediatamente preguntó- “Y a ti, Sasha, ¿cómo te ha ido?.

-”Excelentemente bien”- respondió. “Imagínate que después de años enteros dedicado solo a mi trabajo he logrado un gran descubrimiento que revolucionará al mundo.”

-”¿Tanto así?, ¿Qué puede ser tan grandioso?.”

-”Cuando te lo muestre - sentenció con voz grave el llamado Sasha - me darás toda la razón.”

-”Pero dime de qué se trata”- repitió el otro impaciente.

-”Pues bien, he descubierto UN LIQUIDO QUE LO DISUELVE TODO !.”

El impacto fue fuerte para aquél que dijo no haber estado mal pero tampoco bien. Sin embargo, pasados apenas unos segundos, cuando la sagacidad de científico viejo se le impuso a lo inesperado, con una sonrisa no carente de ironía se dirigió a su interlocutor.

-”Que bien Sasha. Es verdaderamente sorprendente, es un avance teórico de incalculable valor. Pero...dime una cosa, ¿Dónde vas a poder echarlo?.

El centro epistemológico de la Psicología desde sus lejanos orígenes y siguiendo la más académica tradición de las ciencias, ha sido la construcción de teorías. Un científico verdaderamente serio y de escala superlativa es aquél que ha logrado una construcción teórica medianamente coherente y preferiblemente novedosa. En las casi extintas tradiciones, se trata de una “construcción” cuyos pilares fundamentales son la determinación de un objeto teórico (la conciencia, la conducta, el inconciente,etc.), y un conjunto (preferiblemente sistema) de métodos que permiten un descubrimiento adecuado de las peculiaridades estructurales y funcionales del objeto definido. La lógica constructiva de este modelo es, en lo fundamental, unidireccional y cerrada[3]. El lugar de “la verdad” es o bien el dato, si se trata de alguna de las versiones del positivismo, o las propias representaciones y nociones constitutivas de la teoría (lo que realmente sigue siendo el fantasma del positivismo, solo que en el lugar del sabor tan “objetivista” pone uno más idealista cuasihegeliano). No hay prácticamente posibilidad de error, las diferencias empíricas son formas variadas de expresarse un mismo concepto. La única crítica probable es la que venga de otro modelo teórico, que, de entrada, es entonces inadecuada, e inaceptable, por su origen. La teoría es, en este sentido, un líquido que lo disuelve todo. Su gestor: algo así como un Dios inefable que siempre tiene la verdad.

Siendo así, la Psicología se convirtió en un verdadero campo de batallas, donde el único dialogo posible resulta ser el bien conocido “diálogo de sordos”. Los objetos teóricos devinieron propiedades privadas de los adeptos (en la gran mayoría de los casos más que adeptos tendríamos que decir adictos), y fueron desarrollándose linealmente en metalenguajes peculiares cuya comprensión resulta casi imposible para los que no sean “miembros del clan”, no dejando, muchas veces, ni un espacio real para una traducción.[4] El destino previsible de tal modo de des-articulación epistemológica de la Psicología era cuando menos el inmovilismo, la segmentación, el refugiarse o regodearse en el magnífico campo de la teoría al costo de una desatención muchas veces notoria a la práctica profesional, o una separación abismal entre el discurso teórico y el práctico.

Llamo la atención que esta hipertrofia de la teoría no es un problema de la “historia pasada” sino también del “presente histórico” de la Psicología. Es posible descubrir sin mucho esfuerzo estas ideas en tendencias configuracionistas, estructuralistas, constructivistas y postmodernistas (Lacan J., Paez D., Maturana C., por solo citar algunos) configuradas como “nuevas tendencias” en los últimos años. También se evidencia en las propuestas que vuelven a las ideas premarxistas y prefreudianas del sujeto omnipotente -omnipotencia para el sujeto que justifica la omnipotencia de la teoría que otro sujeto llamado científico construye y que por ende por partida doble se niega a si misma: la teoría omnipotente del sujeto omnipotente niega entonces la omnipotencia del segundo y por tanto la omnipotencia misma de la teoría. Parecen desconocer que el valor revolucionario del marxismo y del psicoanálisis está en la desmistificación de la omnipotencia (del capitalismo, del analista, de la teoría sobre la práctica).

Para suerte de la Psicología (por hablar de un modo bien indeterminista), la inmensa mayoría de las razones por las que ella subsiste como Ciencia, se relacionan con el hecho de que existe como profesión, como práctica real, cotidiana. Al interno del gremio se repite la absurda contradicción de que la minoría gobierna porque tiene el poder, la mayoría acata porque no lo tiene, pero la que define el rumbo final de los acontecimientos “en última instancia”, al decir de Marx K., es la mayoría. Los menos son los que siguen creyendo que el problema está en descubrir el liquido que lo disuelve todo (¿la actividad?,¿la Personalidad?,¿el inconsciente?), los más son los que están urgidos (por demandados y demandantes directos) de un líquido quizás más común y corriente pero que calme la sed[5].

El gran reto del psicólogo empeñado en tareas profesionales[6] está en la articulación de una “construcción pragmática operativa[7] que acapare para si la posibilidad de la representación empírica de los fenómenos con los que se encuentra en su práctica cotidiana y que por tanto le permita una interacción con los mismos más cercana a su modo “real” de existencia. Dicho en otros términos un sistema que favorezca el encuadrar su práctica profesional cotidiana desde la situación, desde el problema, desde la persona concreta (persona, grupo, institución, etc.), y facilitar la emergencia de los modos de actuación sobre los que se articularía el discurso elaborativo, “el lenguajear” al decir de Maturana, de las teorías. No se trata de elaborar, conceptualizar o fantasear en el registro teórico,- lo que supone la hipertrofia del creer en las teorías como fundamentos de las prácticas-, sino partir del registro operativo y desde este nivel conceptualizar las prácticas como fundamento y manifestación de fundamentos.

Las prácticas son los fundamentos de las teorías particulares, y no a la inversa. Y los fundamentos de las prácticas son anteriores a las teorías particulares, en nuestro campo las psicológicas, de las que supuestamente se derivan. Súmese a esto que dicha derivación siempre contiene un “residual” ( a veces impresionantemente voluminoso) no contenido en los sistemas explicativos. Esto está asociado por una parte a las incapacidades contextuales de cualquier y de todo modelo teórico (referidas al nivel de desarrollo o penetración que han logrado de su objeto de estudio en un momento determinado), pero por otra, y fundamentalmente, a las diferencias epistemológicas y gnoseológicas esenciales que existen entre lo teórico y lo empírico, lo general y lo particular.[8]

Recordemos, y resulta fundamental hacerlo, que los sistemas teóricos particulares, las teorías, son depositarias de un conflicto teórico inexorable, al decir de Althusser, en tanto las posiciones teóricas son posiciones teóricas de clase.[9] Y esto supone configuraciones ideológicas distintas. El Psicoanálisis y una Psicología inspirada en el marxismo, o una Psicología marxista, o un marxista que hace psicología cosecuentemente a su cosmovisión (cuantos modos distintos de decir para decir lo mismo: un marxista) comparten el hecho fundamental de que la inscripción en el registro de lo real (no solo como lo intersubjetivo,lo actual, sino también como lo histórico) de su identidad solo es posible en su hacer, en su práctica.[10]

Si aún quedaran dudas del carácter instituyente de la práctica, sugiero aún no perder de vista lo que pudiéramos llamar la naturaleza y el significado del obstáculo operativo. En el registro teórico el obstáculo convoca a la confusión, en el práctico al error. El error es aprendizaje, la confusión puede serlo pero también puede ser ilusión, falseamiento, elaboración secundaria. La diversidad de las teorías particulares nos presenta una ilusión de multiplicidad, una “ilusión de alternativas”, al decir de Watzlawick[11], que es sobre todo “confusional”.

¿Es posible una construcción pragmática-operativa sin un EPISTEMA constructivo?. Sin duda alguna no. Como tampoco es posible sin un encuadre cosmovisivo y sin un reconocimiento de los reales fundamentos de las prácticas. Pero ¿cual es el carácter de ese epistema constructivo (diferente de lo que es una teoría particular), y qué considerar como fundamentos de las prácticas?. El epistema constructivo no es una teoría. Los fundamentos no son las nociones y representaciones constitutivas de la teoría. El marxismo no está en la teoría psicológica, en palabras que suenan a frases dichas por Marx. El marxismo está en la praxis, porque más que un modo de pensar, es un modo de ser y por ende de hacer. ¿Y el psicoanálisis?. A veces tiene tantos modos distintos de decir, algunos francamente incomprensibles, que de aceptar el predominio instituyente de lo que se dice, entonces resultaría imposible hablar ya no de su homogeneidad epistemológica (lo cual es aún probable), sino del psicoanálisis mismo.

El centro operativo, el epistema constructivo, de las prácticas profesionales esta urgido de una EPISTEMOLOGIA OPERATIVA Y CONVERGENTE. Convergente en tanto supone una epistemología de la pluralidad, de la unidad en la diferencia, de la unidad y ruptura. La tradición de la Psicología (y la tradición del Psicoanálisis es aquí la misma), como señalamos antes, es la de una epistemología divergente, diferenciadora (data de la adolescencia de las ciencias del hombre, de la que va siendo hora que nos distanciemos), por eso en ocasiones resulta más fácil entenderse con un marciano en algún posible “encuentro cercano” que con un adepto de un sistema teórico “distinto” al que nosotros profesamos. Y esta convergencia es solo posible al nivel de las prácticas por razones, como ya apunté, estructurales. Pero las prácticas son depósitos de ideología, incluso depósitos más impactantes que las teorías[12], y la convergencia tiene ciertas precondiciones. Rememorando palabras dichas en nuestro primer Encuentro, el límite de las convergencias prácticas está en que se den entre los que están en la misma trinchera. Las prácticas no son descontextualizables. Ellas son anteriores a su representación paradigmática, pero simultáneas y posteriores a sus condiciones de generación. Decursan como prácticas de uno con la ideología de “otro” a prácticas de uno con ideología de todos. Lo ideológico es sobre todo un paradigma en la acción y de la acción.

Hacer de las prácticas el fundamento, es abrir las puertas al encuentro y a la elboración conceptual OPERATIVA (aquí, como es evidente, subrayo el carácter operativo de esta epistemología en un sentido Pichoniano). La práctica es el único espacio para pasar de un “hetero ECRO” a un “homoECRO convergente”. Solo puede converger lo que es distinto, y lo distinto solo puede converger atisbando un fin común, que a su vez vuelve a ser distinción para reiniciar un proceso inexorable e irremediable de desarrollo.

Los fundamentos de las prácticas requieren de un aparte (y seguramente de más tiempo que el que me va quedando). En épocas tan convulsas como las que vivimos en las que el libre mercado y la libre competencia hacen creer que el capitalismo,con sus modus operandi, es un liquido que lo disuelve todo y no un liquido que lo ahoga todo (o para ser precisos, casi todo), la invitación es a devalorizar los sustentos cosmovisivos, ideopolíticos y económicos de las prácticas. Y aquí se abre un tema en extremo importante ( y ojalá que podamos pensar un poco en esto en los grupos de trabajo). La devalorización entra por una puerta peligrosa: no solo por la negación sino además por la relatividad, que a veces llega a ser “paraesquizofrénica”.

El sustento de las prácticas es un campo de determinaciones que las preceden y una vez instituidas las condicionan. Es un encuadre que no está sujeto primariamente a la construcción intencional del psicólogo, o del analista. El es un sujeto también sujetado. Solo que el carácter de esta sujeción no es del orden solo de lo inevitable (como parece ser en ciertas representaciones dogmáticas del psicoanálisis y también del marxismo), sino también del orden de lo transformable,de lo creativo. Las prácticas están determinadas en lo actual por los contextos (históricos, económicos, ideopolíticos) - subrayo esto, por los contextos, y no por las representaciones teóricas particulares que de ellos se puedan hacer-, y en lo prospectivo por los contextos actuales y los proyectos, que son la producción del sujeto deseante, comprometido, trascendente.

Por último, y para no agotar su paciencia, me gustaría llamar la atención sobre los compromisos praxológicos.

Algunos parecen querer al fin (después de tantos años) salirse del escudo de la neutralidad, pero diría que para entrar en la abulia. Muchos muros se han caído, y algunos se han agrietado muy seriamente. Pero una vez más, hacer tan solo una lectura de lo que está pasando es acomodarse en las palabras en detrimento del hacer un hacer con lo que está pasando. Una Psicología sustentada en el marxismo es una ciencia y una profesión que hace de la praxis transformadora (liberadora, desmistificadora) el núcleo constructivo de su propia existencia. Pero esto supone un compromiso con lo que queremos, con lo que esperamos, con lo que queremos hacer que suceda.

Muchas gracias.


[1] Asmolov y Bratus la publicaron en su libro “Actividad y Ustanovka”. Yo mismo la utilicé en un trabajo que publiqué hace mucho tiempo en el Boletín de Psicología del Hospital Psiquiátrico de La Habana. Aquí la presento recreada pero manteniendo absolutamente fiel su contenido básico.

[2] Pachalsta- En ruso: “por favor”.

[3] Con más detenimiento analizo este modelo lógico constructivo en un trabajo que aún no ha sido publicado y que se titula “Premuras y corduras en Psicoterapia”.

[4] Si alguien lo duda puede, todavía hoy, pedir a un conductista mexicano que diga con sus palabras lo que dice en alguno de “Les écrits” de Lacan.

[5] Era precisamente esto lo que Vygotsky explicitó en su genial trabajo de 1927 “El significado histórico de la crisis de la Psicología

[6] No hace justicia a la realidad restringir el título de “profesionales” y “práctica profesional” a los psicólogos directamente vinculados a la prestación de un servicio en un área de aplicación y respectivamente a las funciones que estos realizan. La investigación científica es también una práctica profesional realizada por un profesional, tanto cuanto científica aunque, no propiamente investigativa, es la actividad de los que brindan un servicio. En algunos textos se utliza, para lo que aquí denominamos profesionales, la denominación de profesionistas.

[7] El término “Pragmático” no está utilizado en el sentido anglosajón asociado a los trabajos de James.W, o de Peirce Ch., es decir no referido al pragmatismo, sino a la pragmática propuesta por Blondel M. como Ciencia de la Acción, en la actuación.

[8] Bleger J. Llamaba la atención sobre esto mismo cuando diferenciaba lo dramático de lo dinámico. También Habermas J. lo deja ver en la distinción entre objetividad y verdad.

[9] Althusser L. Elèments d’auto-critique. París, Hachette.1974.

[10] Freud y Marx, cada uno a su manera decían lo mismo:no juzgar al hombre por lo que dice de sí mismo, sino por lo que hace.

[11]Watzlawick P. en “El lenguaje del cambio” (1989) dice de la elección de lo uno o lo otro de dos o más eventos predeterminados, lo que no incluye otra alternativa no prevista. El tercero está excluido.

[12] Las prácticas profesionales “multiplican”, toda vez que a diferencia de las teorías no quedan en el ámbito estrecho de los profesionales o los portadores de una cierta cultura profesional, ellas impacta sobre la gran mayoría: los llamados “clientes” o “sujetos-metas” de dichas prácticas.

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