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domingo, 7 de junio de 2009

Psicología e Invisibilidad


"Psicología e invisibilidad.

El no “extraño” caso de los públicos y las audiencias invisibles”.

Intervención en la Mesa redonda “Los públicos y las audiencias invisibles” realizada el 24 de octubre de 2007 en el Evento Teórico de los Premios “Caracol” (cine, radio y televisión) UNEAC 2007.

Prof. Manuel Calviño

Desde que Ricardo Arjona encontró “pingüinos en la cama” y lo declaró musicalmente, me siento menos avergonzado de reconocerme en ciertas situaciones como “pescado en tarima”. Es auténticamente mi sentir en un escenario como este y con un público visible y visibilizado como el que tengo delante de mi. Silvio cuenta (en realidad canta) que un obrero lo vio y le llamó artista, y al hacerlo noblemente lo “sumó a su estatura” (Llover sobre mojado). Si alguna vez alguien me llamó artista, por ser “el que sale por la televisión” lo único que logró es “sumarme doblemente mi anchura” (“ay, pero que gordo es…”). No me siento (no tengo identidad) de artista. Soy psicólogo en todos los escenarios (obviamente públicos) en los que me encuentro. Entonces para “entarimarme” un poco pido licencia y clemencia para ser ni más ni menos que psicólogo.

Vengo cargado de una representación que puede convocar alguna nota discordante (hasta desafinada) en mi intervención. Nunca antes he estado en un “Caracol”. No tengo predestinada la adecuación para orientar mi intervención en lo que me nominalizaron y reconozco como un “evento teórico”. En estos tiempos de tanto pragmatismo necesario la disquisición teórica es, además de un privilegio, una suerte de ejercicio que puede ayudarnos mucho a ejercitar músculos semiatrofiados por los tiempos en que el espectro de Santo Tomás de Aquino intentaba adueñarse de la colina de San Lázaro y L. “Todo tiene su momento” creo que le escuché decir a Sinoé el egipcio. Con Kurt Lewin descubrí que “no hay nada más práctico que una buena teoría”.

Haciendo mío el rito del “malabarismo conceptual” (tan común en los círculos académicos como extraño en los cotidianos – el primero se cuestiona si al pan pan y al vino vino, allí dónde el otro emulsiona una síntesis imperativa: “el pan vino”) pregunté a Mayra, a quien debo la gentil invitación que me tiene aquí, si la diferencia nominativa de “público” y “audiencia”, en la convocatoria de esta mesa, se hacía depender de las peculiaridades sensoriales comprometidas, o de la actualidad – potencialidad del “target”. Incluso pensé que podría referirse al diferencial actitudinal en el continuo “activo-pasivo”. La respuesta de mi querida amiga, con quien he compartido divertidos correos intertextuales, me tranquilizó. Me regaló “la libertad de las mareas” (al decir de Amaury): “el abordaje piratesco -¡viva la libertad!- me parece genial”. Es más, interpelándome una frase de Barthes me sugirió no solo “denotar”, sino también “connotar”. Esto me parece mucho más inteligente, necesario y productivo que “detonar”, para lo cual no deberíamos esperar por convocatorias especiales como esta.

No mucho menos dubitativo se me antojaba el término invisible. Hay una cierta gramática al uso para la que “in” es “no” y “ble” la terminación que sanciona la trascendencia valorativa definitiva del carácter del sujeto operativo de la palabra. Traduzco: “in-soporta-ble”= no se puede soportar. “in-paga-ble” = que no hay quien lo pague (como el aguacate, el tomate, ocasionalmente el mango en el mercado de 19 y A). Siendo así, reconozco que las audiencias visibles llaman de “invisible” a, por ejemplo, un programa de televisión de pésimas cualidades formales, funcionales y motivacionales. “in-visi-ble” = que no hay quien “se lo dispare”. Quizás sería mejor decir “in-ver-sible” y así sobredenotaría mejor la connotación básica: “inservible”.

Pero “invisible” parece ser sobre todo “lo que no se ve”. “Lo que no se ve”. Afirmación que contiene dos experiencias instituyentes: la primera “hay algo”, algo existe. La segunda “pero no se ve”, ese algo que existe no se ve. Si no hay algo, no hay condición de invisible.

Recuerdo hace algunos años cuando algunos “comunicólogistas” enfatizaban proféticamente el vínculo de la Psicología y la comunicación en el matrimonio con la noción de “percepción subliminal”, algunos llamamos la atención sobre lo que considerábamos un “desafuero”: ¿cómo entender algo que se percibe fuera de los umbrales de percepción? Si se percibe entonces está dentro de los umbrales de percepción. Otra cosa es decir que, hay percepciones de diferente tipo, incluso que hay percepciones no conscientes y que desde su “condición inconsciente” pueden hasta polarizar el comportamiento de una persona. Contradicciones de la historia: la Psicología experimental sirviendo de sustento a la psicología fenomenológica, al psicoanálisis freudiano.

No estaría de más decir que existe un “no se ve” que está inscrito en las particularidades mismas de los “aparatos de la visión” (si alguien duda de que la visión tiene más de un aparato puede acceder gratuitamente a http://www.elprincipito.com – “He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos”). El daltonismo existe. También la debilidad visual y la ceguera. Es larga la lista de los determinantes anátomo-funcionales, estructurales del “no se ve”. Pero, debo confesar, como simple anticipo de uno de los lugares a los que iré a parar, que me adhiero a la conocida sentencia confirmativa de que “no hay peor ciego que quien no quiere ver”.

Los que estudiamos las leyes de la percepción primero con la “Gestalt” (Köhler, Koffka), más tarde con los experimentalistas comportamentales (Gibson, Morgan) y luego, como era de esperar, con los psicólogos soviéticos de la “percepción como actividad” (Guipenrraiter, Leontiev), sabemos que las razones del “no se ve” o “cuesta trabajo verlo” son variadas: los psicólogos reconocemos la influencia del contexto en el que el “estimulo” se presenta (efecto camuflaje), la dominancia relacional (figura y fondo), efectos de halo. Reconocemos las alucinaciones escotómicas (no es solo ver lo que no es, sino también no ver lo que es), los efectos postraumáticos de ciertos sucesos, los procesos de inhibición de huellas, los estados alterados. Más aún psicodinámicamente identificamos la represión, los mecanismos defensivos en general, la apercepción, las normopatías. En fin, tenemos una “biblioteca psicológica” para explicar porque algo no se ve. Incluida la audiencia, el público.

Entonces, dicho lapidariamente, en la tradición “científica” de la Psicología (somos una ciencia, no se si para bien o para mal) lo que es invisible “es”, solo que “no visibilizado” o “no visible” circunstancialmente. Y, generalizando en síntesis esencial, lo que es que no es visible lo es por dos órdenes de cosas: invisibilidad metodológica e invisibilidad epistemológica.

Y, para que no se interprete mi afirmación precisamente como “alucinante”, hago una aclaración. Hablo de todo aquello que pertenece al mundo de lo “real-objetivo”. Con Lacan, y desde antes, con Kant, distinguimos “lo real” y “la realidad” en las dimensiones de la experiencia humana. Nosotros percibimos “la realidad”, y la realidad es una construcción subjetiva emergente de la confluencia de lo sensorial y lo experiencial (histórico, cultural). Es subjetividad. “Lo real” trasciende la realidad, la incorpora como “otro”, como intersubjetividad, es un espacio de penetración infinito con el que interactuamos por medio de su “construcción hipotética”, la realidad, y que se corrobora en la praxis (contextual e histórica – recordemos las Tesis sobre Fuerbach de Marx). “No hay de que asustarse, - digo usualmente a mis alumnos – el universo es real e infinito. Penetraremos cada vez más en su conocimiento, pero no dejará de ser ni real, ni infinito”. Así la realidad subjetiva deviene real e infinita, como el espacio de la que emerge: lo real.

Entonces, cuando hablo de lo invisible como “lo que es” pero “no es visible” tengo un recurso lógico argumental para entender tal situación. O bien el asunto es un déficit en “los instrumentos” que permiten hacer visible lo invisible. Y entonces el asunto es del orden de lo metodológico. O bien se trata de un déficit en la pertinencia misma de la visibilidad. Entonces el asunto es del orden de lo epistemológico. Dicho de otro modo o no lo veo porque no tengo cómo verlo. O no lo veo porque su visibilidad no está presupuesta en mi paradigma de referencia.

¿Pero cómo puede el orden de lo metodológico hacer invisible un objeto (sea la audiencia, o el público)?. En los mismos altares convencionales de las construcciones metodológicas está la respuesta. La lógica, aún hoy dominantemente racionalista tiene un canon perverso (en realidad más de uno): “lo que “es” para una praxis científica, es solamente lo que sea traducible operativamente, instrumentalmente. El método interpuesto construyendo lo que estudia. No responde al objeto del conocimiento, – “Nada es tan malo como para que no pueda empeorar – Murphy”: lo construye. La metodología “crea” el objeto de su conocimiento y lo sacraliza como real y testimonialmente único.

En este sentido se legitima las tesis de Ang (1991): Lo que es la "audiencia" se define desde las necesidades de la industria y de la investigación. Es una construcción funcional y no un objeto de estudio que pueda aprehenderse. “Es exactamente esta asunción la que inadvertidamente se da por descontada y se reproduce en la mayor parte de las investigaciones académicas de audiencias" (Ang, 1991: 11). La audiencia deja de ser una realidad ontológica para tramitarse como “objeto discursivo”. A la audiencia la hace el discurso. No importa si desde Kant sabemos que una definición no implica la existencia de algo ("Crítica de la Razón Pura"), a no ser la existencia de la propia definición. Para salvar el “escollo” tenemos a la metodología. Metodológicamente a la audiencia la hace el método, obviamente y esto es muy importante, desde la intención que lo selecciona (lo construye, lo sustenta, lo legitima). La audiencia visibilizada es, al final, una ficción del método y hace invisible a la audiencia probablemente real.

Estamos, contextualizando psicológicamente, ante la lógica de Thomas “si el hombre define situaciones como reales, ellas son reales en sus consecuencias”. Es el sustento de la “brujería”, de “la histeria” y quién sabe si de la Psicología pre y racionalista. En otros textos he hablado del “Modelo autofagocitista” de ciencia. Lo extiendo al campo de la metodología prefiriendo la denominación de Alsina: “el modelo autista”. La metodología hace conversar a la representación que se tiene de la audiencia consigo misma. Un diálogo en el que la audiencia potencialmente real, como el deseo inconsciente esta “perdida desde y para siempre”.

Para “convencer(ce)” se acude casi hasta el paroxismo al esotérico mundo de los números. Su aliado: la estadística. Porcentajes, medias, medianas, covarianzas, factores, en fin “éramos poco y parió la gata”. Como si no supiéramos que cualquier estadística bien torturada acaba por darnos la confesión que queremos. “La audiencia” invisible tras una cortina de números. Un intermediario “oportunista” nos dice traducir la voz en dato, la opinión en cifras, el deseo en “chek marks”: las encuestas. Por cierto la medición de “audiencias” vía encuestas es hoy como el antecedente prehistórico del problema. Ahora se sofistican los procedimientos. Ahora tenemos “Real Time” un “people meter” individual que en muy pocas horas nos regala los más sofisticados “shares”. Sigue en pie y se incrementa la dictadura del “share”. Para nosotros no se trata tanto del “share” cuanto de las “tesis” que lo anteceden y respondiendo a Mocedades “lo toman o lo dejan”. La primacía metodológica instrumental del “cómo” al final queda en manos del “quién”. Y no precisamente “quien habla”, sino “quien decide”. Esto es también otro orden de lo metodológico. Si establecer un “síntoma” de lo dicho tomaría como rehén a “los índices de audiencia”.

Insisto en que ando tras una aventura conceptual, lo que considero no “la ejecutoria de la realidad”, sino la prospección de lo posible. A los que además de pensar hacemos frecuentemente se nos intenta vulnerabilizar (digo como expectativa del atacante) con la distancia entre lo que “decimos” y lo que “hacemos”. Si el pensamiento no se adelanta a la acción estaremos condenados al mismo lugar. Nuestro hacer habla de nuestras realidades y posibilidades. Nuestro pensar de nuestras ansias y sueños. Toda teorización es onírica.

Los índices de audiencia realizan el intento de representar a la audiencia por sus características más simples (usualmente el nivel escolar, la edad, la zona de residencia, etc.). La audiencia se define por el subconjunto de los encuestados que, además de ser encuestados y de responder, cumplen con la condición de “impacto” (vio, escuchó, leyó, etc.) La propia noción de “impactado” llama la atención: impactado es el objeto del impacto. El encuestado, por necesidades de la investigación (premura, cordura y mesura) responde a lo que se le pregunta. Entonces se gestan los datos: cuantos ven y cuantos no ven; que ven y que no ven. Las “mediciones” hablan acerca de lo que se les pide que hablen. Al final se descubre el sentido del “interrogatorio”: provocar una reacción bajo control.

Pero desde que el paradigma behaviorista se descubrió como inoperante sabemos que la “reacción” bajo control habla más del estimulo que del respondiente. La audiencia existe como su expresión en el método y esta expresión, en el mejor de los casos, solo contiene la parte (mayor o menor, no se sabe) que en su “particularidad” coincide con la “particularidad” del método. Efecto doblemente marcado por el hecho de asistir dominantemente a los dominios de las metodologías cuantitativas. Como decía antes, el valor del número en primacía por sobre el valor de la demanda.

Salvando las enormes diferencia, y con profundo respeto a lo que hacemos en el accionar cotidiano, a veces todo esto me evoca un recuerdo “infantil”: Chorizo dice a Choricito que su caballo sabe leer. Ante la expresión de incredulidad del “petit clown” Chorizo despliega un periódico delante de los ojos del cuadrúpedo. Este, con expresión más inteligente que la de su amo mueve la cabeza, como siguiendo en disciplinada lectura lo escrito en la prensa. Entonces el amo orgulloso exclama: “No te dije Choricito que el caballo sabe leer”. Indignado por lo que a todas luces es un embuste Choricito decide ir en busca de una “experiencia crucial”- “Oye, Chorizo, pero dile que me diga lo que está leyendo para saber si es cierto” – a lo que el viejo payaso, que sabe más por payaso que por viejo, dice: “Un momento, Choricito, yo te dije que mi caballo sabía leer. No que sabía hablar”.

El método parece dejarnos leer sobre la audiencia, pero no la deja hablar. La descubre a su manera. Pero también, a su manera, la invisibiliza. Al final, si de televisión hablamos, entonces nos encontramos que “se está perdiendo en el laberinto de los datos de audiencia y no se puede afirmar con certeza que el público obtenga una televisión que responda más a sus necesidades o a sus gustos” (Cortés J.A.)

Se recurre (recurrimos) para salvar obstáculos (y que bien que el empeño persista por encima de la determinación) a “nuevas formas” metodológicas. Se habla de “metodologías cualitativas” – un exceso a mi juicio. Adecuado sería hablar de métodos o procedimientos cualitativos – Sin duda algunos sinsabores se salvan. Hay un mayor acercamiento al sujeto real, sobre todo como individuo. Hay una prominencia del texto vivido del “objeto de estudio”. Es un buen intento de promiscuar los sacramentos positivistas. Pero esto no significa necesariamente una modificación del tutelaje de la realidad por el método. Sobre todo porque las metodologías cualitativas siguen anteponiendo la explicación del dato (la información, el relato, las verbalizaciones) a su real connotación por el sujeto. La explicación es matriz de selección de “qué” se estudia, “quién” se estudia y obvio “cómo” se estudia. “A las explicaciones - señala Gómez – les antecede una forma de preguntar sobre aquello que se pretende explicar. Y eso, reiterando: es una acto conceptual, teórico” (Gómez G. 2006 p.465) Una forma de explicación.

Me he detenido en el Método como recurso de investigación, pero podría haberlo hecho en el Método como recurso de producción. Sobre esto hice una denuncia en un texto que titulé “Silencios que piden voz”. En el caso de la producción audiovisual sobre SIDA, en los años en que escribí el texto referido, las investigaciones epidemiológicas revelaban el predominio del contagio homosexual por encima de las tres cuartas partes del total de diagnosticados. Sin embargo “la comunicación social – escribí - silencia la homosexualidad fenoménica del SIDA, que ya sabemos que no es estructural”. Allí mismo resalté la voz intertextuada desde Alma Mater de una joven profesora universitaria que decía: “somos los invisibles …a las lesbianas y a los gay ya no se nos trata de forma peyorativa en las leyes… Pero ahora, sencillamente, hemos desaparecido, y no existe una sola palabra que nos reconozca… no se nos ofende, pero tampoco se nos tiene en cuenta como comunidad urgida de protección en sus derechos” (Calvino M. 2004).

Las producciones instrumentales, operaciones praxológicas de las instancias metodológicas, también callan y hacen callar. Obvian, que es un modo de invisibilizar. Presuponen, que es un modo de invisibilizar. Redundan, que es también y con mucha fuerza, un modo de invisibilizar. Por cierto, ambas “invisibilzaciones” del método responden al “método de los métodos” cuando de praxis de investigación o de producción se trata: El método de tomar decisiones. Decisiones sobre lo que se ve o no, sobre lo que se oye o no. Decisiones sobre el decir y el callar. Sobre el silencio. Malas buenas noticias: el silencio es una voz.

No voy a detenerme más en esto. Solo recalco (recalque; recalcamento en portugués es el término que se utiliza en el lenguajear psicoanalítico para hablar de represión – “solo recalco”: “solo reprimo”… ¿qué?, ¿por qué?) que estoy intentando desarticular los/mis mitos metodológicos para avanzarLOS, que quiere decir “desmistificarlos”. Pero no estoy fuera de ese “potaje”. Soy afiliado, pero no adicto ni adepto, por exigencia laboral, por tradición profesional y porque, sobre todo, muchas veces no se qué otra cosa se pudiera hacer (como le pasa a casi todo el mundo). De modo que esto que hago es más un acto de imprecación, que un acto de execración.

Pero no olvidemos nunca que el método no es sino una extensión legítima o bastarda de su paradigma matriz. Ya sé que podemos aplicar “test” sin ser testólogos, o interpretar sueños sin ser psicoanalistas. He defendiendo y defiendo la independencia relativa del método respecto al paradigma de origen, del instrumento respecto a la intencionalidad del ejecutante (Calviño M. 1999). Reconozco además que las exigencias de tarea tienen prioridades e inevitabilidades de desempeño. Reafirmo la existencia de los límites temporales del saber. Todo esto es no solo legítimamente comprensible, sino sobre todas las cosas real. Pero todos los caminos nos conducen al “episteme”. Mientras toda la posmodernidad anda matando al sujeto, el posracionalismo no casualmente lo focaliza y alimenta. En la “generatriz metatranquista de las esencias” ambos tienen razón (como casi siempre pasa en el mundo etéreo de las discursividades). En el devenir cotidiano, en el que por cierto visibles o invisibles existen las llamadas audiencias, no hay discusión: el sujeto vive y, más aún, gobierna.

Las metodologías no nacen por obra y gracia del “espíritu santo”. Además de ser creaciones humanas son decisiones humanas. Esto nos vuelve al punto de “la invisibilización” (ahora, con toda intención, no hablo de invisibilidad, sino de invisibilización) epistemológica, la que es producida por la no presunción del objeto (representación de lo audienciable) en el paradigma dominante (y esto de dominante no hace referencia tanto al volumen, cuanto a la estructura de decisión).

Volviendo a mi “trabalenguas” original (que ya he asumido hasta con placer) sobre lo “invisible” (no lo invisible producido por la acción del joven científico Jack Griffin del clásico del cine de 1933, ni producido por la Capa de Harry Potter), intento llamar la atención sobre una “condición epistemológica”. Vuelvo a la insistencia: Ontológicamente “es”. Epistemológicamente “es no visible”. Y ahora agrego que esta condición epistémica de no visible es atribuible al tipo de “epistemología” que subyace en el modelo funcional del “perceptor”. De modo que estoy tomando partido por una idea a mi juicio instituyente de la discusión psicológica del asunto que nos ocupa: una audiencia es invisible porque esta oculta, escotomizada, epistémicamente de la realidad del “perceptor”. Es la construcción subjetiva del perceptor quien la hace imperceptible (invisible).

Estoy dando un salto “epistemo-poético”: “El ojo que ves no es / ojo porque tú lo veas; / es ojo porque te ve”(Antonio Machado “Proverbios y cantares”). Y ahora un pecado semimperdonable: “La audiencia que ves no es audiencia porque tú la veas; es audiencia porque te ve”. Si no la ves pero te ve es audiencia “desconocida”. Si no te ve pero tú la ves, es audiencia “fictica” (aparente). Si te ve o no, pero igual tu no puedes verla es “audiencia invisible”. ¿Por qué no puedes y ella sí te puede ver?

El perceptor, el sujeto de la “posible visibilidad”, tiene una barrera “epistemológica” que “invisibiliza” a la audiencia. No puede verla diría desde la tradición cognitivista de la psicología. No quiere verla diría la tradición dinámica. Lo cierto es que no la ve. Y esa “invisibilización”, que fanfarriosamente he denunciado como epistemológica, es, por decirlo en términos de las nociones psicológicas extensas, actitudinal.

He llegado a un punto de sumo interés (justo cuando estoy a punto de detenerme). La invisibilidad no como cualidad del objeto (intrínseca o contextual), o como resultante del sistema de procedimientos, sino como situación del que percibe. Y otra vez mi “ciencia matriz” tiene comentarios interesantes que hacer que pueden ayudar a entender la “perseguida” invisibilidad de la audiencia en su institución epistemológica, paradigmática. Me permito una revisión de rutina, apresurada sin duda.

La primera responsabilidad en esta “ceguera paradigmática” es, ha sido, casi siempre condicionada al conocimiento. Resuena sabia aquella sentencia según la cual “no conocemos lo que vemos, sino vemos lo que conocemos”. Es cierto y, como todo lo cierto, polémico. Pero la ceguera del conocimiento, si de conocimiento es, es transitoria. Solo que esta “situacionalidad” será o no superada si, y vuelvo a la carga, el paradigma de referencia la “prevee” como salvable. Lo que cambió Copérnico, lo que cambió Galileo, no fue el conocimiento del Sol o de la tierra, sino el paradigma de su comprensión. Invocaron la mirada paradigmática alternativa que suponía una posibilidad de visión de lo que no se veía. Ingenieros llevaba razón cuando decía que hay situaciones en las que no vale mucho cambiar las fichas, lo que hay que cambiar es el juego. El avance es potestad de un paradigma. El desarrollo de su sustitución. La “invisibilidad congnoscitiva” denuncia el carácter o la capacidad de avance dentro del paradigma. Lo Invisible epistémicamente testimonia la incapacidad de avance más allá de los límites del paradigma.

El asunto es que el propio funcionar del paradigma genera la invisibilización de ciertos elementos. Dicho en la tradición marxista como paráfrasis del “Manifiesto”, crea “todo paradigma crea su propio sepulturero”. Es precisamente la invisibilidad de sus agentes potenciales de cambio lo que el propio paradigma “produce” como su contradicción potencialmente generadora de cambio.

Desde la Psicología he “responsabilizado” conceptualmente a tres fenómenos que instituyen, repito psicológicamente, la invisibilidad de la audiencia desde el “perceptor”, entendido aquí como el continente sujeto individual, grupal o institucional del paradigma: la resistencia, la familiaridad acrítica y el propium prejuicial.

En el caso de la “resistencia”, muy montado en las tradiciones psicoanalíticas y psicodinámicas, la referencia es a ese suceso de significado funcional capital que se observa ante los procesos de cuestionamiento exterior o interior de los sistemas humanos, ante los procesos de cambio, ante cualquier cosa que signifique la “puesta en duda” de la eficiencia, adecuación o pertinencia de dichos sistemas. En su “Essais de Philosophie generale” Dunan presenta la resistencia como una cualidad primera de los cuerpos incluso asociado a la construcción de identidad (lo que se resiste existe: resistencia es índice de autonomía). En la obra de Pichón Riviere la resistencia se asocia al temor a la pérdida (temor depresivo) y al temor al ataque (miedo paranoide). En cualquier caso la función de la resistencia es defensiva. El problema se nos presenta porque este principio defensivo de la resistencia tiene como estructura impelente el automantenimiento (protección) del paradigma. Resistir es mantener lo que está, tal y como está, y en este sentido produce inmovilización paradigmática. No solo “no ve”, sino que además clausura la posibilidad de verlo.

Ante la en ocasiones “impertinente” acción “destructiva” (cuestionadora, duditativa, crítica), la resistencia llega a la exclusión. Tramitada luego como “autoexclusión”: el paradigma brinda una opción de integración (siguiendo el principio de más de lo mismo: “acepta y serás aceptado”). Si los “contendientes” no aceptan, se han “autoexcluido”. La razón del poder, diría Foucault, convertida en incapacidad del “contrincante”. Lógica perniciosa de la que es responsable la misma funcionalidad del paradigma.

La llamada “familiaridad acrítica” llama la atención sobre un suceso reconocible: la permanencia de un objeto representado (llámese modelo de audiencia) en el campo fenomenológico, la estructura interna del paradigma, promueve con el tiempo la aparición de un vínculo indiscriminante con dicho objeto. De esto resulta que este (el objeto representado) se incorpora simbióticamente al campo perdiendo el sujeto la posibilidad de diferenciar en dicha situación la presencia de nuevos objetos, o nuevas características del objeto representado que denuncia su modificación. La familiaridad acrítica se revela entonces como una incapacidad del “perceptor” de detectar la disfuncionalidad de la representación del objeto o del sistema. Es un “acostumbrarse” que supone, como la resistencia, la inmovilidad del sistema toda vez que no percibe la presencia de cualquier nuevo elemento que contenga la necesidad (demanda) de cambio, corrección, modificación del paradigma.

Por último, sin decir con esto que se cierra la comprensión de otros mecanismos funcionales de freno metodológico del paradigma del perceptor, se observa el “proprium prejuicial”.

La psicología social ha recopilado evidencias que hacen pensar que el hombre tiene una propensión al prejuicio: tiende a hacer generalizaciones basadas en estereotipos que le permiten simplificar su mundo de experiencias. Siguiendo a Allport, la vida es tan rápida y las exigencias de adaptación tan grandes que somos impelidos a ordenar y clasificar los sucesos del mundo en categorías amplias generalizadas y poder así satisfacer nuestras necesidades cotidianas de adecuación. Estas generalizaciones, al perder su reversibilidad, se convierten en prejuicios. El prejuicio actúa como una forma de pensamiento autista, es decir, un proceso inconsciente y subjetivo que no necesita de una racionalidad para validarse. Es dado como un “por supuesto”. Muchas de estas “elaboraciones generales” al compartidas por los sujetos se convierten en normas estereotipadas de percepción. Las instituciones como organizaciones sistémicas de seres humanos, con canales de comunicación, estructuras de subordinación, etc, en las que nada le es ajeno a nadie, tienen prejuicios, son portadoras de prejuicios. Algunos compartidos por la mayoría. Otros existentes en algunos de sus grupos formales e informales (incluidos los grupos de poder, los que gestionan decisiones). Y estos prejuicios conforman un modo propio de dicha institución de afrontar ciertas situaciones, siendo que de alguna manera terminan ejerciendo una influencia sobre los modos de comportamiento intrainstitucionales y extrainstitucionales. A esto le denominamos “proprium prejuicial”. Y siendo un modo perceptivo de “tamizar” la información de entrada se convierte en un “paraban” del paradigma dominante.

Abro y cierro una puerta, en cadencia de inmediatez educada, porque tras ella hay tanto material que no podría abarcarlo sin la adjudicación de al menos un año “domingático” (tanto he aspirado al sabático y no lo he conseguido que busco nuevas alternativas). En el diálogo audiovisual que las producciones comunicativas suponen “perceptor” es todo sujeto implicado en el proceso. La disfuncionalidad de todo paradigma de cara al desarrollo no es “privilegio” de los paradigmas “dominantes”, es también de los “no dominantes”. Digo más, en la medida en que un paradigma dominante es más “normativo” suscita paradigmas alternativos con muchas comunidades incluso esenciales con el otro paradigma. Esto es una realidad observable incluso en los “macro sistemas” sociales. El paradigma de “oposición” contiene parcialmente al paradigma “opuesto” (oposicionado, creo que se entendería mejor). Toda ruptura lleva un germen de continuidad. Aprendimos que es apenas en la segunda negación donde se produce la instauración de lo inicialmente negado.

Esto nos lleva a dos grandes vertientes de análisis. La invisibilidad del “no veo” (sobre la que hemos hecho los apuntes anteriores en base a lo que reconocemos como el paradigma dominante) y la invisibilidad del “no me veo” (el paradigma del excluído). El público que no se percibe (no se reconoce, no se identifica, no se supone) en el producto comunicativo y por ende no deviene audiencia (al menos estable). Esto es un fenómeno muy interesante que atraviesa diferentes peculiaridades psicológicas. La famosa sentencia según la cuál “al que le sirva el sayo que se lo ponga” se presenta con un inconveniente: muchas veces a quien le sirve el sayo, no ve que le sirve. No ve que fue hecho (dicho) para él/ella/nosotros/nosotras/ellos/ellas. Y esto es algo que no se descubre (no voy a volver atrás, solo estoy reconfirmando) con las clásicas mediciones de audiencia, especialmente las sustentadas en estadígrafos descriptivos. Pero repito, intentar pensar este asunto en voz alta (o en blanco y negro) es una tarea que trasciende con mucho los límites de lo que ahora me permito (y me permiten).

¿Pero resulta ser un “trastorno” (esto es una categoría psicologizante) el que una audiencia u público sea o no invisible? Si no encontramos un “sí” contundente todo lo que pueda ser pensado, analizado, descubierto o sustentado en esta mesa resulta altamente injustificado. El asunto es que una audiencia invisible (invisibilizada) convoca sentimientos de injusticia, inequidad, exclusión. Un paradigma invisibilizador tiende al egodirectivismo, al anquilosamiento, a la pérdida de sentido real de una práctica comunicativa, cualquiera que esta sea. Públicos y audiencias invisibles son actores sociales a quienes se les dificulta su inserción social, su socialización, su integración con legitimidad y protagonismo. No son en el sentido pleno de la palabra actores. En todo caso serán “detr”-“actores”. Y como públicos y audiencias serán puestos a merced de quienes lleguen a ofrecerle por enmienda los vestigios finiseculares de la desidia, la miseria espiritual, la “chatarra pseudocultural, la tontería. Y es aquí donde se justifica, porque se necesita, producir acciones encaminadas a aumentar la visibilidad como acto de incorporar, coparticipar, co-construir.

Intensificando el paso de mi ya casi insoportable intervención me concentro en señalar dos opciones a considerar en esta anchura del diapasón de visibilidades.

La primera tiene que ver con la necesidad de desestructurar, desmontar, desmistificar los encuadres actitudinales (paradigmas epistémicos) de la invisibilidad del tipo “no veo”. Entre ellos el paradigma “for your own good” o “yo se lo que te conviene (necesitas)”. El paradigma “esto es una decisión política”. El pardigma “yo soy el jefe”. El paradigma “a la gente lo que le gusta es eso”. Todos contenedores de una falsa noción de la representatividad (mi pensamiento representa el pensamiento de todos). Y digo más, siendo quien sabe si flexiblemente ortodoxo, desmontarlos no tanto, por su condición de “paradigma”, sino por su condición de “incuestionables”, positivistamente verdaderos (verdades únicas y absolutas), predeterminadamente adecuados.

El asunto no es representar a la “audiencia”, sino hacerla participar. Entre la “representación” y la “sustitución” (ocupar el lugar de) solo hay un paso: “creerse cosas” (como dicen mis hijos). Y entre la sustitución y la “exclusión” (quitar el lugar de) también no falta mucho. Solo tener poder.

De donde arribo a mi segunda consideración: la invisibilidad no tendrá una recuperación de contornos mientras el perceptor se quede en la condición de “imagen especular”. Me veo o no me veo en el espejo. Se ven o no se ven en el espejo. ¿Qué tengo que hacerle al espejo?. El asunto es mucho mayor. El asunto es de participación, de construcción. Pasar de una epistemología de la unilateralidad a una de la multirateralidad, de un “episteme” egocentrista (egosujeto, egogrupo, egoinstitución) a un episteme de construcción colectiva.

Es posible que algunos piensen que alucino. Ni yo mismo lo dudo. Pero es poco aún. Repito con otras voces que plantear el asunto “exclusivamente como una cuestión de visibilidad y acceso a los circuitos de la comunicación masiva, por parte de los grupos y sectores sociales que coexisten hoy en condiciones de desigualdad, es no solo reducir un problema a sus "síntomas visibles", sino renunciar a la posibilidad de re-pensar la comunicación no en sí misma, sino en relación con los deseos y con los proyectos que son su motor… no es un problema de emisores y receptores, ni de simulacros de representación de actores sociales en los distintos medios de comunicación… es la lucha por la legitimación de la palabra propia en el contexto de las múltiples voces” (Reguillo R. 1998)

Bibliografía referida en el texto


Ang I (1991) Desperately Seeking the Audience, London & New York, Routledge.

Cortés J.A “Cautivo en el juego de las audiencias de TV. El espectador «espectado» http://www.nuevarevista.net/2004/febrero/nr_articulos91_4.html

Calviño M (1999) “Psicología y Marketing. Apuntes para el posicionamiento de la Piscología”. Editora Política. La Habana, Cuba.

Calviño M (2004) “Actos de Comunicación. Entre el compromiso y la esperanza”. Editorial Logos. La Habana, Cuba.

Gómez G. (2006) “Algunas apreciaciones sobre lo cualitativo y lo cuantitativo en investigación psicosocial”. En: Hacer y Pensar la Psicología. Asebey A; Calviño M. compiladores. Editorial Caminso. La Habana. pp.445-474.

Reguillo R (1998) “Derechos humanos y comunicación. Un malestar invisible: derechos humanos y comunicación”. Chasqui. Nº 64.

Rodrigo Alsina Miguel (2001): “Teorías de la comunicación”. Barcelona. Aldea Global


domingo, 8 de marzo de 2009

El Bienestar familiar entre la transversalidad y la diáspora mediática


"El Bienestar familiar entre la transversalidad y la diáspora mediática".

(El Mamut y otras historias).

“Y cuando pienso en la gran tragedia de nuestra civilización material-mecánica
aplastando la vida humana natural entonces a veces me siento derrotado;

y entonces de nuevo sé que mi pobre y pequeña derrota

no me hará ningún bien ni a mí ni a nadie”.

D. H. Lawrence

- I. Sueño con Mamuts -

Algunos le llamarían “el analizador”. Otros, “el estimulo”. Podría decirse simplemente “el detonante”. Baste decir que AR me contactó vía “email”.

----- Original Message -----

From: A.R.

To: Prof. Manuel Calviño

Sent: Thursday, February 09, 2004 9:03 PM

Subject: SUEÑO CON MAMUTs

…Mucho se habla de lo difícil que resulta ser madre soltera. Nadie se imagina lo que es ser padre soltero…he sido padre y madre de mi hijo. Con la desventaja de que la sociedad no reconoce a la paternidad, a diferencia de la maternidad, como rol protagónico. No es inmodestia, pero lo he hecho bastante bien. Pero o la adolescencia es mucho más difícil de lo que supuse, o los recursos para ayudar a mi hijo se me están agotando, o quien sabe qué. Lo cierto es que desde hace casi un año vengo sintiendo que de un momento a otro se abrirá una grieta infranqueable entre mi hijo y yo.

He tenido la posibilidad de darle a mi hijo una computadora. Cuando le ayudé a dar los primeros pasos la maquina tenía softwares enciclopédicos. Pasábamos buen tiempo revisando el “Encarta”. Conseguí programas educativos y juegos de desarrollo intelectual… Pero, me enteré que en casa de un amiguito se la pasaba jugando Nintendo y Play Station. Ya sabe que: “Mortal Kombat”, “Delta Force”, “Hitman”, “GTA – Vice City”…aparecieron los tiros, los muertos, la sangre y la violencia a inundar sus horas de vicio computacional, por supuesto cuando yo no estaba en la casa… Encontré y conseguí lo que para mi debería haber sido un antídoto: conexión a Internet. Un mundo para explorar, para aprender, para intercambiar. Que decirle. El remedio fue peor que la enfermedad.

El momento de viraje casi total empezó por una discusión sin mucho sentido. Él estaba navegando por Internet, buscando un juego nuevo, y me dijo: “Papí mira esto que estoy guardando. Lo de Spielberg no es cuento”. Me enseña una noticia de la que le envío un fragmento: “UNA EXPEDICIÓN dirigida por el geofísico británico Davil Smale, el veterinario Kazufumi Goto de la Universidad de Kagoshima y el ruso Pyotr Lazarev, gran experto en mamutes, recorre Siberia en busca de uno de estos animales que se conservan congelados entre los hielos. Nada nuevo hasta ahora, pues allí han sido hallados cientos de ellos. La novedad radica en que lo que pretenden obtener es su semen, implantarlo en el óvulo de una elefanta y recrear un animal que lleva extinguido 30.000 años…A priori es factible. Si se parte de un material genético que incluya un genoma completo, puede clonarse un individuo completo. Si hay compatibilidad entre el semen de mamut en el cigoto del elefante y no se produce rechazo en la madre prestada, no tendrían que existir problemas”. (Salvador Moreno Infografía de D.P.I/periodismo infográfico).

Primero me molesté mucho. Lo tomé como una más de las tantas agresiones al intelecto y al saber que se promueven desde Internet…Sin que él lo supiera abrí el archivo y leí con más detenimiento…no soy psicólogo…pero me pareció que aquello no era casual: Se puede lograr la reproducción a partir solo del semen… Se me ocurrió que mi hijo me decía: “Yo no tengo ni tuve mamá. Tu solito me tuviste a mí”. Le juro que siempre le he hablado de su madre. Las escasas fotos que tenía de ella, se las dí todas a él. Nunca fui de los que cree que si no se les habla es mejor. Al mismo tiempo me preguntaba por qué ahora, después de tantos años, esta preocupación por ser huérfano.

Unos días después…llego a la casa y me lo encuentro viendo una película en la computadora: la historia de un mamut que ayuda a un niño a reencontrarse con su padre. Creo que se llama “La era del hielo”. Esta vez no me molesté, la verdad es que lo que sentí fue miedo. Tenía lágrimas en los ojos ¿Qué estaba pasando con mi hijo?

Fui a ver a un amigo que dice que es psicoanalista… Lo que me explicó no lo entendí muy bien: “No te preocupes es el sexo que se le viene arriba a una velocidad sorprendente”… Me dijo que si la trompa, que si los pelos. Me preguntó si mi hijo se estaba masturbando con mucha frecuencia…

Descubrí que tenía una nueva dirección electrónica: Soymamutdl90@Yahoo.com … otra vez se me salió el mono. Le dije que no quería saber nada más de mamuts, ni de nada que tuviera que ver con la prehistoria. Tuvimos un fuerte intercambio de palabras y se fue de la casa. No vino a dormir. Pero el padre del amigo a cuya casa se fue me llamó diciéndome que no me preocupara, que estaban allí jugando con la computadora. Esa noche tuve un sueño que le cuento porque se que Ud. lo entenderá mejor que yo:

“Había una avenida supermoderna. Todos los edificios eran de cristal opaco. Unas ventanas eran como “displays” de computadora, otras parecían pantallas de televisión. Los marcos de las ventanas y las puertas parecían sacados del Internet explorer (estilo del Windows XP, predeterminado azul). La puerta de un edifico decía no se que cosa para “domies”… había un niño sentado con una “laptok” entre las piernas…era mi hijo pero cuando era más niño, como de 8 años… Estaba sentado en la entrada del edificio donde vivíamos cuando estaba su mamá…estaba con sus amigos… los podía identificar claramente. De pronto uno le decía “no toques esa tecla!”, pero no pudo dejar de hacerlo, no se pudo contener, como si la mano se le fuera sola. La escena que recuerdo parecía sacada de la película “Jumanji”: un elefante inmenso intentaba destrozar las paredes y puertas, parecía embravecido y con muy malas intenciones… tenía unos colmillos enormes, una trompa muy grande en posición de ataque y sus ojos eran dos inmensas bolas negras con mirada de asesino… Todos los niños corrían, pero el mío se quedaba como hipnotizado ante aquél animal muy peludo, con una pelambre carmelitosa… era un Mamut!... No se de dónde aparecí yo en la escena. Cargué a mi hijo, me lo puse en la espalda y me enfrenté al bicho. Ahora visto desde mi, parecía de peluche… me recordó al Mamut de la película que vió mi hijo “La era del hielo”… Pero otra vez se puso enfurecido. Escuché claramente una voz conocida, pero que no puedo identificar, que me decía: “no hay modo de escapar”. Mi hijo estaba llorando y llamando a su mamá”. A mi solo se me ocurría decirle. “Apaga eso. Apaga eso!!!”

Unos días después, cuando llegué al trabajo y me conecté, recibí un correo de mi hijo. Me decía “cualquiera es un pequeño Mamut. Hasta el hijo del mejor papá del mundo”. Le adjunto el archivo para que lo vea y lo oiga.

“Un mamut chiquitito quería volar. Probaba y probaba y no podía volar.

Una palomita su amiga lo quiso ayudar. Y de un quinto piso lo hizo saltar.

¿y qué pasó?.... Mierda. El mamut se hizo mierda.

Un mamut chiquitito quería fumar. Probaba y probaba y no podía fumar.

Un perro su amigo lo quiso ayudar. Y quinientos cigarrillos le hizo fumar.

¿y qué pasó?.... Cáncer. Al mamut le dio cáncer.

Un mamut chiquitito quería tomar. Probaba y probaba y no podía tomar.

Un oso su amigo lo quiso ayudar. Y diez litros de whisky lo hizo tomar.

¿y qué pasó?.... Cirrosis. Al mamut le dio cirrosis.

Un mamut chiquitito quería debutar. Probaba y probaba y no podía debutar.

Un burro su amigo lo quiso ayudar. Y con cien prostitutas lo hizo debutar

¿y qué pasó?.... SIDA. Al mamut le dio sida.

Un mamut chiquitito se quería drogar. Probaba y probaba y no se podía drogar.

Un gato su amigo lo quiso ayudar. Y diez lineas de coca le hizo probar.

¿y qué pasó?.... Sobredosis. El mamut con sobredosis.

¿Y ahora, qué le paso?.... Se murió. El mamut se murió”.

(LG Prodcutions)


Ahí fue cuando caí en crisis. ¿Qué hacer con mi hijo?...

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No se entusiasmen los clínicos. Ni se crean que voy a abrir la asamblea de las interpretaciones. Dice Serrat: “Cada loco con su tema”. Y mi tema es otro. Mi tema se esta convirtiendo en un monotema, o más bien esta configurando un mundo no solo hegemónico con respecto al poder (digo con Murphy que hoy puede ser difícil saber quien tiene la razón, pero todos saben quien tiene el poder), un mundo no solo bipolar con respecto a las condiciones de vida (nos acercamos cada vez más a una dicotomía existencial – no frommniana por cierto – los que viven, y los que a duras penas existen). Mi monotema es el tema que configura un mundo “unicorde” (otro modo de decir global): que transcurre en una sola cuerda, en un solo ámbito: el mediático.

- II. Otras historias –

-

INFORMATIVOS TELECINCO. COM

Se llaman 'warfare puppetry' (muñecos de guerra) y están de moda en los mercados bajos de París. No son 'marines' ni 'guderian' franceses, sino Osama Bin Laden, Sadam Husein o terroristas chechenos. .., Los seis modelos existentes compiten a ver cuál es el más espeluznante: Osama Ben Laden haciendo la 'V' de victoria, un bebé kamikaze con una ristra de bombas en torno a su cuerpo, un miliciano checheno, barba prominente incluida, o Sadam Husein en pose de autoridad y levantando el brazo izquierdo para saludar a las multitudes. La caja en la que se venden estos muñecos tiene por fondo un mapa de Iraq, sobre la que avanzan tanques y helicópteros. En ella aparece escrito: "No recomendado para menores de tres años". Para atraer la atención de los pequeños, las efigies de estos poco recomendables personajes pueden moverse y agitar sus revólveres, bombas o armas sobre un zócalo iluminado. Los juguetes son vendidos a 6,95 euros en las calles de París. (Copyright © Europortal Jumpy España, S. A. 2004)

Ya dije en una ocasión que el famoso tango “Cambalache” de Santos Discépolo se quedó corto para poder ser cantado en el XXI. Las historias de Mamut son un pálido reflejo de las que día a día nos “regala” nuestra existencia. La “realidad actual” parece ser un orden subvertido de la que reconocemos como historia. Para que no me acusen de “proselitismo nacional chovinista” hago alianza con Frei Betto:

“Cuatro norteamericanos…poseen juntos una fortuna superior al PBI de 42 naciones con 600 millones de habitantes. En el Real Madrid, tres jugadores…reciben, juntos, salarios anuales de 42 millones de dólares, equivalente al presupuesto anual de la capital de El Salvador, con cerca de 1.8 millones de habitantes… Dos terceras partes de la población mundial -4 mil millones de personas- …ni siquiera disponen de alimentación en cantidad y calidad suficiente. En 1960 había en el mundo 1 rico por cada 30 pobres; hoy la proporción es de 1 a 80.…-por cierto aquí somos cerca de 300 personas ¿dónde están los 3,75 ricos que nos corresponden?. Otra vez la falacia “estadisticista”: el problema no es solo de cantidad, sino esencialmente de “distribución” - la publicidad invade nuestro universo psíquico, que llega a invertir la relación persona mercancía…El producto pasa a tener más valor que la persona…Un pequeño grupo de privilegiados … controla el juego de poder en este mundo en que la política es siempre dirigida por la economía” (Frei Betto “Cuatro Economías”)

Ahora sigo con Galeano

“El mundo está destinando 2.200 millones de dólares por día a la producción de muerte… Nueve días de gastos militares alcanzarían para dar comida, escuela y remedios a todos los niños que no tienen… Los cinco países que más armas fabrican y venden son los que gozan del derecho de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas” (Elogio del sentido común. Palabras dichas el 12 de mayo, en la apertura de los Diálogos del Fórum de Barcelona. Diario La Brecha. Montevideo, Uruguay)

Ahora son las Naciones Unidas quienes hablan. Doy sus cifras y valoraciones. “Saquen ustedes sus propias conclusiones”.

“Las funciones esenciales de las Naciones Unidas…tienen un presupuesto anual de 1.250 millones de dólares. Esta cifra representa aproximadamente el 4% del presupuesto anual del ayuntamiento de Nueva York, es casi 1.000 millones inferior al costo anual del Servicio de Bomberos de Tokio y 3.700 millones inferior al de la red de universidades pertenecientes al Estado de Nueva York… En todo el sistema de las Naciones Unidas trabajan 52.280 personas, que se reparten por el mundo entero… El número de personas que trabajan en McDonald's es tres veces superior, mientras que Disney World y Disneyland tienen 50.000 empleados…. Las Naciones Unidas …disponen de 4.600 millones de dólares al año para promover el desarrollo económico y social; esta cantidad, que equivale a 81 centavos por ser humano se emplea en asistir a los países en ámbitos como la salud, la sanidad, la agricultura, la distribución de alimentos, etc…La participación de los Estados Unidos en los gastos de mantenimiento de paz…representa menos del 0,2 % del presupuesto anual militar estadounidense”.

Y en medio de todo esto: la familia y nuestro inveterado y sempiterno deseo del bienestar familiar. Para algunos, ya desde el siglo antepasado, una utopía: claro destino, buena intensión, meta inalcanzable. Los más, así quiero creerlo, seguimos convencidos de que sí se puede. Más aún: es imprescindible lograrlo. Tenemos diversidad de caminos. Necesitamos unidad de esfuerzos. Eludir la no-opción que es el desespero.

“BATMAN ASALTA EL PALACIO DE BUCKINGHAM”

AFP. Pedro Alonso, EFE.

16 de Septiembre de 2004.

LONDRES, Inglaterra - Un activista disfrazado de "Batman" burló el lunes la seguridad y se coló en el Palacio de Buckingham, residencia oficial de la Reina Isabel II, para reivindicar los derechos de los padres separados. Hatch, que es decorador y se queja de no poder ver a sus dos hijos, pertenece a un grupo que defiende los derechos de los padres separados y que se ha hecho famoso en este país por sus actos de protesta extravagantes. El pasado mayo, un integrante de "Padres por la justicia" lanzó un globo lleno de polvo púrpura al primer ministro británico, Tony Blair, en el Parlamento, agresión que provocó la evacuación de la Cámara Baja por temor a que se tratase de un ataque químico. Este fin de semana, otro miembro de la organización permaneció 18 horas colgado de la enorme Noria del Milenio del Londres, a orillas del Río Támesis, que tuvo que cerrarse a los turistas. Un portavoz de Blair afirmó el lunes que las reivindicaciones de los padres separados responden a un asunto que suscita "grandes emociones y sensibilidades", pero dejó muy claro que actos como el Hatch "no ayudan a explicar cuál es la complejidad del problema".


EDITORIAL PRENSA ASTURIANA

09/10/2004 - Nº 693

UNA BRASILEÑA AHOGA A SUS DOS HIJOS PARA QUE EL PADRE NO LOS GOLPEASE

São Paulo

Una mujer brasileña ahogó en un tanque a sus dos hijos, de 2 y 3 años, presumiblemente para que no siguieran siendo víctimas de las palizas del padre. El doble parricidio ocurrió el lunes en una humilde barriada de la ciudad de Jacarei, en el interior del estado de São Paulo, según informó la Comisaría municipal, en donde la mujer se entregó poco después del crimen.

De acuerdo con las informaciones policiales, Cleusa Soares de Assis, de 26 años, esperó a que su marido saliera de casa rumbo al trabajo para ahogar a los menores, que aún estaban durmiendo. La mujer cargó a cada uno de sus hijos hasta un tanque con 200 litros de agua y los metió de cabeza en el recipiente hasta ahogarlos. Posteriormente dejó los cuerpos en sus camas y, tras bañarse y cambiarse de ropa, se dirigió a la Comisaría, donde se entregó.

No hay nada tan malo como para que no pueda haber algo peor: a la realidad real se le suma una realidad virtual que convoca execradamente en nombre, de la libertad y de los derechos, a un destino ajeno al de la familia, reproduciendo y hasta justificando los viejos paradigmas de la desigualdad de genero.

SPOT publicitario de televisión.

Una niña conversa en el comerdor de la casa con su madre:

Hija – “Mami ¿en dónde esta papá?”

Madre – “Papá. Papá…, papá esta en un lugar muy lejos. Pero vos no te preocupes porque el igual esta bien”.

Hija – “Y si yo le hablo.. ¿él no puede responder?”

Madre – “No mi amor. No. Él no puede”.

Hija – “Pero yo lo extraño a papá”.

Madre – “Yo también lo extraño”.

La camara abre el lente y se ve el padre, en el mismo salón, sentado a la misma mesa, leyendo el diario.

Hija – “Pero yo lo veo”.

Madre – “Yo también lo veo… pero no esta!”.

Aparece texto a toda pantalla:

VIVI EL MUNDIAL LAS 24 HORAS. LA NACIÓN: DIARIO DEL MUNDIAL.


SPOT publicitario de televisión.

Un joven ayuda a sus padres a hacer las maletas. Conversa con su madre:

- Madre: “¿Y vas a poder vivir solo?”

- Hijo: “Si ma… Ademas vamos a estar cerca ¿no?”

- Madre: “¿Es muy chiquito el departamento?”

- Hijo: “Si es chico”… pero no esta mal.

Abraza a la madre. Le da un beso. Llega el taxi. En ese momento el pone las maletas en manos del padre y dice: “Bueno, cuidense.. la dirección esta en la llave. Asi que no se pueden perder. Chao,nos vemos gente”.

Lanza a sus padres a la calle. Cierra la puerta tras de sí. Suspira. Pasa el pestillo.

Aparece texto:

NO HAY LUGAR COMO TU CASA.

SANYO. TECNOLOGÍA JAPONESA PARA SER VIVIDA.

Nos dicen que el mundo se nos está volviendo más interactivo. Lo que en este metalenguaje, que trae consigo implicitamente una recodificación de las palabras, significa que los niños viven amarrados a los videojuegos, los multimedia, la telemática, las decenas de canales de televisión, practican como deporte casero el zapping. Es un mundo que juega a borrar las diferencias subjetivas, las peculiaridades etáreas. La violencia es violencia para los pequeños y para los mayores. Al final el mundo “mediatico” es un discurso homogenizante que hace de la realidad mediática “el mundo virtual de todos”.

Hace ya bastante tiempo nos vienen preparando una muerte para el sujeto. El derrumbe del ruso-cialismo. Lacan y Foucault. La posmoderinidad. La interconcectividad administrada y amaestrada desde la misma filosofía, desde la misma ética de la segregación, del poder, del predominio. En todo caso, ahora hay una multiplicación del efecto de seducción por las capacidades de maniobras sustitutas del sujeto y supraeficientes. Pero más allá de preferencias, temores y rechazos, el asunto central es el del encuentro o la perdida de sí mismo, de la mismidad y la otredad, en este proceso que requiere de una geografía para su sujeto. Una geografía que permita la circunscripción al entorno intrasubjetivo en un laberinto ilusorio de alternativas pragmáticas que se confunden con alternativas existenciales. ¿Quién soy en el ciberespacio?, ¿dónde está mi cuerpo?. Los cuerpos se pierden en las fibras ópticas, son convertidos en una imagen (visual, auditiva, kinestésica) , y “toda imagen es una estratégia” (Debray R. 1995.p.131). La estrategia de la globalización. El crecimiento humano parece quedar atrapado en dos ejes fundamentales: información y globalización. La identidad, esa parábola que unifica en la mismidad y armoniza en la otredad, es puesta a andar por una autopista en la que no hay yo y otros. Solo cada uno de todos los yo. El otro es el yo virtual. Yo mismo que me desdoblo ante lo mío. Círculo potencialmente esquizodestructivo. En la interconectividad me hablo a mí mismo cual si hablara al y con otro. Siendo que para ser yo-otro tengo que dejar de ser yo-yo. Mi otro es quien está en el lugar de mi yo. Yo estoy en el lugar del otro.

Desde aquí somos convocados a preguntarnos: ¿De que familia se hablaría en ese mundo donde el otro es un desdoblamiento del yo? ¿Qué noción de familia cabría en la interconectividad? Seguramente alguna. No la familia humana. No la que nos reúne en este lugar.

- III. Transversalidad y diáspora mediáticas -

Hoy todos los eventos de la vida humana tienen una existencia “mediática”, pasan por una configuración “mediática”. Como nunca antes el mensaje es el medio. Somos apéndices de la “mediatización” (que cosas tiene la vida: desde la escuela histórico cultural nos apropiamos del concepto de mediatización para reservarlo a la fundamental acción de los instrumentos y los adultos en la construcción de la subjetividad. Ni Vygotsky, ni desde otro enfoque Piaget, ni Wallon, ni Bandura, previeron que la mediatización desbordaría los límites del factor de desarrollo para devenir peligro de involución).

Los medios intentan (¿acaso ya no lo son?) convertirse en el espacio de la verdad.

“…El efecto de realismo de la noticia televisiva (si recibo la noticia de que un avión se ha precipitado en el mar, es indudablemente cierta, de la misma forma que es verdad que veo las sandalias de los muertos flotar, y no importa si por casualidad son las sandalias de una catástrofe precedente, usadas como material de repertorio), hace que se sepa y se crea sólo aquello que dice la televisión”. (Eco H. 2004).

Esta tendencia viene reforzada por las acciones mediáticas “on line”, en tiempo real. Una comunicación “sincrónica”. Lo “on line” ha pasado a ser sinónimo de “verdad”. Pero la realidad esta escondida. Peor aún, esta siendo escondida. Esta siendo sustituida por la realidad mediática: la prensa, la radio, a “reina absoluta”: la televisión y los millones de computadores conectados en una “red de redes”. Los dueños del espacio audiovisual se perfilan como los constructores de la realidad, no en el sentido constructivista, sino maquiavélico.

“Los que controlan el mercado de producción y distribución de la información determinan antes de la publicación qué productos se producirán en masa, y por consiguiente, qué opiniones se introducirán oficialmente en el mercado de opinión” (John Kane. 1991)

“Si la información…está concentrada en pocas manos, va a beneficiar primordialmente, sino exclusivamente, a los dueños de esas fábricas de información… Lamentablemente, lo que existe ahora en el mundo industrializado es una concentración creciente de los medios de información…y eso es un peligro muy grande…porque implica alimentar a la gente con información unilateral, ocultándole la verdad, distrayéndola para mostrarle aspectos poco importantes de lo que en verdad sucede en el mundo” (Mario Bunge. “La concentración mediática, peligro para la democracia” – entrevista de Martha Paz. etcéter@. Noviembre 2003).

Mientras millones de seres humanos viven por debajo del umbral de pobreza, mientras extensos asentamientos humanos están desprovistos de las más elementales condiciones higiénicas, mientras la polarización neoliberal del mundo amenaza con la desaparición de la especie, la realidad mediática nos habla de otra realidad, nos convence de que “esa otra”, es la realidad. La táctica es la de siempre: de lo que no se habla no existe. Solo existe lo que las palabras dicen. Las palabras dicen lo que los medios dicen. Los medios no hablan por sí mismos. Los medios dicen lo que sus dueños dicen. Los dueños dicen lo que les conviene decir. Ilusiona es dominarás. Alucina y será feliz. Se ofertan alucinaciones, alucinógenos y alucinantes de todo tipo. Quién domina la comunicación domina la “verdad”.

Las contradicciones son evidentes. El mundo que miramos a través de la ventana no se parece al que miramos en los medios. Mientras la Iglesia condena el uso del preservativo aduciendo la defensa de la vida, la vida desaparece para decenas de miles de victimas del SIDA.

SPOT de bien público de televisión.

Se suceden imágenes de la Inquisición, de la segunda guerra mundial:

Después de siglos, la iglesia pidió perdón por la inquisición.

Después de décadas, la iglesia pidió perdón a los judios por haberse callado frente al facismo.

Cuanto va a tardar la iglesia en pedir perdón por las víctimas del SIDA.

PECADO ES NO USAR PRESERVATIVO.

LA INDUSTRIA DEL PORNO DE LOS ANGELES, MULTADA POR NO USAR CONDONES

Sábado, 18 septiembre 2004

IBLNEWS, AGENCIAS

El consejo para la salud y seguridad estatal multó a Evasive Angles y TTB Productions con 30.560 dólares cada una por rodar películas porno en las que dijo que expusieron a tres actores a ser infectados por VIH.

Fue la primera vez que la División californiana de Sanidad y Seguridad Ocupacional ha adoptado una acción reguladora contra la industria cinematográfica para adultos de Los Angeles, que genera miles de millones de dólares, y emplea a unas 6.000 personas en 200 productoras que ruedan docenas de películas y vídeos a la semana.

Los productores de porno se han resistido a las normas de uso obligatorio del condón alegando que los consumidores no querían ver sexo seguro. Pero la división para la seguridad laboral dijo que los actores porno tenían el mismo derecho a un entorno laboral seguro que empleados en negocios más convencionales, según informó Reuters.

Internet por su parte nos regala una “realidad virtual”, más que virtual, “virtualizada” en la que se mezclan con interés mercantil, el bien público y las estratagemas de mercado, el beneficio social con los intereses personales. Más virtual aún toda vez que se trata de un escenario al que acceden solo las minorías más o menos favorecidas, o al menos no desfavorecidas, por el sistema que discrimina a las grandes mayorías.

“Los redactores del informe 2001 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) afirman…que las redes tecnológicas están en vías de transformar el mapa del desarrollo y de crear las condiciones que permitan realizar en un periodo de diez años progresos que en el pasado habrían llevado varias generaciones…Pero…existe una línea de teléfono por cada dos habitantes en los países ricos contra una cada 15 en los países en vías de desarrollo y una cada 200 en los países menos desarrollados. La tercera parte de la humanidad aún no cuenta con electricidad, y qué decir de los índices de analfabetismo... La organización de la cumbre mundial de la sociedad de la información de Ginebra, en diciembre de 2003, avivó los enfrentamientos entre diferentes proyectos de sociedad…la lucha por el acceso universal al ciberespacio en el marco de una infoética y del respeto a la diversidad cultural lingüística, para evitar que la globalización económica sea culturalmente empobrecedora, desigual e injusta” (Armand Mattelart “Comunicación, poderes, resistencias”. Cumbre mundial sobre la sociedad de la información. Etceter@ Noviembre 2003).

Todo queda impactado por los medios - que cosas tiene la vida. El socialismo conjuntivamente era tildado de estandarizante, de buscar un malsano sometimiento de las partes al todo, de diluir al individuo en el proyecto de la masa. ¿Será que la globalización ciberespacial en una forma de pseudosocialismo digital? - La “comunicación” – quien sabe si sería más adecuado hablar de la “incomunicación” – atraviesa todo el espectro de la vida de la sociedad y de la de las personas en particular. De una u otra manera, pero “nadie se salva del pie forzado” (Silvio Rodríguez). Una vez más recuerdo a Debray: “los valores asimilados hoy por los alumnos pasan por la televisión, la música, la radio, la moda, la publicidad, más que por la escuela y la familia” (Debray R. 1995. El estado seductor. Las revoluciones mediológicas del poder. Buenos Aires. Manantial. p. 85). Más que la familia!

La realidad se mezcla con la ficción, la ciencia con la especulación, la razón con el absurdo. Entre Spielberg e Internet llegamos a creer que todo es posible. Es igual si hablamos de un dinosaurio o de un mamut. Conservamos la capacidad de maravillarnos, pero ya casi nada nos sorprende. Y no vayamos a culpar a la ingenieria genética por el show. Lo hacedores del show son los medios de comunicación, extendidos hoy hasta “más allá del principio del placer” y de la realidad. La realidad se presenta como “mediática”. Los medios “informan” sobre la realidad que ellos mismos generan. Una suerte de “egocentrismo comunicativo mediático”. La información alucina al conocimiento, pretende usurpar su lugar. La información juega a ser el conocimiento. El conocimiento son los medios de información. La transculturación es apenas un proceso ingenuamente inocuo. Ahora se trata de “hipnosis social mediática”. Como dice Alfredo Grande, psicoanalista implicado y amigo, “el sujeto no percibe mediatización corporal ni cultural. El objeto aparece “mágicamente”, porque no hay conciencia del proceso de producción histórica que lo generó. Se pasa de la contingencia del objeto al objeto fetichizado...toda la subjetividad pasa de ser un block maravilloso, a convertirse en una pizarrita siniestra, donde los verdaderos monitores a color de los sistemas informáticos son las personas. Trasmutadas previamente en terminales de computadoras”. (Grande A.1996.p.207).

- IV. El bienestar familiar -

“Mierda, cáncer, cirrosis, SIDA, sobredosis”. Una buena definición de los problemas que enfrenta la familia hoy y que se relacionan con “droga”, “sexo irresponsable”, “alcoholismo”, “tabaquismo”, “semianalfabetismo” y sobre todo: “no tener a dónde volar”, no poder escaparse de un mundo que a fuer de ser globalizado y hegemónico disemina “hasta el infinito y más allá” toda su violencia, su inequidad, sus enfermedades, grotescamente disfrazadas de democracia, libertad y desarrollo. La comunicación es un campo de batalla esencial en la lucha por el bienestar familiar. Auque no su causa.

“El hecho de que en el mundo virtual hay inequidades absolutas entre naciones ricas y pobres difícilmente resulta sorpresivo; sería ingenuo esperar otra cosa en vista de las disparidades sustanciales en cualquier otra dimensión de la vida desde la atención a la salud y la nutrición hasta la educación y la longevidad. A pesar de las muy exageradas esperanzas de algunos ciber-optimistas, la Internet no va a erradicar súbitamente los fundamentales y desatendidos problemas de las enfermedades, la deuda y la marginación que enfrentan los países en desarrollo” (Norris P. 2001, p. 49)

Internet se convierte en una suerte de “diáspora mediática”, un territorio en el que todo parece posible y todo el mundo es nadie (un “password”, un “login”, un “chickname”). La “comunicación anticomunicativa.” En la red de redes “...no es el pueblo o el grupo familiar amplio, ni siquiera la familia nuclear o la pareja, lo que constituye la célula básica de la sociedad, sino el individuo...la mayoría de los lugares y tiempos de la vida colectiva van desapareciendo...la vida social se reduce a una circulación cotidiana entre dos polos: el trabajo y la casa... las nuevas tecnologías de la información también se proponen invadir el domicilio, tanto para actividades de compra, como de entretenimiento o incluso de trabajo...el domicilio se convertirá en una especie de terminal global de información y comunicación” (Mercier P.A., Plassard F., Scardigli V. 1985. pp-52-53). “Internet se introduce poco a poco en nuestra vida, y las previsiones es que su presencia sea cada día mayor. Es por tanto necesario que nos anticipemos y aprendamos lo máximo posible sobre como Internet puede tener un impacto negativo en nuestro bienestar psicológico, no solo desde el punto de vista de la adicción, sino también de los cambios personales y sociales que puede traernos la llegada del mundo virtual” (Nacho Madrid López. En: ciberpsicologia@psicologia-online.com).

No es posible negar las evidencias: nuestras prácticas asociadas al bienestar familiar están atravesadas por la comunicación. Esto no es una novedad. Ya lo sabíamos desde hace muchos años. Pero ahora el concepto tiene varios apellidos: comunicación social, comunicación global, comunicación mundializada, comunicación virtual, comunicación alucinante. La noción de transversalidad sale de sus recintos particulares y dibuja “la totalidad de procesos, situaciones y tensiones que conforman la realidad,…se presenta como un instrumento conceptual y epistemológico que nos ayuda a explicar y entender la compleja producción social del conocimiento y la dinámica social en los distintos contextos históricos” (I Jornada sobre Transversalidad. 1995).

Las familias responsables se preocupan por la desenfrenada relación de sus hijos con el “ciberespacio” por el “espacio mediático”: la realidad en pantallas. Por momentos parece que el control escapa a sus posibilidades. El empeño de los profesionales es inapreciable. Desde los medios y con los medios se busca una orientación a la familia.

La American Academy of Child & Adolescent Psychiatry dice: “Los padres deben de asegurarse que sus hijos tengan experiencias positivas con la televisión. Los padres pueden ayudar…Poniendo límites a la cantidad de tiempo que pasan ante la televisión (a diario y por semana). Apagando la televisión durante las horas de las comidas en familia y del tiempo de estudio. Apagando los programas que no les parezcan apropiados para su niño. Además, los padres pueden ayudar haciendo lo siguiente: no permita a los niños mirar televisión por horas de corrido, sino que ayúdelos a seleccionar programas individuales…Establezcan ciertos períodos cuando el televisor esté apagado. Las horas de estudio deben dedicarse al aprendizaje, no son para sentarse frente a la televisión mientras tratan de hacer la tarea. Las horas de las comidas son tiempo para conversar con otros miembros de la familia y no para mirar la televisión” (American Academy of Child & Adolescent Psychiatry “Los niños y la television” No. 54. Revisado 03/01)

Pero la familia como núcleo (como grupo) y sus miembros (como individuos) son “target” no solo de acciones educativas, sino también antieducativas. El mundo comunicacional, mediático, el universo audiovisual de nuestros niños y jóvenes, de las poblaciones a las que debemos nuestra acción responsable existe y sus niveles de “impertinencia” (agresividad, compulsividad y seducción de sus mensajes) es alto. Consume muchos de nuestros esfuerzos, se convierte en un “enemigo” a vencer (no sin dificultades) que se empeña en dominar a su antojo. Si alguien lo duda le recuerdo una experiencia funesta de “comunicación publicitaria”:

“La renovación del mercado radica casi por completo en fumadores de 18 años. No más de 5% de los fumadores comienzan luego de los 24% años. La lealtad a la marca de los fumadores de 18 años sobrepasa en una gran margen cualquier tendencia con la edad a cambiar de marca” (Fumadores Adultos Jóvenes : Estrategias y Oportunidades, Compañía Tabacalera R.J. Reynolds, 29 Febrero 1984).

" …la mayoría de los casos, los esfuerzos reales para aprender a fumar ocurren entre las edades de 12 y 13 años…El adolescente busca demostrar su nueva urgencia de independencia por medio de un símbolo, y los cigarrillos representan ese símbolo ya que se encuentran asociados a la etapa adulta y a la vez los adultos buscan negárselos a los jóvenes" ("Proyecto 16". Kwechansky Marketing Research Inc, Informe para Imperial Tobacco Limited. 18 de octubre 1997).

El resultado de estas “estrategias de comunicación” es conocido:

EL TABACO MATA aproximadamente a 3 MILLONES y MEDIO de personas cada año

aproximadamente a 10,000 PERSONAS cada día.

100,000 NIÑOS y JÓVENES por día se convierten en fumadores.

Al mismo tiempo, no se puede perder de vista algo esencial: el problema no es el medio, sino el uso que ciertas personas hacen de el. El problema no es, lo he dicho en múltiples oportunidades, la comunicación, sino los comunicadores. Es cierto que con Internet, por solo poner un ejemplo, ha debutado una nueva adicción: la adicción a Internet. Pero las adicciones existían antes de Internet y el problema esencial nunca ha sido “a qué se es adicto” sino “estar adicto” (conozco perfectamente las reglas del español, pero me niego a admitir que se “es” adicto. Adicto solo es está, con lo que queda claro que es un transitorio de recuperación posible) . Claro que hay “páginas webs” producidas más que por internautas, por “delirantes”. Es cierto que hay páginas nada profesionales, con más sabor a “shopping center” que a cualquier otra cosa. Pero el centro estructurante es, como en todo, el comunicador. De modo que toda la “degradación” y “perversidad” posibles existirán sobre todo y mayoritariamente si el “espacio” queda en manos de los “comerciantes de ilusiones”, de los inescrupulosos aprovechadores de la “esperanza humana”.

La realidad virtual no estaba ni pensada en los trabajos ni de Freud, ni de Lacán, ni de Watson ni de Skinner. Ni por asomo se la imaginó Rogers. Lazarus, dicen, que ni veía la televisión. Quién sabe cuanto más hubiesen escrito mucho de los pioneros de la Psicología de haber tenido una “Pentium 4” y acceso a Internet por fibra óptica. Es un mundo nuevo para nosotros. Un mundo que se nos presenta como propenso a la “involución personal” precisamente por estar plagado de artificios comerciales, de instrumentos de control y desafueros. Es cierto. Pero, como en casi todo: el hombre “solamente trabajando con el diablo…podrá acabar del lado de Dios y crear el bien” (Berman). Habrá que balancear los “pro” y los “contra”. No como tarea para mañana, sino para hoy. Habrá cuestiones que resolver de suma importancia: ¿Cómo mediatizar el mundo mediático que se impone a nuestras familias? ¿qué acciones profesionales son posibles y en qué condiciones? En realidad por ahora Internet sobre todo lo que hace es llevar al mundo mediático los problemas que ya tenemos como profesión, como prácticas sociales, como gremios. Si la comunicación es el eje transversal de nuestras prácticas, la diáspora de la red de redes no será una razón suficiente para que renunciemos a ser “psicólogos” (psiquiatras, trabajadores psicosociales, en una palabra profesionales “psi”). El escenario es nuevo para nosotros. Quizás muchos piensen que es mejor actuar con cautela, que es prematuro. Puede ser. Solo que saber cuando es demasiado pronto no significa saber cuando será demasiado tarde.

- VI. Otra comunicación es posible -

Otra comunicación es posible. Hablo de otra comunicación, una que persigue “ayudar, orientar, educar, prevenir, concienciar en lo que a valores esenciales, comportamientos sanos y cívicos, defensa de la cultura, soberanía e independencia, asimilación de derechos y deberes ciudadanos se trata”, hablamos de una comunicación de bien público. Hay caminos ya señalados y ampliamente fundamentado.

“La comunicación puesta a trabajar a favor de los demás, es una herramienta incomparable… Crea una mayor conciencia social sobre lo que afecta a toda la comunidad… la faceta más noble y altruista de la comunicación, el bien público, está jalonada de mensajes dirigidos a encausar o resaltar hábitos, usos y pensamientos de la comunidad…nucleados generosamente con un objetivo básico, crear ideas fuerza para que los grupos sociales descubran sus males y busquen aliviar sus consecuencias”. (Consejo Publicitario Argentino).

La comunicación puede ser (de hecho es) un bien público. La comunicación puede aportar beneficios sustanciales al progreso social, al mejoramiento del ser humano, al desarrollo de habilidades sociales. La comunicación nos acerca al sueño de al menos acciones de educación más extensivas y preventivas. La comunicación puede ser trinchera de la defensa de la cultura, de la soberanía. La comunicación puede ser un multiplicador de “los panes y los peces” que alimentan el alma humana. La comunicación puede ser instrumento de denuncia, de combate. La comunicación social, la buena comunicación, puede y ha de ser un aliado del bienestar familiar. De la construcción y el reforzamiento de los valores esenciales de lo humano, de los que se hace la familia.

Porque “otro mundo es posible” y esa posibilidad pasa por un cambio en el modelo comunicativo imperante en el mundo se alzan las alternativas: “la crítica del sistema mediático se ha convertido en un frente de lucha prioritario para los movimientos sociales… Frente al poder de los medios de comunicación, hay que instaurar un contra-poder del ciudadano, un «quinto poder» para múltiples modalidades de acción” (Bernard Cassen). “no digo que sea lo único que habría que hacer. Pero…se necesitaría un consejo superior del audiovisual, que vigile que se cumplan algunas reglas de coexistencia pacífica y democrática” (Armand Mattelart). Hasta un Observatorio internacional de los medios de comunicación (Media Watch Global), se propuso en Porto Alegre, que apoyará otra “red de redes” de Observatorios nacionales de los medios de comunicación como, el creado en Francia, en septiembre del 2003. Más esencialmente: “Un nuevo orden mundial de la información y las comunicaciones, es necesidad impostergable que requiere impulsar una revolución educativa internacional. Es posible eliminar el analfabetismo y llevar la enseñanza hasta el sexto grado a quienes carecen de ella en todo el mundo. El gasto total para realizarlo sería menos que el 0,004 por ciento del Producto Interno Bruto de los países desarrollados de la OCDE, en un año” (Ricardo Alarcón). Algo similar había dicho Passeron: “ninguna innovación tecnológica pudo jamás superar, por virtud exclusiva del medio, las desigualdades culturales producidas y reproducidas por el juego bien engrasado de las estructuras y de las jerarquías sociales: las características técnicas de un medio de comunicación no predeterminan jamás sus efectos sociales al punto de descartar los efectos que dependen de las relaciones sociales que se encuentran en el origen de la utilización de esta técnica” (Passeron J.C.1982. pp 46-47).

- VII. En el camino de una “familia crítica” -

Nadie duda hoy de que el impacto mediático sobre la sociedad, la globalización, internet, demandan la formación de un “sujeto crítico”, un consumidor con capacidad reforzada de anticiparse a los efectos del discurso omnipotente sea este de la televisión, del cine, de la radio o de la red de redes. Defiendo la idea de una “familia crítica”, una cultura familiar crítica del consumo mediático. Allí hoy se juega buena parte de lo que tenemos que hacer en materia de orientación, formación y educación. Hasta allí tiene también que llegar nuestra influencia educativa. No creo en la solución de satanizar dogmáticamente los medios y convertirlos en el “oscuro objeto del deseo”. Si asumimos que educar es preparar hombres y mujeres para la vida, entonces estamos responsabilizados con ayudar a nuestras familias a vivir creativamente la realidad. No dictaminar modos de consumir la mediatización, sino orientar para que el modo en que decidan hacerlo sea potenciador, al menos no obstaculizador, de su desarrollo.

Una “familia crítica” no es mucho más que aquella que piensa en los caminos por los que conducir su consumo mediático, que pone en la distancia los modelos “sugeridos” y decide en pro de su placer, de su felicidad en consistencia con su saber y sus argumentos de vida. Una familia implicada con sus decisiones, que evalúa qué, dónde, con quién, para qué, antes de encender el primer equipo, antes de llegar al salón. Se resiste a ser una marioneta de las pretensiones de otros y a participar de un juego que le arrebata su derecho a la opción.

“Estimule discusiones con sus hijos sobre lo que están viendo mientras miran programas juntos. Señáleles el comportamiento positivo como la cooperación, la amistad y el interés por otros. Mientras están mirando, hágale conexiones con la historia, libros, lugares de interés y eventos personales. Hábleles de sus valores personales y familiares y cómo se relacionan con lo que están viendo en el programa. Pídale a los niños que comparen lo que están viendo con eventos reales. Déjeles saber las verdaderas consecuencias de la violencia. Discuta con ellos el papel de la publicidad y su influencia en lo que se compra. Estimule a su niño para que se envuelva en pasatiempos, deportes y con amigos de su misma edad. Con la orientación apropiada, su hijo puede aprender a usar la televisión de una manera saludable y positiva”. (American Academy of Child & Adolescent Psychiatry “Los niños y la television” No. 54. Revisado 03/01)

Una familia que sabe a dónde va y cómo regresará, sabe, al decir de Jean-Claude Carriere “lo que no se ve, lo que no se oye, lo que no esta” a la vista de todos. Es crítica no para censurar, sino para seleccionar mejor y para definir los límites de su acercamiento a un modelo de consumo mediático. Como todo acto humano el consumo mediático ha de ser intencional, no porque contenga una intención abstracta sino porque es intención de un sujeto: la familia.

No es una utopía futurista lo que propongo. Mucho menos una cruzada “contra los demonios”. Nada es perfecto. Todo es perfectible. Los medios son probablemente más que una posibilidad, una necesidad.

Nuevos hábitos tendrán que ser construidos y consolidados. Necesitamos “una asimilación productiva, una internacionalización propia sin renuncias, un participar del mundo sin diluirnos ni ser subsumidos”. Tenemos que aprender y enseñar a vivir en un mundo “mass mediático” sin ser “mas-s absorbidos”. Ser capaces de no tener que “censurar” cuando arriba el sin remedio lo que puede ser “de otro modo” y ser otra razón más para la felicidad. No comparto en modo alguno el facilismo de las decisiones por el principio del “se acabó porque aquí mando yo”. Tampoco las prácticas del “corte por lo sano” en ninguna de sus múltiples extensiones infelices. No quisiera tampoco que algún descendiente trasnochado del Papa Gregorio o del malsano administrador Torquemada tomara mis palabra como justificaciones conceptuales de la eliminación física en las casas de las computadoras, los televisores, etc. El camino no es la prohibición. La prohibición es un acto unilateral, no necesariamente comprensivo (ni comprensible). La prohibición no es una acción educativa. La irracionalidad es el sustento de tales estilos comportamentales. Yo, por el contrario, estoy abogando por la racionalidad, por el principio del análisis crítico productivo, por la generación de un grupo familiar consumidor racional y crítico, sin que renuncie al deseo, al gusto, al placer. La lucha contra el placer es una batalla perdida. El asunto no es de quitar, sino de dar. Dar otra alternativa.

La táctica de la “familia crítica” se inscribe en la estrategia general del “consumo inteligente”. Es un llamado a la educación en el sentido más estricto del término. Pero, paralelamente, como señalé más arriba, habría que montar una estrategia de consumo. Es aquí entonces donde necesitamos pensar muy creativa y desprejuiciadamente. La tesis ya esta definida: otra comunicación es posible. El modelo de comunicación que ha impuesto el sistema de consumo no tiene porque ser la única respuesta a necesidades y expectativas reales y loables de las personas. Parafraseando una expresión cubana de los tempranos setenta, de lo que se trata es de “vaciar el símbolo”. Construir nuestra alternativa.

Entonces el asunto es Educación. Educación de los que tienen que ver con la construcción de espacios mediáticos. Que aboguemos por una “familia crítica” no nos exime de una construcción crítica de nuestros productos mediáticos. Educación de padres y madres para mediatizar efectivamente el consumo mediático de los miembros más pequeños de la familia. Educación de nosotros los profesionales para poder trasladar nuestro espacio de operaciones a un mundo del que habitualmente no somos más que consumidores y críticos. Así como otra Educación es posible, así también otra comunicación es posible. Como no ha de serlo en este continente en el que los sueños a fuer de soñarse entre todos terminan siendo realidades.

Bibliografía

1. Debray R. (1995) El Estado seductor. Las revoluciones mediológicas del poder. Buenos Aires. Manantial.

2. Eco H. (2004) "A un régimen mediático no le hace falta meter en la cárcel a sus opositores, los reduce al silencio". El País. 28 Enero/.

3. Grande A. (1996) El Edipo después del Edipo. Agentina. Editorial Topía.

4. John Kane (1991) “La democracia y los medios de comunicación”. Revista Internacional de Ciencias Sociales129. UNESCO.

5. Mercier P.A., Plassard F., Scardigli V. (1985). La sociedad digital. Las nuevas tecnologías en el futuro cotidiano. Barcelona. Editorial Ariel s.a.

6. Norris P. (2001) Digital Divide. Civic Engagement, Information Poverty, and the Internet Worldwide. Cambridge University Press.

7. Passeron J.C.(1982) Images en bibliothéque, images de bibliotheques. París. Document du Gides. p.46-47.