miércoles, 1 de febrero de 2012

ALGUNAS COSAS QUE SABEN
LOS PSICOLOGOS
Y QUE UN HOMBRE DE MARKETING
DEBE TENER EN CUENTA

Todos somos ignorantes,
solo que en cosas distitntas

Lo que me propongo ahora es una suerte de consejería profesional con algunos esenciales psicológicos mínimos para los que osen adentrarse en el mundo del marketing en cualquiera de sus parajes. Quiero comenzar diciendo, aunque se hará evidente, que los culpables de este capítulo son Ries y Trout por su libro “Las 22 leyes inmutables del marketing” (1993). Pero esta vez tuvieron un cómplice involuntario.

Ya había yo terminado este libro en su primera versión y se lo di a leer a algunos especialistas y amigos de los que quedo muy agradecido por sus comentarios y sugerencias. Uno de ellos, profesor de la Facultad de Finanzas de la Universidad de La Habana, me dijo: “Me gustó mucho, pero tengo la impresión de que le falta algo”. Inmediatamente, en tono de jarana, le dije:” Por supuesto. Te invito a que le hagas el prólogo”. Entonces me contestó: “Así va a estar mucho mejor, pero de todas formas me gustaría que tuviera algo más, pero no sé que cosa es”. Encima de su escritorio estaban las 22 leyes, un texto que la primera vez que lo leí me pareció divertido, talentoso e interesante. Le pedí qu1e me lo prestara por unos días, para darle una segunda lectura. A pesar de que entre científicos y profesionales no es muy aconsejable prestar libros, porque casi nunca vuelven a su destino o llegan incluso después del olvido, me fui con el texto en mi mochila.

Unos días después yo seguía esperando el prólogo, pero había encontrado algo que le faltaba al libro que yo quería escribir.

Las “22 leyes...” de Ries y Trout, goza de algunas cualidades envidiables para un texto: claridad, sencillez, concreción y humor. No estoy descartando su valor científico, muy por el contrario, sencillamente llamo la atención sobre cosas muy difíciles de lograr cuando los especialistas se sientan a escribir un libro. Sin embargo, mi impresión es que el binomio autoral, responsable de otros buenos trabajos, conoce mucho de marketing, pero sus conocimientos o para ser más justo su paradigma psicológico de referencia es de bastante menor fuerza. Es verdaderamente una lástima. Aunque de otro lado, la defensa que ellos hacen del análisis psicológico, de la necesidad de siempre pensar en la psicología del consumidor  para todo el trabajo del marketing es una suerte. Si parto de esto último debería consecuentemente decir que lo demás es lo de menos, pero considero necesario tomar el lado deficiente porque es el que nos invita a una complementación, a una precisión un poco mayor. El asunto por cierto no es solo de las 22 leyes. Como ya dije antes a las prácticas del marketing se ha asociado o una ingenuidad psicológica sorprendente para nuestros días, o un psicologismo trascendental que supone una visión “clichetista” del mundo subjetivo, de la psicología humana.

Para que esto no quede como una simple declaración, o una interpretación personal, expondré algunas de las leyes intentando evidenciar el manejo deficiente de la psicología. Tomo algunas sólo a manera de ejemplo, sin ninguna otra razón.

1.     Según la denominada Ley del Liderazgo, se dice que “es preferible ser el primero que ser el mejor”. A partir de aquí se hace una analogía entre el primero en hacer algo y el primero en la mente del consumidor. Y he aquí una imprecisión psicológica.

Las evidencias de los autores son insoslayables: “Xerox, la primera copiadora de papel normal, se convirtió en el nombre de las copias de papel normal...¿Cuánta gente pide cinta adhesiva en lugar de cinta Scoth?. No mucha...Hasta un médico le dirá a su paciente – Tome dos Advil y llámeme mañana” (op.cit.p.7-8). Todas ellas – Xerox, Scoth, Advil – fueron las primeras en su tipo. También en nuestro país muchas personas, aún hoy, dicen “frigidaire” en lugar de refrigerador, hablan de “Fab” para referirse al detergente de lavar la ropa. Una marca llega a asociarse de tal modo al producto que llega a ser su nombre en el uso cotidiano. ¿Por ser la primera?. Algunas evidencias nos convocan a afirmar, otras a contradecir. ¿Por qué si “Perla” fue la primera marca de pasta de dientes que conocieron los cubanos nacidos después del sesenta, más aún, fue el único dentífrico durante muchos años, casi ningún cubano le llama a la pasta de diente de esa manera?.

Pudiéramos hacer dos observaciones a la ley del liderazgo: En primer lugar, la cronología de la mente se determina por diversos factores, entre ellos el temporal puede ser en cierta condición muy importante, pero no es el único ni necesariamente resulta suficiente por sí mismo para explicar el comportamiento. En segundo lugar, lo primero que se conoce, siguiendo la lógica del desarrollo ontogenético, es algo que nos es dado por nuestros padres, por los adultos, de modo que no es usualmente el producto de nuestra decisión. Es así que entonces lo primero decidido puede ser más importante que lo primero consumido, en dependencia de múltiples determinaciones, de su significación, de las asociaciones emocionales, etc.. Hay quien quiere comer lo que le daban de chico, pero también hay quien no quiere ni acordarse de eso.

La mente humana es intercontextual e interpersonal, es lo que muchos llaman una unidad de singularidad y generalidad, de diferenciación y comunidad, es, incluso a nivel individual, un suceso sociohistórico, cultural. Esto, a nivel pragmático significa que lo primero es algo más que una jerarquía temporal, lo mejor es algo más que una sentencia valorativa del sujeto, el liderazgo es algo producido más allá de las estrategias o del plan de marketing. A veces los hombres de marketing, tan enamorados y ensimismados en su trabajo olvidan que la definición matemática de toda función comportamental humana es probabilística. La gran responsable de la probabilidad comportamental del ser humano, es la naturaleza misma de su mente.

2.     La ley de la Mente, dicen Ries y Trout modifica la ley del liderazgo: “Es mejor ser el primero en la mente que el primero en el punto de venta”. La idea viene de lo que ellos llaman la batalla del marketing – “el marketing no es una batalla de productos, es una batalla de percepciones”, es esta la afirmación de la Ley de la percepción. Aquí nuestros motivadores se acercaron al Estado prusiano hegeliano, tocándose las manos con el Arzobispo de Berkeley. Definitivamente su sentencia es cuando menos desmedida después del nacimiento de lo moderno: “No existe una realidad objetiva. No hay hechos. No hay mejores productos. Lo único que existe en el mundo del marketing son percepciones en las mentes de los clientes actuales y potenciales”. Y siguen más adelante, “la percepción es la realidad. Todo lo demás es una ilusión” (Ries A., Trout J. 1993. p.23).

Hasta las corrientes contemporáneas del constructivismo en psicología (Páez D. 1987; Spink M.J. 1993) sentirían en tales afirmaciones una injustificable perdida del límite. El punto de vista constructivista considera que “las percepciones son elaboraciones y estilizaciones secundarias, unas a partir del sujeto y otras a partir del objeto”. (Moscovici J. 1976. p.64). ¿Por qué ese afán de desacreditar la realidad?. Se trata de la alucinación mediológica. La fe ciega en el nuevo poder: el poder de los medios.

Dos cosas importantes están obviando los padres de la noción de posicionamiento. Por una parte la noción de mediación, que es un indiscutible de la psicología hoy. La entrada de los llamados neoconductistas (Tolam, Hull, Guthrie), el impacto del pensamiento marxista y más particularmente las escuelas soviéticas (Vygotsky, Leontiev, Rubinstein), el desarrollo de otros modelos comportamentales  (Bandura), los desarrollos de la Psicología Cognitiva (Bruner) y muchos otros han sido modos particulares de comprender algo común. Los procesos de la mente son procesos mediatizadores y mediatizados. La realidad subjetiva es una realidad primero instituida y después instituyente. Incluso cuando la capacidad de instituir es predominante y se habla de la construcción de lo real, lo real es una categoría de dimensiones objetivas, y la construcción es un proceso que incluye la asimilación y la acomodación de la realidad.

Si importante es este obvio obviado, significativo resulta la contradicción a nivel pragmático que de ello se deriva: ¿por qué en lugar de productos no se venden percepciones?, ¿por qué las ilusiones y hasta las alucinaciones del consumidor se refuerzan con productos y no con percepciones?. Imaginemos que la realidad sean nuestras percepciones, y nuestras percepciones el resultado de nuestros gustos y deseos, ¿qué tal?. Decir que nadie ve a sus hijos feos, no quiere decir que no lo sean. Incluso a veces son tan feos que hasta los mismos padres así lo admiten. La publicidad, aseguran hoy muchos especialistas, no vende productos, sino que favorece la construcción de imágenes. La relación imagen- venta-compra dista mucho de ser directa y unilateral.

Los mejores momentos de las “22 leyes...”, se relacionan precisamente con la pragmática del marketing, de la cual los autores tienen mucho que decir. Resultan también interesantes aquellas leyes tras las cuales descubrimos una cierta ética de lo humano (cuando admita algo negativo, el cliente potencial le concederá algo positivo...la honestidad es la mejor política), o incluso una visión natural empirista de la psicología cotidiana (el éxito suele preceder a la arrogancia). Pero el complejo campo de la psicología humana no puede ser deducido ni de otras esferas del conocimiento ni tampoco de la experiencia vital personal. El no está ahí y basta con sacarlo por elemental deducción. Parafraseando a Seve L. (1987) esto sería similar a pensar que la lengua francesa contiene por anticipado las futuras obras maestras de la literatura y lo único que hace falta es que alguien con un medio cualquiera las extraiga.

No hay duda de que la experiencia puede ser una gran aliada en el establecimiento de ciertas generalizaciones que sirvan de guía práctica para la acción. Pero tampoco es falso que la experiencia puede ser una gran enemiga si los preceptos de ella derivados obvian su carácter básico: la experiencia es siempre en situación. Por esta última razón cualquier generalización ha de tener un grado de flexibilidad (adecuación), una posibilidad de apertura (modificabilidad) y lógicamente un criterio de corroboración (confirmabilidad). Es admirable la certeza íntima o experiencial administrada por personas con talento, capacidad y voluminoso trabajo acumulado, pero si obnubila y ciega, la experiencia puede convertirse en un obstáculo para el logro de aquello que se quiere alcanzar. Parece que sería recomendable adicionar una ley de carácter metodológico a las veintidós propuestas: La ley del Límite: En marketing y en psicología exagerar en la aplicación de ciertos principios establecidos como leyes es correr el riesgo de hacer dichas prácticas inoperantes en tanto distorsionan la naturaleza misma de lo que estudian.

Después de este análisis uno puede pensar que lo mejor es no escribir nada que parezca un glosario de leyes o principios para las prácticas del marketing, pues lo que se escriba será tratado cuando menos con el mismo nivel de exigencia. Sin embargo, separándome del intento de establecer leyes, resulta válido y hasta necesario llamar la atención sobre algunos conocimientos psicológicos generales acerca del sujeto humano, subrayar ciertas representaciones vinculadas a la psicología del ser humano concreto que es sin duda uno de los referentes fundamentales en la construcción contemporánea de las prácticas del marketing. Me permito llamar a los próximos apuntes de CONTRIBUCIONES desde la psicología con la intención de hacer del conocimiento psicológico del hombre cotidiano un elemento constitutivo del encuadre de las prácticas del marketing y una herramienta del hombre de marketing.


CONTRIBUCION 1.
RECONOZCA LOS HABITOS PERO NO ESPERE DEMASIADO DE ELLOS.

Psicológicamente el ser humano está dotado de hábitos capaces de establecer comportamientos típicos, involuntarios e incluso irracionales. Los comportamientos sustentados en el hábito tienden a una cierta estabilidad. Precisamente por esto ellos permiten una amplia predicción. Si observamos el comportamiento general de los consumidores, veremos que un volumen a veces impresionantemente alto de sus conductas específicas está esencialmente sustentadas en el hábito. El hábito tiene su mayor ventaja personal en su valor liberador de esfuerzo subjetivo. Él nos libera del engorroso y difícil proceso de toma de decisiones. Pero así como libera, el hábito también esclaviza. Por lo que se convierte en un instrumento de la adaptación pasiva y en un elemento resistencial al cambio.

He escuchado a muchos hombres de marketing afirmar con total convencimiento: “si consumir nuestro producto se convierte en un hábito tenemos el futuro asegurado” . Si el hábito se establece es posible obtener muchas ventajas, pero la conducta que se sustenta en un hábito se torna, como antes señalé, irracional. En este sentido aparece un grave peligro: el hombre moderno quiere saber, quiere decidir, quiere hacer las cosas por su libre decisión, por eso no le gusta lo habitual, lo común. Rechaza la rutina, lo típicamente dado. No le complace más de lo mismo, quiere otra cosa.

No se puede sustentar una acción profesional solamente en el reconocimiento de ciertos hábitos (hábitos de consumo, de compra, de uso, etc.). Más aún, a pesar de que en volumen son las conductas habituales las que dominan el escenario comportamental del ser humano, no son estas las que lo caracterizan esencialmente. De modo que él consumidor es, esencialmente, donde menos habitual es. Su patrón cualitativo comportamental no está en lo que siempre hace, sino en lo que puede no hacer casi nunca, o en lo que le gustaría hacer pero no hace.

Ante esta peculiaridad psicológica el marketero se pregunta ¿y por qué entonces existe la fidelidad de marca?. A lo que el psicólogo responde: la fidelidad no es un acto de hábito, sino de racionalidad. Lo que no tiene razones ni se sustenta en argumentos difícilmente genere fidelidad. La fidelidad, en todos los ámbitos, es la sujeción consciente y voluntaria a un conjunto de manifestaciones comportamentales sobre la base de ciertas atribuciones que sustentan las decisiones del sujeto. La lealtad es la repetición de la compra sustentada en un compromiso. La repetición de la compra a causa del hábito, es una compra por inercia, sin compromiso.

Una buena alternativa es pensar que  EL HABITO NO HACE AL CONSUMIDOR, ES EL CONSUMIDOR QUIEN HACE Y DESHACE AL HABITO.



CONTRIBUCIÓN 2.
EL COSTO Y EL BENEFICIO SON PSICOLOGICAMENTE SENTIMIENTOS.

La primera vez que dije esto en un círculo de gerentes y empresarios, eran sobre todo de las áreas de comercialización, ventas, inversiones, etc. poco faltó para que me devoraran con las manifestaciones de desacuerdo. Inmediatamente les recordé a los participantes que una buena parte del trabajo de los psicólogos se conecta no con la verdad, categoría ontológica perteneciente al espacio de lo objetivo, sino con la verdad del sujeto. Esto quiere decir con aquello que las personas sentimos como la verdad, aquello que se sustenta primariamente en nuestra certeza emocional, podemos decir en una creencia. Y esto es algo de suma importancia sobre todo cuando desarrollamos estrategias verdaderamente centradas en el cliente, no en el producto.

Visto primariamente desde el ángulo directamente psicológico el asunto es claro. Lo que es un costo (su intensidad relativa, sus efectos, etc.) para una persona, así como lo que es un beneficio (lo que gana, lo que evita, etc.) pertenece al domino de su valoración (percepción, representación) personal. Si alguien albergara alguna duda puede despejarla muy fácilmente. Basta con conversar con dos consumidores de un producto cualquiera acerca de la relación costo/beneficio. Mientras que el economista está pensando en el costo como conjunto de números, el sujeto cotidiano, ese que estamos llamando el consumidor, está pensando en el esfuerzo relativo, en las dejaciones paralelas, en lo que significa para él el objeto meta (objeto de consumo). Así pasa también con el beneficio.

Dicen Lele M y Sheth J. Que “la empresa que mantiene a sus consumidores contentos es prácticamente invencible. Sus consumidores son más leales. Compran más, y más a menudo” (Lele M., Sheth J.1989.p.1). El estar contento es sustituible por satisfechos, y el planteamiento entonces resulta ser el siguiente: “Los consumidores evalúan y juzgan sus niveles de satisfacción o insatisfacción de un producto contrastándolo con el nivel de expectativas de referencia que se habían creado o que le habían fijado en su mente” (ídem.p.116). El asunto entonces es sobre todo, no hay dudas, la mente del consumidor.

La decisión es un acto del consumidor, la preferencia es una peculiaridad del consumidor, así también lo son la duda, la sensación de “buena alternativa”, la percepción de utilidad, etc. Si reconocemos la idea de que el producto es solo producto para un consumidor, entonces no es difícil comprender que las ventajas y desventajas de su consumo también son referentes del consumidor. La comunicación puede hasta lograr favorecer el acceso del consumidor a una cierta información, facilitar la creación de una cierta imagen, puede hacer mucho, pero solo en la medida en que se integra al universo simbólico del consumidor. Por eso, el principio y el final de la cadena son dos caras del mismo sujeto – el consumidor entendido como necesidad y el consumidor entendido como demanda. Entre la necesidad y la demanda se ubica toda la gestión de marketing.
Vale la pena recordar siempre: LO QUE SE SIENTE ES SIEMPRE LA VERDAD, NO IMPORTA CUAN FALSAS SEAN LAS EVIDENCIAS.


CONTRIBUCION 3.
CREERSELO ES LA MÁS PODEROSA RAZON HUMANA.

En una de sus obras más conocidas “Psicología de la Conducta” Bleger refiere lo que denomina el Teorema de Thomas. En su formulación dice aproximadamente: “si el hombre define situaciones como reales, ellas se hacen reales al menos en sus consecuencias” (Bleger J.1973). Bleichmar H. por su parte denomina de “transposición categorial” al proceso que explica el discurso totalizante de la creencia: “la creencia o premisa que actúa como punto de partida organiza, moldea, transforma los datos de modo que pasen a ser miembros de su clase” (Bleichmar H. 1983.p.97). La misma idea revelada desde otra óptica. Un poco más recientemente, mirando desde el paradigma de la Programación Neurolinguística, O’Connor y Seymour señalaban: “Las creencias son nuestros principios rectores, los mapas internos que empleamos para dar sentido al mundo; nos dan estabilidad y continuidad...cuando creemos algo actuamos como si fuera verdad...los hechos se interpretan en forma de creencias, y las excepciones confirman la regla...no son simplemente mapas de lo que pasó, sino planes o estrategias para acciones futuras” (O’Connor J., J Seymour.1995.pp.131-132). 

Efectivamente, antes, cuando presenté mi paradigma argumental, llamaba la atención sobre la importancia del creer, de lo que cree el sujeto (el consumidor, el cliente). La creencia es la certeza emocional de la verdad. Es una razón emocional. Ostenta el poder de lo irracional racionalizado, construido como un sistema de argumentos irrevocables, prácticamente incuestionables. Conforman, junto a otras construcciones subjetivas, el espacio de los referentes primarios de las decisiones, de las afiliaciones, de las valoraciones del sujeto acerca de las cosas, las personas y los sucesos que conforman su cotidiano de vida.

Para el hombre de marketing es saber de las creencias es fundamental. Ellas llegan a rivalizar con la experiencia de la realidad y no pocas veces salen vencedoras. Todavía muchos consumidores dicen: “Para relojes los suizos. Para perfumes los franceses”. Se pueden tener muchas evidencias de que tales afirmaciones tienen unos cuantos años de atraso, sin embargo en el espacio atemporal de las creencias los relojes suizos y los franceses se ganaron un lugar.

Créalo o no lo crea: CREER ES LA MAYOR RAZÓN QUE MUEVE EL COMPORTAMIENTO HUMANO. HAY QUE ACCEDER A LAS CREENCIAS DEL CONSUMIDOR Y LOGRAR QUE NOS CREA.


CONTRIBUCION 4.
LA FUERZA CON LA QUE UNA PERSONA QUIERE CAMBIAR CASI SIEMPRE VA ACOMPAÑADA DE OTRA SIMILAR PERO EN SENTIDO OPUESTO.
El hombre de marketing muchas veces es asediado por el entorno que le exige modernización, cambio. Se ve enfrascado en la búsqueda y lanzamiento de nuevos productos. Solicita estudios de mercado, investigaciones de factibilidad, busca indicadores que le permitan modificar su portafolio con la mayor eficiencia y certeza. Al fin toma las decisiones. Y ante cada decisión, incluso las más certeras, comprueba que las cosas al comienzo no marchan bien. El carácter pragmático de su trabajo lo convoca a pensar en la inmediatez de los efectos. Es posiblemente esta una de las razones por las que algunos se centran en el costo. Sin embargo, la inmediatez en el marketing es en cierto sentido peligrosa. Soy de los convencidos de que para hacer marketing hay que conocer bien el pasado, tener los pies bien puestos en el presente, pero sobre todo mirar al futuro.

¿Por qué casi nunca las cosas marchan bien al principio?. La respuesta puede incluir cualquier cantidad de elementos. Pero la psicología tiene una respuesta muy particular en la noción de resistencia. Los seres humanos somos hijos de una articulación dilemática: ”Escobita nueva barre bien (viva lo nuevo), pero... Más vale malo conocido que bueno por conocer (viva lo viejo)”. Pichon Riviere lo represento con claridad meridiana en lo que denominó los procesos resistenciales al cambio y que en su visón del asunto se sustentan en la ansiedad depresiva y la paranoide (temor a perder lo que se tiene, lo que brinda seguridad, y temor al ataque, la inseguridad de lo que aún no se tiene). El cambio: lo más deseado, lo más temido. Esa es la cuestión.

Pensando en este sentido lo que sucede con las avanzadas de los predictores del comportamiento de los consumidores, aquellos que nos dicen con una seguridad que no deja espacio a la duda, estamos necesitados de reconocer que el primer comportamiento esperable de un consumidor ante un cambio es la resistencia. Y en materia de culpas, la resistencia siempre la paga el producto. Por eso la evaluación primera, resistencial, que hace el consumidor del producto nuevo esta casi siempre excesivamente cargada de críticas. Muchos especialistas incluso recomiendan con fuerza ser especialmente cautelosos en la valoración de los efectos inmediatamente positivos de cualquier gestión con el consumidor. Como dice Marguerite Yourcenar, en su “Alexis o el tratado del inútil combate”, “La virtud tiene sus tentaciones, como todo: mucho más peligrosas porque no desconfiamos de ella”.

Esto nos ayuda a comprender por una parte el carácter relativo de la predicción, de la mejor incluso de las predicciones. El consumidor es solo una tendencia en los análisis que hacen los especialistas. El es un sujeto concreto que se va a comportar atendiendo a peculiaridades bien diferentes en la medida en que sus relaciones con el producto se van modificando. De otra parte nos ayuda a entender la dinámica de los cambios de un producto en el mercado. Lo que desde el lenguajear técnico se denomina el ciclo de vida de un producto, es psicológicamente la historia de las relaciones que los consumidores establecen con dicho producto: del desconocimiento al darse cuenta (debut), de la resistencia al acriticismo (introducción), del acriticismo a la valoración objetiva personal (crecimiento), de la fidelidad a la demanda de mejoramiento (madurez), intentos de cambio (declive).

Por extraño que pueda parecer, cuando se habla de consumidores, entiéndase de seres humanos, LA NEGATIVA  USUALMENTE ANTECEDE A LA AFIRMACION, EL RECHAZO A LA ACEPTACION, LA RESISTENCIA A LA ENTREGA PERO AL FINAL VALE LA PENA.


CONTRIBUCION 5.
LA LOGICA SE MODIFICA PSICOLOGICAMENTE POR LAS REFERENCIAS PERSONALES.

En un libro que considero de gran interés “La psicología de los objetos cotidianos” Norman D. (1990) señalaba: “Parece natural que la gente eche la culpa de mala suerte al medio. También parece igual de natural echar la culpa de la mala suerte de otras personas a las personalidades de éstas. Dicho sea de paso, cuando las cosas van bien, se establece la atribución opuesta. Cuando las cosas van bien, la gente lo atribuye a la propia fuerza de su personalidad y a su inteligencia...Los espectadores hacen todo lo contrario. Cuando ven que a alguien le van bien las cosas se lo atribuyen al medio” (Norman D.1995.pp.61-61). La evaluación de sí mismo y la del otro se sustenta en dos lógicas distintas: Yo tengo capacidad pero mala condición, él tiene buena condición pero no capacidad. Si a mí me sale bien es por ser como soy, si me sale mal son las condiciones. Por el contrario si a otro le sale bien es porque le favorecieron las condiciones, si le sale mal a el es por ser como es.

La valoración que hace el sujeto de ciertas cosas significativas de su ambiente varía en dependencia de dónde pone el punto de referencia. Por eso precisamente siempre hay que indagar en el consumidor, siempre hay que investigar. No es bueno en el análisis del comportamiento probable del consumidor funcionar con el principio de “yo los conozco bien y se como ellos piensan”, tampoco con la clásica deducción o inducción del tipo “si les gusta algo entonces lo comprarán”. La lógica que da certidumbre para tales afirmaciones puede verse sustancialmente modificada por efecto de muchas variables dentro de las cuales las psicológicas juegan un importante papel.

No se debe olvidar nunca que cuando de consumidores se trata la inferencia del especialista no debe sustituir a la realidad de consumidor (una razón más por la que defiendo los estudios cualitativos del consumidor). La única lógica que explica el comportamiento del consumidor es la lógica del consumidor y el asunto es aprehenderla no presuponerla. En definitiva así como el sentido común es el menos común de todos los sentidos, LA LOGICA DEL CONSUMIDOR, AUN CUANDO SEA LA MENOS LOGICA DE TODAS, ES LA UNICA EN LA QUE EL SE RECONOCE COMO CONSUMIDOR Y RECONOCE SUS DECISIONES


CONTRIBUCION 6.
LO MOTIVACION OPTIMA PARA EL SUJETO ES SIEMPRE UNA MAGNITUD VARIABLE DENTRO DE LOS LÍMITES DE LO RAZONABLE.

Uno de los problemas por el que más somos convocados los psicólogos por parte de los directivos empresariales de todo tipo es el de la motivación. La noción de motivación, a cuyo estudio e investigación dediqué buena parte de mi vida profesional, es un arma de doble filo. Ella parece decir algo que todo el mundo sabe lo que es y nadie duda de su existencia, pero al mismo tiempo es o puede ser tantas cosa que nadie logra sobre ella una precisión. Pero más allá de las discusiones teóricas en las que no pretendo detenerme hay un consenso, yo diría que incluso unanimidad en algunas cosas. Podría formular una de ellas del siguiente modo: El ser humano hace algo solo si está de alguna manera motivado, y mientras mayor sea esa motivación más seguido lo hará.

Así muchas veces las estrategias de marketing, en lo que a comunicación se refiere, por poner un ejemplo, dedican grandes esfuerzos, recursos y dinero a lograr motivar a los consumidores en la dirección del consumo del producto que ofrecen. Parece que la cuarta “P” (promoción) del marketing mix apuesta a la motivación una buena parte de los recursos. No faltan las rifas, los regalos de todo tipo, las entregas adicionales, los costosos anuncios en los medios, etc.  Así mismo, el hombre de marketing tiene un aprecio especial por el rol de lo aspiracional en la determinación del comportamiento, de modo que siempre pone algún acento en lo que se desea pero no está al alcance, en lo que motiva a lo inalcanzable, la motivación de logro le llamaba Atkinson J.W. (1957)

Muchas veces se esgrime como ejemplo del valor de la motivación la gestión de venta que un vendedor experimentado es capaz de realizar en la dirección de motivar al consumidor (o al prospecto) y lograr que este compre su producto. Es cierto que es así. Pero una cosa, como se sabe, es la compra por impulso, que no genera repetición ni fidelidad, y otra la compra que se sustenta en una verdadera demanda del consumidor. “Una persona se puede emocionar con un producto y responder ante usted, pero no tiene necesidad de lo que usted está vendiendo...algunos consumidores que están motivados emocionalmente por necesidades psicológicas, todavía necesitan justificar la compra convenciéndose de que están comprando con propósitos prácticos”(Mortell A.1992.pp.66-67). El consumo es un comportamiento plurimotivado. No es explicable desde la acción de algunos de sus elementos tomados por separado.

No hay duda de que la motivación es un componente esencial del acto comportamental, sobre todo del comportamiento consumatorio y reincidente, es decir no solo para comenzar a hacer algo sino para llevarlo hasta el final y después mantenerlo. Sin embargo, el análisis de los cuantos de motivación requiere algunas consideraciones de rigor.

Yerkes y Dodson, dos investigadores del comportamiento, hace muchos años demostraron empíricamente que la cantidad de motivación que se puede movilizar para lograr una ejecutoria eficiente es una cantidad variable que depende de la dificultad relativa de la tarea. Se habla de un óptimo de motivación. Mientras mayor es la dificultad la intensidad de la motivación que soporta el sujeto sin desorganizar su comportamiento es menor. Mientras menor es la dificultad mayor es la cantidad de motivación que se puede movilizar sin afectar el éxito. Usualmente la primera vez que se piensa en esto parece un contrasentido, parece contradecir la más elemental lógica. Pero el asunto es sencillo si lo vemos de otra manera: el exceso de estimulación sobre el consumidor con el objetivo de desarrollar en él una fuerte motivación para el consumo, puede convertirse en su contrario. Se produce el “embotamiento motivacional” del consumidor, y con el la cesación del comportamiento en la dirección deseada.

Para poder entender el sentido y el valor de tal hallazgo hay que considerar que un exceso motivacional puede traducirse en una desorganización comportamental. ¿Qué es el estrés sino un exceso motivacional?. Los psicólogos empeñados en el estudio y atención de las disfunciones sexuales saben que en muchos casos dificultades tales como la ausencia de erección o la eyaculación precoz tienen entre sus determinantes una hipermotivación. Creo que es a Napoleón a quien se adjudica la antológica frase “vísteme despacio que estoy apurado”.

Cuando un consumidor está siendo excesivamente motivado para el consumo de un producto suceden cosas peligrosas:
1.     Desarrolla expectativas de satisfacción excesivamente altas que en algunos casos desbordan las posibilidades reales del producto.
2.     Se vuelve muy vulnerable a la frustración negativa y por ende al desencanto o desesperanza de consumo.
3.     Aparecen incertidumbres sobre la credibilidad del producto, o de su representante, sustentadas en la excesiva referencia a ciertos atributos del producto.

Hay una idea que viéndola desde varios ángulos conviene a finanzas, a producción, a directoría y a marketing: EL VALOR MAS EFICIENTE DE LA MOTIVACION NO ES LA MÁXIMA INTENSIDAD SINO LA OPTIMA Y ESTA VARIA DE UN PRODUCTO A OTRO. HAY QUE MOTIVAR A LOS CONSUMIDORES, PERO SIN EXAGERAR.


CONTRIBUCION 7.
LOS CONSUMIDORES SON SIEMPRE PERSONAS CONCRETAS, NUNCA NUMEROS.

Es difícil, a pesar de las múltiples evidencias, convencer a un hombre de marketing del carácter relativo de las tendencias estadísticas. Muchas veces el hombre de marketing parece que “cree más en el realismo de la medida que en la realidad del objeto” (Bachelard G.1983.p.251). La relatividad de tal presuposición es algo que solo lo entiende cuando la decisión que quiere tomar es contradictoria con los resultados que se le presentan de alguna encuesta. El mundo de las encuestas es el terreno de las certezas para muchos gerentes, directores, etc. Encontrar en un informe algún cálculo de la más elemental estadística descriptiva es para muchos un motivo de alegría y certidumbre. Si tropezamos con una estadística mucho más elaborada, con alguna prueba no paramétrica, entonces la euforia evalúa directamente el trabajo realizado como excelente. Se obvia así que “...la precisión de una puntuación numérica puede ser más aparente que real, debido a que la forma en que se llega a ella puede limitar severamente las interpretaciones que se pueden hacer sobre ellas” (Scott W., Wertheimer M. 1981.p.91).

Las grandes muestras de miles de encuestados, la aplicación diaria de formularios de todo tipo parece hablar a favor de la importancia que se le concede a los estudios de opinión de los consumidores. Efectivamente, el predominio del énfasis en el consumidor multiplicó el ya voluminoso espacio que las encuestas tenían en las acciones de marketing. "El gobierno de las encuestas", dice Debray R. (1995.p.150). Encuestas y estadísticas, he aquí un matrimonio que armoniosamente ha sobrevivido los embates del tiempo y sobreviven en una rutina que dura ya más que todas las relaciones pecaminosas que han intentado ganar algún espacio sobre todo en el terreno de los estudios de mercado.

Sin embargo, el psicólogo sabe que la tendencia no es nunca alguien en concreto, sabe además que la estadística es un artificio instrumental y no un criterio, y que el mejor modo de arribar al criterio, incluso de entender lo que puede significar un dato estadístico, es el contacto directo, intensivo y diferenciado con el consumidor. Por eso, sin renunciar a las prácticas tradicionales, sobre todo allí donde su pertinencia parece menos discutible, aboga y recurre a un estudio más cualitativo, menos marcado por los números y más por la comprensión profunda de lo que se estudia.

En cualquier caso, reconozco que es muy común el que detrás de una defensa a ultranza de la “supuesta objetividad” de los números lo que se esconde es resistencia a reconocer los errores, lo que se hace mal, subvaloración de la importancia de la investigación en las prácticas del marketing Algo similar señala Finnigan J. con respecto a las prácticas del benchmarking y que es posible hacer extensible a lo que planteo aquí: “La mayoría de las personas que no están familiarizadas con el proceso...muestran la tendencia a no creer en los resultados de una investigación, especialmente si son malos. Primero, la gente directamente afectada por los resultados de un estudio casi con toda seguridad exigirá una especie de certificación...Aquellos que se sientan amenazados, naturalmente son los que se comportarán más a la defensiva y serán más agresivos al revisar los resultados. Es probable que estas personas busquen grietas en la estructura de la investigación y, con toda seguridad, los acompañarán aquellos de entre los oyentes cuya primera inclinación es siempre demandar una explicación...” (Finnigan J.1997.p.128).

La aproximación metodológica cualitativa no es un empeño tan reciente como para ser defendido como gran novedad. Ella tiene su origen en lo que algunos llaman la “opción fenomenológica” que persigue esencialmente el estudio de los fenómenos humanos en su realidad, no como datos, no como representaciones, sino como cualidades reales humanas. Estos sucesos no pueden ser estudiados desde esta perspectiva con las mismas opciones metodológicas e instrumentales que el positivismo, para bien y para mal, ha desarrollado para producir datos susceptibles al análisis estadístico, matemático. Por esto se “busca comprensión por medio de métodos cualitativos tales como la observación participante, la entrevista en profundidad y otros, que generan datos descriptivos” (Taylor S.J., Bogdan R.1992.p.16).

Para muchos, la metodología cualitativa está referida a técnicas concretas, a los procedimientos mismos, sin embargo una visión más cercana a lo esencial nos permite afirmar que ella es sobre todo una actitud especial, una filosofía, distinta a la cuantitativa, de pensar, reconocer, capturar y entender el mundo de los acontecimientos empíricos relevantes a ciertos objetos de estudio. Al mismo tiempo es importante destacar que la determinación de trabajo dentro de una perspectiva cuantitativa o cualitativa no ha de recaer apenas en el gusto del investigador, sino que resulta una decisión tomada sobre la base de la consideración conjuntiva de varias cosas. Un estudio cualitativo no es un análisis informal, opinático, basado en una mirada superficial a ciertos comportamientos. Es un instrumento de investigación sistemática y científica que se ejecuta con procedimientos rigurosos, aunque no necesariamente estandarizados.

Algo muy a favor del uso de tales procedimientos en los estudios del comportamiento del consumidor, es que en estos procedimientos el dato es de referencia directa. El dato es lo que los sujetos dicen y hacen y como tal es presentado. La validez es más importante que la confiabilidad o la repetibilidad. La confiabilidad atenta contra la validez de la investigación de sujetos humanos

Una de las llamadas desventajas de los procedimientos cualitativos es que en ellos hay mucha presencia del factor experiencia del investigador. Es cierto. Pero que se pretende sustentar con esto, que el análisis estadístico niega la importancia de la experiencia. No creo que exista un marketero que niegue la importancia del llamado “feeling” en muchas de las acciones de mercadeo. Y el feelin es instituido desde la experiencia.

El marketing vinculado al estudio del consumidor está muy necesitado de los procedimientos cualitativos, sobre todo porque estos son de vocación humanista. Su basamento es el contacto directo con las personas en sus escenarios reales de vida, o lo más cercano posible a ellos. Convocan a una actitud creativa y flexible del investigador. Priorizan la situación natural no intrusiva. Se interactúa con las personas de manera natural, como una conversación. Se trata de no influir sobre las personas, sino de recoger lo que ellas sienten, dicen, hacen y piensan. Por último, su referente es el sujeto que se estudia. No hay modelo preconcebido de cómo han de ser las cosas. El objetivo es saber. No se busca la verdad de un presupuesto, sino la existencia de algo en los sujetos que se estudian.

Si es que a alguien le genera duda el valor de los métodos cualitativos en las prácticas del marketing quede al menos una recomendación: LA ESENCIA DEL COMPORTAMIENTO HUMANO NO ESTA EN LAS MAGNITUDES TANGIBLES, DE CANTIDAD, SINO EN SU CUALIDAD. SI DE SABER AL CONSUMIDOR SE TRATA EL CONOCIMIENTO QUE MAS LO CARACTERIZA HA DE SER ANALOGO A SU ESENCIA CUALITATIVA.


CONTRIBUCION 8.
LA PSICOLOGIA DEL CONSUMIDOR ES SIEMPRE COLECTIVA.

Los seres humanos somos mucho más similares entre nosotros que diferentes, solo que la diferencia nos llama más la atención que la comunidad.  Las acciones de mercadeo sobrestiman el significado de la segmentación, llegando a plantearse la utopía de lo diferencial personal como destino del llamado marketing directo. En esto se obvia algo fundamental: “El individuo humano – afirmaba Pichón Reviere – es un ser de necesidades que solo se satisfacen socialmente, en relaciones que lo determinan. El sujeto no es solo un sujeto relacionado, es un sujeto producido. No hay nada en él que no sea la resultante de la interacción entre individuos, grupos y clases” (Zito V.1976.p.107).

El asunto puede ser planteado mucho más concretamente: ¿Compraría usted una automóvil sin consultarlo con su esposa?, ¿cuando usted se va a comprar alguna ropa no dice cosas del tipo “esta buena para trabajar”, “esto es para ocasiones especiales”, “para el trajín esta perfecta”?.  ¿Qué tiene que ver la ropa con el uso que se le va a dar?. Por supuesto que mucho: la imagen ante los demás. El otro siempre está en la mente del consumidor. No hay duda alguna: ningún consumidor consume solo.

La comprensión del carácter colectivo o social de la psicología del consumidor entra por diferentes vías, algunas más conceptuales, otras más empíricas. Las más significativas son:

1.     La construcción de la mente del consumidor es social, es colectiva. Se produce por medio de la acción de otros sujetos.
2.     El consumidor siempre, aún cuando no lo perciba, está en relación con otro. El objeto que él consume es producido por otro consumidor, y pensando en y para otros consumidores.
3.     Hasta las más elementales decisiones de consumo se toman en relación directa o indirecta con otro – el que provee o no el objeto del consumo.
4.     Generalmente el consumidor comparte su deseo de consumo, su capacidad de consumo y sus decisiones de consumo con otro consumidor.

No es posible pensar solamente en la individualidad diferenciante del sujeto como punto de referencia de las acciones de marketing. La diferenciación del consumidor (como habitual, como casual, como cliente, etc.) es algo que pertenece a la inclusión diferenciada de las individualidades en diversos grupos de pertenencia y de referencia. De modo que la Psicología del Consumidor es siempre psicología social, psicología de los grupos, de las clases, a las que pertenece, y también psicología de las personas con quien convive, de las personas que admira y ama.

Nadie consume solo para sí, sino también para algo y para alguien más. El otro es siempre un punto de referencia en las prácticas comportamentales del consumidor. Probablemente por eso existen, entre otras razones, fenómenos como las modas, las altas y las bajas en las dinámicas de ventas de los productos. Entonces es conveniente llevar en consideración que CADA CONSUMIDOR ES MUCHOS CONSUMIDORES, EL COMPORTAMIENTO DEL CONSUMIDOR ES TAMBIEN EL DE SU GRUPO DE REFERENCIA. CONOZCA A UNO Y CONOCERA A MUCHOS. LA EXCEPCION ES PARA MUCHOS LA REGLA.


CONTRIBUCION  9.
PSICOLOGICAMENTE LOS AMBIENTES SON PARTE DEL PRODUCTO.

En más de una ocasión, tratando de contextualizar la categoría necesidad, le he hecho referencia a mis alumnos de una frase escrita por Marx en la Contribución a la Crítica de la Economía Política: "El hambre es hambre, pero el hambre que se satisface con carne cocida, que se come mediante un cuchillo y un tenedor, es un hambre muy distinta de la que devora carne cruda con ayuda de manos, uñas y dientes" (Marx, C., 1975, p.235). La necesidad hace al objeto pero en el proceso en el que éste hace a la necesidad. Y esto no solo hace referencia a la relación con el objeto sino, de manera general, al contexto, al escenario, al ambiente en el que la necesidad se realiza (se satisface o busca su satisfacción).

Hasta una persona poco instruida en las referencias del marketing contemporáneo sabe que si el cuidado del producto (calidad, presentación, prestaciones, etc.) es fundamental, el ambiente, el espacio concreto en el que el es expuesto al consumidor es tan relevante cuanto el producto mismo. En el espacio psicológico las cosas, junto a las llamadas dimensiones de la realidad, adquieren una nueva dimensión integrada: su significación. La significación supone una visión integral de la realidad presentada, es el producto de un proceso de análisis semiológico y semiótico intuitivo que se produce incluso primariamente al nivel mismo del acto perceptivo.

El consumidor evalúa congruencias e incongruencias de los parámetros físicos, simbólicos, representacionales. Por solo poner algún referente concreto: precio-punto de venta, calidad referida-garantías ofrecidas, autenticidad del producto-vestuario del vendedor, etc. Todas estas son cosas no solo que se integran a la valoración del producto, mucho más, son cosas que instituyen y constituyen el producto. En el universo psicológico del consumidor no están diferenciadas primariamente, por el contrario constituyen un todo que acertadamente se representa con la noción de imagen. El consumidor requiere de congruencia en esa imagen, no resiste la disonancia, como precisó Festinger L. “La disonancia cognoscitiva tiende a producir un estado displacentero de tensión o disconfort” (Baron R.,Graziano W.1991).Entonces su vía más probable es eliminar al producto de su campo de acción  (consumo) posible.

Algunos lo saben y son consecuentes. Muchos no lo creen. Los menos no lo saben. El asunto es lograr una coherencia entre producto y escenario de exposición al consumidor (lugar de venta, lugar de consumo, etc.).

Algo más. En su caracterización del fin de siglo dice Ramonet que "los ciudadanos sienten, de forma confusa, que hay que conquistar unos nuevos derechos del hombre. Que la generación de los derechos políticos (siglo XVIII) y de los derechos sociales (siglos XIX y XX) debe ir seguida de una generación de derechos nuevos, ecológicos, garantes del derecho de los ciudadanos a la información, a la paz, a la seguridad, y también a la pureza del aire y del agua, y a la protección del medio ambiente" (Ramonet I.1997.p.44). Ya algunos han adelantado la idea y emprendido acciones que resulten congruentes. Estoy pensando, al menos primariamente, en la propuesta del Marketing ecológico: “cualquier actividad cuya finalidad sea producir un impacto positivo o reducir el impacto negativo que un producto tiene en el ambiente, a fin de aprovechar el interés de la población en problemas ambientales” (Staton W., Etzel M., Walker B.p.808).
Obviamente, desde una perspectiva social y humanista no se trata de aprovechar un cierto boom ecologista, o la existencia de un segmento de población especialmente susceptible a productos ecológicos, sino sobre todo de hacer entrar en las acciones de marketing las preocupaciones ecológicas, el respeto y el acompañamiento de las acciones de preservación ecológica de los microambientes y de los macroambientes. Un hombre de marketing que actúa consecuentemente con los postulados éticos y estéticos del humanismo contemporáneo tiene a su favor muchas más ventajas que desventajas en su contra. En definitiva PRESERVAR EL AMBIENTE ES PRESERVAR LOS ESCENARIOS DE CONSUMO Y AL PROPIO CONSUMIDOR HACIENDO LOS PRODUCTOS NO SOLO MAS HUMANOS SINO TAMBIEN MAS PRECIADOS. 


CONTRIBUCION DE LAS CONTRIBUCIONES 10.
EL SER HUMANO ES SIEMPRE UN SER HUMANO CONCRETO EN SITUACION.

Cuando pensando desde Freud se formuló una llamada Teoría de las series complementarais, uno de los aspectos más notorios que quedó plasmado, a pesar del enfoque profundamente intrasubjetivista del psicoanálisis, fue que el comportamiento tiene no solo determinantes disposicionales sino también situacionales. Con esto, entre otras cosas, se vino a reforzar una idea que, en mi opinión, convierte a la Psicología en una ciencia sui generis. El objeto-sujeto de la psicología tiene como uno de sus rasgos esenciales la variabilidad comportamental. Las relaciones entre sus causas y sus efectos están muy relacionadas con sus mediatizadores. Incluso la propia causa o el efecto pueden mediatizarse mutuamente.

El ser humano es desde su nacimiento un ser cambiante bajo las influencias externas de todo tipo. Nace incluso con su sistema nervioso aún sin terminar su ciclo de desarrollo porque serán las influencias sensoriales externas, la experiencia, el encuentro con el mundo quien dará el acabado. Nos es natural y primaria una “necesidad de nuevas impresiones” que nos hace no sujetarnos definitivamente a nada. Por eso nuestra vida no solo es cambiante, sino también diversa en su mismidad. Es la diversidad de la mismidad quien en gran medida permite los niveles de estabilidad del comportamiento.

El conocimiento del comportamiento del consumidor, de la psicología del consumidor, es entonces algo siempre inacabado, no es probable someterlo al artificio de los patrones estables y definidos desde y para siempre, no resulta veraz detenerlo entre indicadores de mesa, en modelos inmóviles, en perfiles únicos. Al consumidor siempre se le está conociendo, nunca se le conoce definitivamente.

Decía Murphy en sus divertidas y cínicas leyes que “en condiciones rigurosamente controladas de presión, temperatura, volumen, humedad y otras variables, el organismo actúa como le sale de las narices”. Excesiva quizás la afirmación, pero no lejana a una verdad insoslayable EL SER HUMANO EN CUALQUIERA DE SUS ROLES, INCLUIDO EL DE CONSUMIDOR, TIENE COMO RASGO ESENCIAL LA MODIFICABILIDAD, EL CAMBIO.


CONTRIBUCIÓN 11.
TODO EL MUNDO NECESITA UN PSICOLOGO

Después de todo lo dicho hasta aquí espero que la contribución conclusiva sea aceptada unánimemente: PIENSE EN LOS BENEFICIOS Y VERA QUE LOS COSTOS SE JUSTIFICAN HAGA UNA BUENA INVERSION PARA EL PRESENTE Y PARA EL FUTURO: TENGA SIEMPRE UN PSICÓLOGO EN SU EQUIPO DE TRABAJO

miércoles, 11 de enero de 2012


PENSANDO EN UNA PSICOLOGIA MARXISTA.
CONTRIBUCIONES PARA EL
RECONOCIMIENTO Y LA CONSTRUCCION.

¿Quién podrá, en la pasión de un culto legítimo
omitir los desaciertos en los que necesariamente
toda labor…puede incurrir?
Eusebio Leal

Quién dice que todo esta perdido.
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
Fito Páez

Alrededor de los años setenta en el discurso académico de la psicología en nuestro país se desarrolló vertiginosamente la utilización del concepto Psicología Marxista. Era un hecho novedoso para la psicología en Cuba. Con el se expresaba sobre todo la afiliación ideopolítica de nuestros profesionales y el empeño de pensar y hacer la psicología desde un paradigma distinto de los que conocíamos. La versión legitimizada y adoptada en muy poco tiempo, aunque no sin críticas y con la lógica reacción de resistencia de algunos, fue la Psicología Soviética. Los soviéticos desde hacía mucho tiempo venían hablando de la Psicología Marxista, incluso agregándole la consideración de leninista.

En realidad, el concepto de Psicología Marxista había disparado algunas polémicas. ¿Por qué hablar de una Psicología Marxista si no se habla de una química, o una matemática, o una física marxistas?, ¿qué diferencia existe entre una Psicología Marxista y el resto de la Psicología?, ¿es que acaso el objeto de una ciencia se modifica por efecto de la filiación política de sus adeptos?. Algunas de las discusiones suscitadas eran comprensibles y esenciales, otras más bien superficiales o de segundo orden. Entre estas últimas aparecía “la polémica de la denominación”: ¿es correcto decir Psicología Marxista o deberíamos decir Psicología de base marxista, o fundamentada en el marxismo, o de espíritu materialista dialéctico?. Absurda discusión que en algunos casos llevó a muchos “criticopedas sagaces” a decir que era una debilidad evidente en la supuesta unidad del enfoque marxista.

Lo cierto es que en nuestras aulas, en nuestros programas de estudio, se hablaba enfáticamente de la Psicología Marxista, aunque algunos no podían precisar con claridad que quería decir esto y otros se contentaban con señalar los trabajos de los soviéticos. A nivel académico muchas veces se traslucía una cierta impresión de que la Psicología Marxista era aquella que partía de considerar el carácter reflejo de lo psíquico, su determinación sociohistórica, una psicología que consideraba al hombre como movido por acciones volitivas conscientes y voluntarias, y que, lógicamente, respondía a los intereses de las clases desposeídas, siendo por tanto la única psicología verdaderamente científica.

El lado más sensible de la polémica estaba en el hecho de que muchos psicólogos esencialmente latinoamericanos, mujeres y hombres con una larga historia de lucha política a favor de la justicia social, de la liberación, a favor de los ideales emancipadores del marxsimo, se preguntaban si era que acaso ellos quedaban fuera del marxismo, si es que no eran considerados como defensores de las ideas del marxismo incluso para la psicología. Estos psicólogos abrazaban modelos teóricos que eran criticados por la Psicología Marxista como modelos típicos del pensamiento burgués. El caso posiblemente más notorio era el de los psicoanalistas argentinos – hablo, por supuesto, de aquellos psicoanalistas del psicoanálisis no domesticado, del psicoanálisis creativo que mira a otras fronteras, el psicoanálisis de la clínica social, del psicoanálisis de Plataforma, el psicoanálisis implicado como le llama Grande A (1996).  

Fue en este periodo que la tarea de la comprensión del significado de Psicología Marxista se hizo más urgente y necesaria.

I. PSICOLOGIA Y  MARXISMO.

Muchos nombres aparecen en la evocación de un primer recuerdo espontáneo del camino de acercamiento entre la psicología y el marxsimo: Politzer, Wallon, Zazzo, Seve, la Escuela de Frankfurt, Althouser. Las diferentes escuelas (ex)soviéticas – Vygotsky, Leontiev, Rubienstein. Por supuesto que Reich. En nuestra región, Bleger, Pichón, Merani, Bauleo, González Martín, y muchos otros. Siguiendo tradiciones distintas y también diferentes representaciones acerca del significado del marxismo se construyeron distintos modos de articular nuestra disciplina,- construcción en si misma plural y contradictoria en la que se suman decenas de escuelas, corrientes y modos de pensar y hacer -, con la palabra escrita, interpretada y repensada fundamentalmente de Marx y Engels, aunque también en algunos casos con la obra de Lenin V.I.

Entre esas diversas formas en que los psicólogos pensaban y realizaban la posible relación de nuestra ciencia con el marxismo podemos encontrar enfoques serios, pero también verdaderos panfletos casi burlescos. Podemos señalar algunas de ellas más con el ánimo de contar que de establecer algún tipo de taxonomía.

                 1. En algún momento, resultaba más o menos común encontrar a algunos que decían fundamentarse en el “ marxismo”, pero considerando que este no era suficiente para dar respuestas a los problemas esenciales del espíritu humano por su falta de comprensión de la espiritualidad. El marxismo resultaba insuficiente para sus grandes elucubraciones mitológicas y buscaban apoyo en teorías tan disímiles como el budismo zen, el yoga y cierta representaciones fisiculturistas que recuerdan al entrenamiento aeróbico cooperiano. Dentro de este conglomerado por lo general encontrábamos ese tipo de persona que se deleita en ponerse “etiquetas” que le den un rostro de hombre contemporáneo y de profundo compromiso social. La totalidad de estos, luego de la caída del muro de Berlín, se quitaron el traje rojo o lo llenaron de lentejuelas neoliberales y posmodernas.
2. No son pocos los que se fundamentaron en un marxismo cercenado en algunos componentes esenciales. Se conformaron paradigmas teóricos sustentados en la abstracción de una filosofía marxista desligada de su significado como teoría no solo revolucionaria, sino para la revolución. Un marxsimo sin el consecuente compromiso político y sin la consideración de la lucha de clases. Ante tales alternativas se tenía la impresión de que el vínculo con el marxismo era una suerte de afiliación fonética, algo así como un fetichismo verbal en el que se supone latentemente que hablar de trabajo enajenado, plusvalía, etc. son razones suficientes para ser marxista. Otras veces encontrábamos lecturas tan personales que el propio Marx tendría que reestudiarse a sí mismo. En realidad, en esta variante quedaba de Marx apenas un recuerdo lejano.
3. No faltaron los que partidarios de alguno de los grandes paradigmas de la psicología,  encontraron en estos ciertas insuficiencias que podían  ser “complementadas” o superadas con la incorporación de algunos elementos de la teoría marxista.  De paso dichos paradigmas se dan como portadores de algunos elementos que complementarían al marxismo allí donde este, supuestamente, resulta “insuficiente”. Vimos aparecer el conductismo marxista, la fenomenología materialista dialéctica, y lo que considero la variante más seria, el freudomarxismo y otros tipos de vínculos entre el psicoanálisis y el marxsimo.
4. Consideremos también a los que establecían una identificación del marxismo con la psicología marxista. Así como se suponía que la existencia del materialismo histórico hacía innecesaria una sociología,  se argumentaba que el materialismo dialéctico era la psicología del marxismo. De todo esto se desprendía una pérdida de identidad y especificidad entre dos cosas que son de suyo diferentes.  Del mismo modo en que en su época Comte sociologizaba lo psicológico, al tiempo que Durkheim psicologizaba lo sociológico, aquí el marxismo queda psicologizado y la supuesta “psicología marxista” quedaba en el terreno sobre todo de una filosofía.
5. Con mucha frecuencia la fundamentación en el marxismo se limitó a la ejercitación de una crítica a las escuelas, corrientes o tendencias del pensamiento psicológico. Crítica útil y necesaria pero que al no traducirse en un modelo alternativo o una guía constructiva para la práctica profesional de la psicología.
6. Algunos han establecido el vínculo de su identidad como psicólogos y como hombres comprometidos con la justicia social, la lucha emancipadora y el pensamiento, el ideario liberador del marxsimo, por la vía de sus compromisos y sus prácticas políticas. Han sido psicólogos con una práctica política marxista que han tratado de hacer consecuentes sus convicciones políticas con sus convicciones psicológicas.

Todas estas variantes, y sin duda alguna otras a las que no he hecho referencia, representaron acciones aisladas en el complejo escenario de la ciencia psicológica. En muchos casos, sus defensores fueron tratados como “sectores disidentes” de sus paradigmas de origen, por lo que resultaron poco difundidos y sistematizados. Los enfoques marxistas, los más y los menos, en su gran mayoría no han tenido mucho acceso a los espacios académicos, a las universidades, a los grandes centros de formación. En gran medida, dentro de las ciencias sociales y humanas, incluyendo lógicamente a la Psicología, ser marxista ha sido ser un luchador generalmente solitario o con un pequeño grupo de “guerrilleros”.

Quizás uno de los problemas más candentes de la época, era el hecho que los autores marxistas de los países socialistas, fundamentalmente europeos y en particular los soviéticos, tuvieron una actitud total e indiscriminadamente crítica destructitiva con todas las formas o búsquedas de unidad del marxsimo y la psicología que se produjera fuera del espacio físico y simbólico delimitado por el socialismo como sistema, la adherencia partidista al pensamiento comunista y fuera de los marcos de la naciente psicología soviética. Toda versión que no cumpliera con estos parámetros era tildada de revisionista, dañina y en última instancia tergiversadora del espíritu y la letra de Marx, Engels y Lenin. Con esto, por una parte, se producía una suerte de monopolización y oficialización del pensamiento marxista básicamente en los autores soviéticos y los que se adherían a su modelo comprensivo del marxismo, y por otra se cerraban las puertas a la diversidad, que como sabemos trae consigo sus inevitables errores posibles, pero también todos sus probables aciertos creativos. Sobre esto me detendré más adelante.

La posibilidad de construcción de una psicología marxista requiere, junto a la libertad del pensamiento y la polémica abierta sin encasillamientos preconcebidos y prejuiciales, clarificar un conjunto de elementos de  partida esenciales para que el empeño avance por el fértil terreno de la creatividad. Para el marxismo este espacio de creatividad y construcción es la dialéctica. Es desde una visión dialéctica que se hace posible derivar los principios reales de conformación de una psicología marxista. Intentaré señalar algunos que a mi juicio son de gran importancia.
1. Psicología y marxsimo no pertenecen a un mismo campo epistémico, no son referentes de la misma naturaleza, y por tanto sus relaciones (intercambios, complementaciones, interinfluencias, etc.) no deben entenderse como lineales y unívocas. El marxsimo no puede dar a la psicología ni su definición de objeto, ni su metodología y aparato conceptual específicos, ni los problemas concretos que ha de resolver. El marxsimo, como seguramente cualquier otro paradigma filosófico de partida,  tiene una prioridad instituyente sobre las prácticas científicas y profesionales específicas, solo que la resultante es siempre una construcción específica dada por los límites (los problemas, las nociones, las peculiaridades del objeto, etc.) de la ciencia en cuestión. Esto quiere decir, que si bien el marxismo impacta definitivamente un modo de  hacer y pensar la psicología, este modo responde no solo a las peculiaridades del marxsimo, sino también del paradigma específico de dicha ciencia.
2. Las relaciones, entonces, entre marxsimo y psicología pueden ser variadas y no necesariamente terminar o limitarse a la construcción de una Psicología Marxista. Sus relaciones pueden ser más o menos abarcadoras, pero no por esto menos lícitas. La legitimidad del carácter marxista de una cierta relación entre las prácticas profesionales de la psicología y sus construcciones teoréticas paradigmáticas está dada por lo que pudiéramos llamar la consideración de sus instituyentes fundamentales. Todo lo que signifique un acuerdo entre las derivaciones del pensamiento marxista y la actuación del psicólogo, entre el encuadre cosmovisivo y filosófico del marxsimo y ciertas representaciones teóricas, sin duda alguna no son necesariamente psicología marxista, pero no por esto dejan de ser aproximaciones marxistas a la psicología y a su práctica profesional.
3. El ser absolutamente consecuente con el marxsimo no es una propiedad inequívoca de una opción política. La política es una práctica que se deriva de una interpretación de la realidad desde un cierto paradigma ideocosmovisivo, filosófico, etc. Solo que como práctica al fin, ella es contextual y por ende supone una relación dinámica, flexible y móvil con respecto a su paradigma de origen. La peculiaridad, ventaja a mi juicio, del marxismo probablemente reside en que, consecuente con el principio dialéctico de su construcción, dicho dinamismo y flexibilidad es conditio sine qua non del propio paradigma y por tanto de suyo es un paradigma que se nutre de los contextos reales donde se realizan las prácticas de él derivadas. En su contradicción y contextualización está también su crecimiento y desarrollo.
Siendo consistentes con tal punto de vista y con el hecho indiscutible de que el marxsimo es una construcción continua, plural, dialéctica, entonces la Psicología Marxista es un espacio plural que abarca modelos teóricos distintos. Digamos que podríamos hablar de psicologías marxistas, entiéndase, de modelos distintos de desarrollo marxista en Psicología. Todos tendrán un núcleo común, pero se diferencian entre si.
4. La modificación esencial que a nuestro juicio el marxismo supone como “teoría pecaminosa” (hermosamente pecaminosa) es que el asume como parámetro constituyente la intencionalidad de las prácticas de el derivadas y sus compromisos ineludibles con un modo de ser y estar en el mundo, con una ética de lo humano, y sobre todo con la construcción de una vida más plena y justa de los seres humanos. Cuando en su conocidas tesis de Fuerbach Marx hablaba de la necesidad no solo de comprender al mundo sino sobre todo de transformarlo no se refería sencillamente a hacer que fuera distinto, sino que fuera de algún otro modo específico ya no en su fenomenología sino en sus atributos esenciales. La intencionalidad es la unidad de la teoría y la práctica, es en ella donde se expresa la esencia no solo revolucionadora, sino sobre todo revolucionaria del marxsimo. De este modo una comprensión de la relación entre marxismo y psicología abarca como fundamental la unidad intencional del referente paradigmático, el marxismo, y de la práctica profesional en cuestión, la psicología.

De este modo queda claro a nuestro juicio que no solamente una cosa es el marxismo y otra la psicología, sino que también una cosa es o pueden ser las relaciones entre marxismo y psicología, y otra cosa es una Psicología marxista. Un ejemplo desde la psicología quizás me ayude a expresar con más claridad lo que digo. En psicología existen muchas teorías dinámicas. En el campo de la concepción dinámica de la Psicología están juntos, por ejemplo, Freud y Lewin. Pero Lewin no sería nunca considerado dentro de la corriente psicoanalítica, ni Freud dentro del pensamiento gestaltista. Unidad y ruptura, comunidad y diferenciación, homogeneidad y heterogeneidad, son estos los parámetros que caracterizan las posibles relaciones entre el marxismo y la psicología.

II. LA PSICOLOGÍA SOVIETICA: UN INTENTO DE REALIZACIÓN DE
UNA PSICOLOGÍA MARXISTA.

Mantengo desde hace muchos años la opinión de que es dentro de la Psicología Soviética que aparece por primera vez como interés específico, generalizado y asumido por la inmensa mayoría de los psicólogos, el desarrollo de una Psicología Marxista. Esto  sin duda alguna se relaciona con el hecho de la fundación del primer estado socialista que postula al marxismo como doctrina oficial y como sustento de todas las prácticas que desde la afiliación política y estatal se realicen.

Para el caso de nuestro país no hay duda alguna de que los primeros pasos sistemáticos y como proyecto de gremio profesional aunque tienen una historia nada despreciable, se ubican en un pasado tan reciente que es difícil no reconocer con suma objetividad. Una de sus marcas fundamentales está en la influencia de la Psicología Soviética que se desarrolló especialmente después de la segunda guerra mundial.  Si preciso como lugar  de anclaje no toda la Psicología Soviética, sino particularmente la Escuela rusa de finales de la década del cuarenta no es por mero capricho, sino para ubicar una particularidad que se gestó en la extinta URSS después de los años treinta. Intentaré, para comenzar, dar mi visión muy personal del desarrollo de la Psicología Soviética en su vínculo con el marxsimo. Posiblemente sea una visión marcada severamente por la crítica, por la detección y el señalamiento sobre todo de los errores. Coincido con aquella idea de Bachelard de que “al volver sobre un pasado de errores se encuentra la verdad en un verdadero estado de arrepentimiento intelectual. En efecto, se conoce en contra de un conocimiento anterior, destruyendo conocimientos mal adquiridos o superando aquello que, en el espíritu mismo, obstaculiza la espiritualización” (Bachelard G.1983.p.15)

II.A. REFERENCIAS HISTORICAS.

La Psicología Soviética tiene, a mi juicio, cuatro grandes momentos, que no pueden ser delineados con la precisión de una fecha específica, sino que ocupan un tiempo existencial en el que se entremezclan  varios años. Uno que pudiéramos llamar de “BÚSQUEDA” (desde el triunfo de la Revolución de Octubre hasta aproximadamente los años treinta). El segundo, de “INSTAURACIÓN” (desde los años treinta hasta los sesenta, inicio de los setenta). Un tercer momento que llamaremos de “ESTABILIZACIÓN” (años setenta y ochenta). Y por último la “DISOLUCIÓN” (finales de los ochenta inicio de los noventa). Intentaré situar algunos rasgos sobresalientes de cada uno.

  1. LA BÚSQUEDA.

La mayoría de las representaciones que hicieron aquellos que se asomaron a la Historia de la Psicología de los primeros años posteriores a la Revolución rusa (Ananiev,1962; Iarochevski, 1971, 1976; Teplov, 1947; Smirnov, 1975 ; Rubinstein,1964, 1969 ; Zhdan,1979, 1983; Petrovsky, 1970; Rochin,1980 ) coinciden en dar a estos años un sello propio:la pluralidad.  La gran tarea de la época era elaborar una comprensión de la psicología acorde con los presupuestos sociales y filosóficos de la nueva sociedad que se pretendía construir. ¿Servía para esto la tradición de la psicología rusa?. Definitivamente no. A la usanza de la época en Europa, la psicología tenía en Rusia un carácter eminentemente experimentalista estructural. El más prominente psicólogo de la época y que deviene símbolo de la misma , Shelpanov, era un seguidor de los caminos abiertos por Helmoltz, Fechner, y más adelante la Escuela wundtiana. No obstante habría que reconocer que fue precisamente Shelpanov quién propuso y creó  el Instituto de Psicología adjunto a la Universidad de Moscú, quien creó un ambiente de rigurosidad y creatividad científica, quien favoreció que en el Instituto se diera “una buena formación psicológica, una preparación experimental excelente, con una orientación en toda la Psicología del mundo” (Zhdan,1979, p.7)

La generación de la Revolución quería, necesitaba y tenía  como tarea propia la revolución de la psicología, y siguiendo la idea leninista de ciencia proletaria, de universalidad de la cultura proletaria, se lanza a buscarla en varias direcciones. Unos siguen la tendencia demarcada por los materialistas rusos, en particular la línea de desarrollo de la ciencia proveniente de la antiquísima figura rusa de Lomonosov, y más cercanamente Sechenov y Pavlov. Otros buscan en la novedad de la corrientes predominantes en la época: el psicoanálisis, el conductismo, la sociología francesa. Es un hecho poco conocido que importantes figuras de la Psicología Soviética ulterior formaron parte del Círculo Psicoanalítico Ruso (Alexander Romanovich Luria) uno de los más fuertes de Europa. Tampoco es muy conocida la afición (¿predilección?) que L..S. Vygotsky sentía por el conductismo, llegando a pensar que una psicología marxista tendría de algún modo que pasar por tal comprensión de la ciencia del comportamiento humano.

La pluralidad real de las diferentes tendencias y la realización del único modo vital de existencia de una ciencia social humana: la polémica, la contradicción, la diferencia, la búsqueda, la crítica y la autocrítica, eran los pilares sobre los que crecía una psicología aún sin mucha novedad propia, nacional, pero con todas las condiciones para serlo.

En todo esto, como eslabón central,  estaba la búsqueda de una alternativa marxista de la ciencia psicológica. Era la tarea central al decir de Blonsky P.P. Pero conste que desde muy temprano estaba claro que la búsqueda no era panfletaria, sino genuina. No era movida por intereses políticos, sino científicos. Y no es que lo político no tuviera un papel importante en este contexto. Muy por el contrario. Las ideas leninistas de cultura proletaria, la idea leninista del combate intelectual, de la unidad en la diferencia, favorecieron el clima intelectual de esta búsqueda, de un modo de hacer y pensar la psicología más propio, más auténtico, más enraizado en la cosmovisión ideo-filosófica de sus gestores y consumidores. Solo considerando este ambiente se puede entender, como ejemplo clave, la aparición de un ideario científico tan lúcido, contemporáneo, universal y genuinamente marxista como el de Lev Semionovich Vygotsky. Un psicólogo al que nada psicológico le es ajeno, no importa donde ni quien lo haya descubierto, que hace de la crítica un arma de construcción y asimilación de ideas, y no de separación  y rechazo.

El pensamiento profundamente marxista de Vygotsky le permitió ver claramente que “la única aplicación adecuada del marxismo a la Psicología está en la creación de una Psicología General- su noción se ha de formular en relación directa con la dialéctica general, ya que es una dialéctica psicológica;  cualquier otra aplicación del marxismo a la Psicología que parta de otro presupuesto, inevitablemente llevará al escolasticismo de las construcciones verbales, a la disolución de la dialéctica en cuestionarios y tests, al enjuiciamiento de lo alto por su parte más baja, al enjuiciamiento por indicadores secundarios y casuales, a la perdida total de cualquier criterio objetivo y al intento de negar todas las tendencias históricas del desarrollo de la Psicología a la terminología de la revolución, dicho en pocas palabras, a la perdida más burda del marxismo en la Psicología” (Vygotsky,1982, p. 420).

Con qué admiración, orgullo y respeto hace Vygotsky junto a Luria el prefacio a la edición rusa de “Más allá del principio del placer”. Con qué placer habla de los neoconductistas, como conoce a Spinoza y a Marx, a Bühler y a Sechenov. La teoría del desarrollo cultural de las funciones psíquicas superiores debe tanto a los pensadores marxistas cuanto a los no marxistas, debe sobre todo a una época luminosamente creativa del desarrollo de la Psicología en la URSS. Se originaron en este período, además de la vygotskiana, otras hipótesis teóricas de indudable valor aunque todas ellas , y esto no las demerita, “fueron los primeros pasos en la construcción de una Psicología Marxista, fueron sobre todo hipótesis valientes, que  plantearon preguntas constructivas más que respuestas a las mismas”. (Radsijovsky,1989 p. 80)

Pero los cambios en la vida política y social del país reservaron para Vygotsky y su obra, para la pluralidad de este periodo, un golpe demoledor del que definitivamente no se recuperarían nunca más.

2. LA INSTAURACIÓN.

El concepto de instauración es complejo. El supone crear algo, pero además establecerlo. Establecer es hacer estable, instituir, disponer. Presupone la intencionalidad. Y he aquí que cuando hablamos de un período de instauración incluimos no solo los denotadores de la palabra sino también sus connotadores.

En los años 30 la orientación, el estilo de dirección política del país sufre modificaciones esenciales que se hacen sentir en las ciencias sociales, dentro de ellas la psicología. Muchos hablan de una dogmatización del marxismo, de la conversión del marxismo de una filosofía viva, de cambio, de contradicción, a una filosofía de dogmas, una filosofía de estado o peor aún de gobierno. Lo cierto es que, en el contexto de la psicología, por presiones de diverso orden los adeptos de todo aquello que fuera foráneo, originado en países capitalistas, o sustentado en una filosofía distinta del marxismo, y que habían tenido una práctica profesional exitosa, comenzaron a retractarse. La más notoria quizás fue la de los psicoanalistas que hasta ocupó páginas importantes en los periódicos de la época. La única psicología posible (permitida, no sancionada, etc.) era la que fuera marxista. ¿Pero cuál era esta psicología marxista?. Infelizmente no la propuesta vygotskiana. Ella era en esencia antidogmática y se sustentaba en la apropiación de todo el saber universal de la psicología. ¿Cuál entonces?.

Inmediatamente aparecieron propuestas que se sustentaban en el materialismo de los trabajos de Pavlov como muy cercano a una construcción marxista. Ivan Petrovich devino paradigma dominante de la Psicología. Una Psicología que quiere construirse al modelo de una no Psicología y con un dogma filosófico. Se da la espalda a lo que pasa en el resto del mundo, todo lo que se hace fuera del marxismo, o desde una lectura de Marx que no sea la soviética es malo por definición. Muchos psicólogos se adscriben a tal modo de pensar y proceder, otros apenas se repliegan, pero de tanto andar replegados, el andar se les hace camino.  El paradigma político dominante estipula que no hay más ciencias sociales que el materialismo histórico, y no hay más filosofía que el materialismo dialéctico. A pesar de que muchos compartían la idea de no hacer de Marx un psicólogo, sino tomar de él una epistemología, una idea de construcción, un modo de pensar y transformar (Rubinstein S.L.1934), en realidad se sentaron las bases para la equiparación de conceptos marxistas y leninistas (sobre todo leninistas) con ciertas nociones psicológicas.

Es en esta época donde aparecen conceptos con fuerza dominante. Tal es el caso del concepto de “reflejo”, extrapolado de la dialéctica leninista, y que servía además de “escudo”, y esto se lo escuché decir personalmente a Alekcei  Nikolaievich , toda vez que daba una cierta idea de cercanía con el pensamiento materialista de Pavlov.

El tema pasó de ser la construcción de una ciencia viva, a la construcción de un sistema de principios que definieran lo que era Psicología Marxista, y por ende lo que era bueno. Siendo un tanto fuertes diremos que los psicólogos en la época se empeñaron como en el medioevo en demostrar la veracidad del dogma, para nada en cuestionarlo, y arribaron a la “escolástica de las nominalizaciones” que había sancionado anteriormente como antimarxista, antidialéctica. Con esto se pone en juego el mismo carácter científico de la disciplina, porque se olvida que así como “la adhesión inmediata a un objeto concreto, captado como un bien, utilizado como un valor, ata demasiado fuertemente al ser sensible; es la satisfacción íntima; no es la evidencia racional” (Bachelard G. 1983.p.282), la adhesión a una categoría, a un concepto, a un sistema teórico evaluado como autosuficiente y único, al declarar la falta de racionalidad del otro se hace así mismo carente de racionalidad. La verdad es siempre una relación, no un absoluto.
No sería justo pasar por alto el hecho de que, según muchos psicólogos que llegaron hasta los 90 y que de algún modo vivieron la época a la que nos referimos, una no adhesión a este modo de funcionamiento podía ser hasta fatalmente costosa. (Radzijovsky,1989). La veracidad de muchas de esas ideas, de muchos de los sucesos que se narran hoy aún están por demostrarse y no solo contarse.

A pesar de todo lo dicho, el periodo de instauración tiene una riqueza indiscutible. Ella reside, a nuestro juicio, en el hecho real de la búsqueda de ese modelo autóctono, en la creación de ese sistema homogéneo, lógico. Este es el periodo en que la Psicología Soviética adquiere perfil propio, distinto a todo lo que se hacía en el contexto de otros paradigmas. No menos importante es también rescatar la idea de que la homogeneidad de principios, no era homogeneidad de modelos al interno de la psicología. En este periodo se configuran lo que serían las tres escuelas fundamentales de la Psicología en la URSS: La Escuela Vygotsky-Leontiev, posiblemente la más voluminosa y extendida entre otras cosas porque tenían muchas de sus figuras destacadas asociadas al trabajo de formación de Psicólogos en la Universidad de Moscú; La Escuela Ananiev-Rubinstein, siempre polémica y dilemática con la antes mencionada; La Escuela de Uznadze, también llamada Escuela de Tbilisi, que en su contra siempre tuvo la barrera lingüística y la relativa separación del centro de operaciones de la psicología: Rusia.

Tendríamos también que llamar la atención sobre los años de guerra, en los que muchos psicólogos no solo participaron como soldados, sino que además pusieron sus conocimientos profesionales y científicos al servicio de la causa que defendían con las armas. Importantes investigaciones sobre traumatismos de guerra, miembros fantasmas, cegueras nocturnas y otras fueron fuente de desarrollo teórico en los años siguientes.

Muchas de las más conocidas y significativas obras de la Psicología Soviética fueron escritas en este periodo, o en el espíritu de este periodo. Por solo citar algunas recordemos “El ser y la conciencia”, “Problemas del desarrollo de la psique”, ”Principios de Psicología General”, “Psicología”, “Lenguaje y Conciencia”, “Actividad, Conciencia, Personalidad”. Son las obras que dieron al mundo la cara de la Psicología Soviética. Fueron precisamente las obras con las que los cubanos entramos por primera vez en contacto con el pensamiento psicológico de los soviéticos.

Para comprender la riqueza de este periodo tendríamos que distinguir entre el valor de estas obras, y el uso que se hizo de ellas. Creo que dudar del valor de las mismas, si las consideramos como esa búsqueda inagotable de la verdad en la ciencia, es totalmente injusto. Su logicidad, el sustrato experimental de muchos de sus planteamientos, la rigurosidad de los análisis, etc. son cosas de alto valor. Pero infelizmente fueron convertidas en “bíblicas”, en “monumentos” inalterables. Tomemos apenas un ejemplo: “Problemas del desarrollo del psiquismo” (Leontiev,1959). Esta obra como se sabe fue cercenada por la censura. Epígrafes completos donde se destacaba el lado más subjetivo del problema desaparecieron hasta de los archivos personales del autor. Casualmente fueron los epígrafes que llevaron a Rubinstein S.L. a acusar a Leontiev de idealista subjetivo en la oponencia que le hizo a este trabajo, cuando fue presentado como tesis de doctorado por su autor. Apenas quedaron fragmentos aislados que más tarde recogió y dio a conocer Alekcei Alexandrovich Leontiev.

En esta obra cuando Leontiev asocia el origen del psiquismo a la aparición de la capacidad de sensación, o al reflejo mediatizado, el autor habla de “la hipótesis”. Sigue aquí la tradición marxista de la rigurosidad histórica y la honestidad científica. Ya Engels había subrayado el carácter hipotético de la idea central de la conversión del mono en hombre por la mediatización del trabajo. Es este un status metodológico determinado, digamos parcial, de necesaria corroboración. Sin embargo fue tomado como tesis definitoria, así fue enseñada y divulgada.

¿Cuáles son a nuestro juicio los signos de perdida de vitalidad y por ende de asunción rígida y tergiversada del marxismo en la época?. Señalemos algunos de los más significativos:
1. La utilización del marxismo de una manera cerrada y dogmática, como verdad absoluta que solo requiere de traducción al lenguaje de la psicología.
2. EL marxismo no se toma como pensamiento vivo, en acción, modificación y enriquecimiento, sino como la palabra escrita de los fundadores: Marx, Engels y Lenin. No existe más que el intento de comprender mejor y más profundamente lo que dijeron.
3. La pérdida de la pluralidad en la universalidad. No fue una pérdida total de  pluralidad al interior de la propia Psicología Soviética, pero si de lo que ocurría fuera de ella.
4. La pérdida de los valores metodológicos fundamentales de la obra de Vygotsky y de muchos otros que tenían una postura más de convergencia y creatividad.
5. La creación de un cierto “sentimiento de perfección” asociado a razones de naturaleza políticas e ideológicas, y no propiamente científicas profesionales.
6. El desarrollo de una psicología de corte académico apta sobre todo para el desarrollo de una actividad de investigación científica  y, lógicamente, de una práctica docente, prácticas estas regeneradoras en el mejor de los casos. Pero la psicología quedaba cercenada por su parte de desempeño profesional. Los grandes de la Psicología Soviética no dominaban una práctica profesional que no fuera la investigativa. La práctica profesional de los psicólogos eran exigua y rudimentaria. La psicología era una ciencia, pero no una profesión.
7. El comienzo de una lucha de poder entre los grupos científicos asociados a dos de las escuelas fundamentales.

No obstante, todavía en este período la psicología es una disciplina que está pidiendo en la URSS su derecho a la consideración plena, a la independencia (recordemos que no es hasta el 6 de Diciembre de 1965, que se da el status de Facultad, a la sección de Psicología de la Facultad de Filosofía  de la Universidad Estatal de Moscú). Es cierto que ya se notan rasgos de su peligro de estancamiento y por tanto de disolución, pero es una psicología que puede enseñar un perfil propio, productivo e interesante.

3. ESTABILIDAD.

La posibilidad de desarrollo, la capacidad de cambio, de creación de alguna nueva alternativa en Psicología comienza a cerrarse definitivamente en la URSS entrando los años setenta y sigue hasta su disolución en los finales de los ochenta, inicios de los noventa.  Se ha llegado al período del “razbitovi  socialism”  (socialismo desarrollado). La estabilidad política, el “altísimo nivel”  de desarrollo económico, hacen de la Unión Soviética un país casi perfecto, al menos en el discurso político. Los propios historiadores, después del advenimiento de la perestroika, han denominado en realidad a este periodo periodo del Inmovilismo (si todo está bien, ¿qué más hay que hacer?- solo seguir haciendo lo mismo). Pero ¿qué sucedía en la realidad cotidiana, ahora convertida en discurso subversivo por efecto de su contenido contradictorio y antagónico con el discurso político oficial?. La indiferencia, la incredulidad en el discurso político, la burla y el mal-humor lacerante, el sentimiento de inconformidad, y lo peor la mirada esperanzada a Occidente como realización del modo de vida que se desea.

¿ Qué pasa en este periodo en la Psicología?. La complacencia, la falta de crítica y autocrítica, y en su lugar el discurso oculto de la disensión, el silencio asesino, la indiferencia. ¿Qué más? Las luchas intestinas, el abuso de poder, la lucha por el poder de forma malsana para imponer ideas o supuestas teorías científicas. Las nuevas generaciones para quienes la única esperanza es “ser un preferido” de los que ostentan el poder. La distribución de las posibilidades de intercambio científico, sobre todo en otras latitudes, inequívocamente entre unos pocos.

Los soviéticos comenzaron a olvidar que “nadie por si mismo puede hacer las cosas lo suficientemente bien”. Todo parecía o se hacía parecer que funcionaba bien. Las formas particulares en que se desarrollaba la Psicología Marxista, devenida marxista por el mero hecho de haber sido escrita en ruso, al decir de Radsijovsky, podían ser criticadas sobre todo entre “los grandes”, pero los principios sobre los que se sustentaban, algunos de ellos ficticiamente adjudicados al marxismo, eran inamovibles. Hay toda una generación que mira a la Psicología Occidental, especialmente la norteamericana, como aquella que verdaderamente incita y convoca a ser psicólogo. En lo intersubjetivo hay una generación que ostenta el poder que mantiene viva las tradiciones, las buenas y las malas del periodo anterior. Se cita  a “los clásicos”, se mantiene la unidad conceptual, es como si se dijera: Ya está aquí la Psicología Marxista ahora a aplicarla. Y aquí encontramos todavía un poco de vida en la Psicología Soviética. La encontramos en un llamado a desarrollar lo que sin duda, era para todos la “cenicienta” de la psicología soviética: La aplicación práctica.
Hay un llamado a reorientar la Psicología de su modo académico de desarrollo al robustecimiento de su sentido práctico y aplicado. “La teoría deberá generalizar la práctica y servir a su ulterior desarrollo. La Base teórica de la Psicología deberá desarrollarse en relación a la actividad práctica de los psicólogos dirigida a la solución de las tareas que nos solicita la sociedad.” (Editorial de la Revista de Psicología,1981, p.6).

Sin embargo, las nuevas generaciones de psicólogos, los que podían llevar adelante este movimiento, ya estaban en una suerte de “desesperanza aprendida” con respecto a lo autóctono. Hay una demarcación de fronteras generacionales muy grande. En la Universidad Estatal de Moscú, por solo citar un ejemplo bien conocido, los temas de moda y de interés entre los más jóvenes, y los antiguos discípulos de Leontiev, Tijomirov, Galperin, etc. son el psicodiagnóstico con técnicas proyectivas, la psicoterapia familiar, la psicolinguística chomskyana, a las que por cuestión de forma se les añade los nombre de supuestos antecesores rusos.

Las actitudes dogmáticas, las críticas no constructivas, sino malsanas y convocadas por intereses de poder, el ocultamiento histórico de una “fruta prohibida” (occidente y su producción científica y profesional), el intento de las generaciones más viejas de proseguir una suerte de “gerontocracia”, muy dentro de la tradición rusa,  crearon “su propio sepulturero” al decir de Marx en el Manifiesto de los Comunistas. Solo faltaba encontrar una condición favorable. El pleno del PCUS  de 1986 la regaló en bandeja de plata: la concreción de la política de la perestroika .

Es importante llamar la atención sobre el hecho de que no se pierde en este periodo el discurso típicamente ruso de la psicología. Justamente, a nuestro juicio, aquí está uno de los problemas. El lenguaje, las citas, los tipos de problemas que se estudian, que aparecen publicados en las Revistas de Psicología fundamentales de la época (Voprosi Psijologui, Psijologuichesky yurnal, Vestnik Moskovskava Universitieta), siguen siendo, en lo fundamental, los mismos. Es  muy triste para una psicología que, a pesar de sus déficits, podía haberse convertido en un amplio movimiento de creación, aceptar que “en los años 70 y 80, la ampliación de la ciencia poco a poco se cierra. Aquél efecto práctico que esperaba la sociedad, la psicología no pudo darlo. Crece la indiferencia y la falta de creatividad en la teoría y en la práctica, aunque de esto nadie habla” (Radsijovsky,1989, p.81).

4. LA DISOLUCION.

Los vientos renovadores de la “perestroika” y la “glasnost” abrieron a las Ciencias Sociales soviéticas una posibilidad largamente esperada. Pero,... ¿Quién sabe si la ansiedad de la espera produjo la respuesta desarraigada?, ¿Quién sabe si la historia es implacable por encima incluso de las voluntades humanas?, lo cierto es que el efecto tangible para la Psicología fue la pérdida de todo: lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, las bondades y las desgracias.

En los funerales de Alekcei Nikolaievich Leontiev (1979), muchos de los que fueron los jóvenes seguidores en vida del maestro, se acercaron al féretro del difunto a dar su último beso. Un beso con el que despidieron para siempre una “adopción” (es posible decir que para muchos era una “adicción”). La ruptura de aquél  cordón umbilical significó la búsqueda de uno nuevo: Lo que no habían aprendido era a no tener cordón umbilical, a alimentarse por sí mismos, a crear su propia vida. Lo buscaron inicialmente en otro rusoparlante (fueron varios los elegidos- Bodaliov, Lomov, Klimov, “casualmente” todos los que ocuparon posiciones importantes de poder). Años más tarde, discípulos y no discípulos de los representantes de la más productiva e infelizmente devenida inmovilizadora generación de psicólogos soviéticos, cortaron, bajo los efectos de la  perestroika, su cordón umbilical, pero ¿para regalar su talento a quién, a qué causa científica y profesional?.

Símbolo de la disolución de la Psicología Soviética, o de las Escuelas Soviéticas en psicología, como preferimos llamarle, se constituyó el “Congreso de toda la Unión de la Sociedad de Psicólogos de la URSS”, celebrado en Moscú en 1989. Las filiales de la Sociedad en cada República se separaron, los postulados llamados básicos de la Psicología Marxista más que cuestionados, lo que hubiera sido un éxito, fueron destrozados y abucheados por muchos, las salas en las que se hablaba de lo que pasaba en los Estados Unidos se repletaban, mientras unos clamaban por una “perestroika en la ciencia psicológica”, otros , los más, solo pedían destitución, anarquía disfrazada de supuesta democracia.

Infelizmente, nuestro contacto con la Unión Soviética murió. Murió doblemente: porque la URSS dejó de existir, y porque nunca más tuvimos la posibilidad de saber que pasó después del 89 por vía directa. Muchos de los amigos de entonces ya no viven allá. Otros sobreviven. Algunos siguieron con la táctica de “adaptarse a cualquier circunstancia” y, como casi siempre sucedió y sigue sucediendo, no les va, en cierto sentido, nada mal.  De la fortaleza y la creatividad de aquella polémica generación que hizo y deshizo un modo autóctono de pensar y hacer la Psicología, parece ser que no queda más que un recuerdo vago y agonizante. Quien sabe si fueron proféticas aquellas palabras de Vygotsky: “Nuestra ciencia no podía ni puede desarrollarse en la vieja sociedad. Dominar la verdad acerca de la personalidad y conocer la personalidad misma es imposible mientras la humanidad no domine la verdad acerca de la sociedad y conozca la sociedad misma. Por el contrario, en la nueva sociedad, nuestra ciencia estará en el centro de la vida...la nueva sociedad creará al hombre nuevo”. (Vygotsky,1982 p. 436).

II.B. INCONVENIENTES EPISTEMOLOGICOS.

Muchas fueron, sin duda, las vicisitudes históricas del desarrollo de una Psicología Marxista en la URSS. Su extensión al resto de los países socialistas fue a pesar de todo muy importante, y si no se extendió más a otros países, junto al problemático asunto de la lengua, fue por causa del nada despreciable y no menos problemático asunto de la política. Pero esto es algo de lo que aún los historiadores tienen que encargarse de una manera más sería y profunda que la forma tremendamente destructiva y chismográfica que primó durante los primeros años de la perestroika. Allí la historia fue convertida en instrumento de destrucción, fragmentación, y también fuente de arribismo político y de pase de cuentas de antiguos resentimientos. No es esa la historia que necesitamos, como tampoco, ciertamente, la historia que glorifica y exalta escondiendo fallas, perdidas de rumbo, pasiones y desventuras humanas.

Como ya dije y reafirmo, la Psicología Soviética traía consigo muchos elementos esenciales para la tarea histórica, como decía Vygotsky, de desarrollar una psicología marxista. Sin embargo, los problemas del desarrollo de una Psicología Marxista en la URSS incluían como fundamental, a mi juicio, inconvenientes que llamaría estructurales, esenciales. Estos problemas estructurales resultan de la confluencia de múltiples factores, incluyendo incluso de idiosincrasia. Con el ánimo sobre todo de abrir un debate necesario, me atrevo a señalar algunos de ellos.

1. Preocupados por que la naciente psicología marxista fuera una explicitación clara del pensamiento marxista, los soviéticos se dedicaron más a las definiciones de principios y categorías, al trabajo de construcción teorética, que al hacer una ciencia marxista como conjunto de prácticas científicas profesionales. De este modo la prioridad constructiva se concentró en los aspectos teóricos abstractos de la Psicología. Los llamados principios de la Psicología no reconocían al fenómeno psicológico en su particularidad, sino que llamaban la atención sobre su forma teórica de existencia que era donde esencialmente se suponía se explicitaba el carácter marxista.
2. A manera de ejemplo tomemos una típica definición de la época: la percepción es el reflejo de las cualidades integrales del objeto. Desde el punto de vista de su existencia como subjetividad la percepción no es eso. La percepción no es más que el producto de y la acción misma de percibir y se asocia, en psicología, a un conjunto de fenómenos mentales. En la definición soviética no hay interés de reconocer la percepción como lo que es, sino su determinación, su filiación con respecto a una gnoseología, una epistemología y una ontología.
3. El ejercicio profesional de la psicología era muy exiguo lo que facilitaba la reproducción del academicismo al que antes hice referencia. En conferencia pronunciada en la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, en 1989,  Zabrodin, entonces vicepresidente de la Sociedad de Psicólogos de la URSS, señalaba que más del 95% de los psicólogos de la URSS trabajaban en Centros de Investigación o Instituciones de Educación, siendo que apenas un 5% se dedicaba a tareas propiamente profesionales.
4. Quizás el área más favorecida fue el de las psicologías educativa, pedagógica, del desarrollo, por su vínculo con las tareas de la Educación. Pero siempre llamaba la atención el academicismo, por ejemplo, de la Psicología Social en la que no se reconocían problemas   centrales de la sociedad, de las diferencias nacionales, criticándose los modelos llamados burgueses, pero sin alternativas de afrontamiento para muchos de los problemas que allí se trabajan. El grupo, como el colectivo, era sobre todo un concepto o un objeto a investigar, pero muy raras veces una realidad de la vida cotidiana, un instrumento para la movilización social, etc.
5. La concentración y el gran desarrollo alcanzado en los niveles abstractos teoréticos y el atraso en lo que a problemas prácticos y aplicados se refiere, incluso la desatención a los problemas instrumentales, generó una suerte de disociación entre la teoría y la práctica. La primera se convirtió en algo así como un discurso declarativo obligatorio desligado en lo fundamental de lo que se hacía en el terreno empírico.
6. La interpretación marxista de la psicología se sustentaba en un conjunto de principios cuya explicitación en la obra de Rubinstein fue bastante aceptada. Estos principios eran:
    Principio de la unidad psicofísica.
    Principio del desarrollo.
    Principio histórico.
    Principio de la unidad de la teoría y la práctica.
    Principio de la unidad de la consciencia y la actividad.

Como se puede observar el sentido de los principios es de carácter teórico abstracto y nada dice del sentido de las prácticas. La psicología marxista vista así era una práctica de elites, se conformaba sobre todo como una “ciencia para sí misma”, no una ciencia para sustentar un ejercicio profesional transformador, enriquecedor, facilitador del bienestar y la felicidad de los seres humanos. Creo que los psicólogos soviéticos en su encuadre del marxismo no comprendieron bien que el marxismo no es sencillamente un instrumento para la toma del poder y su ejercicio, no es tan solo un modo de concebir al hombre, su vida, ni tampoco se reduce a una teoría de la sociedad para conocerla mejor. El marxismo es un instrumento para luchar por el bienestar, la felicidad, la plena realización y el enriquecimiento espiritual de los seres humanos. El problema no ha de ser tan solo como concebir la psique, sino como favorecer su mejor existencia y desarrollo.

Intentando sintetizar, considero que la Psicología Soviética tenía un obstáculo epistemológico fundamental. Le denomino, siguiendo a Bachelard, obstáculo epistemológico para referirme a esa idea de que “es en el acto mismo de conocer, íntimamente, donde aparecen, por una especie de necesidad funcional, los entorpecimientos y las confusiones...causas de estancamiento y hasta de retroceso...causas de inercia.” (Bachelard G.1983.p.15). Su idea (imagen ideal, representación dominante, etc.) de Psicología era en esencia como el resto de las Psicologías de su época : una ciencia académica, de profunda impronta empirista, dónde de forma diferente se pensaban los mismos problemas, los mismos artificios experimentales, lo que unido a una racionalizada sensación de perfección, adecuación y justeza acarreaba los mismos males esenciales, los mismos olvidos, y las mismas concepciones elitistas que sus contemporáneos paradigmáticos.

Esto es una invitación a la polémica, sobre todo a la polémica que es precedida por la profundización, el estudio más erudito. Para mi son ansiedades que no quiero dejar de socializar por el posible valor que puedan tener.

III.  LA PSICOLOGIA MARXISTA COMO ENCUADRE.

¿Qué entender por Psicología Marxista?. Esta fue una pregunta que nos hicimos bastante después de definir nuestra postura como marxistas (muchos se definieron como marxista con un conocimiento bastante elemental, superficial y ortodoxo del marxismo). La primera respuesta la encontramos aún sin ayuda de los soviéticos. Podríamos expresarla así: la psicología marxista es el intento de HACER desde la psicología con las herramientas del marxismo. En este sentido, buscando dentro de nuestra disciplina una noción que coherentemente exprese esta idea, formulamos que se trata de una Psicología cuyo encuadre primario, instituyente es el marxismo. Esta determinación primaria nos ponía, en principio, a alguna distancia de la adherencia a alguno de los tipos de relación más arriba señalados. 

Insistimos en la idea vygotskiana de que la psicología marxista no se nominaliza a si misma marxista para “etiquetar” su ser con un viso de contemporaneidad, preocupación social, etc., sino que con esto pone al descubierto su compromiso real y efectivo, teórico, metodológico, práctico e ideológico con el marxismo en tanto concepción del hombre y la sociedad, como filosofía expresada en la unidad de su epistemología, su ontología, su lógica y su valor de guía metodológica, y como práctica revolucionaria y revolucionadora.  Al nominalizar a la psicología como marxista no se trata solamente de señalar dentro de qué perspectiva, en qué se fundamenta el hacer científico, sino también de quién lo hace;  digamos QUÉ es la psicología y QUIÉN es el psicólogo.

La nominalización de la Psicología como marxista, tenía apenas un sentido histórico concreto. Creo que a nadie se le ocurriría hablar de una biotecnología marxista, o incluso de una física marxista.  Se trata de que en las ciencias sociales, por ubicar de algún modo a nuestra disciplina, la lucha ideológica tiene una presencia particular, y se hace necesario explicitar con precisión la posición de partida.  No es posible confundir esto con la absurda idea de que la simple utilización de un “apellido”  será un toque de magia para la conversión del cuerpo de conocimientos de nuestra disciplina en una ciencia, mucho menos con la idea de ser la única capaz de producir conocimientos científicos.  No creo que fuera de ésta situación histórica la adjetivación sea imprescindible. 

Al mismo tiempo, debo reconocer que hay un problema de economía del lenguaje. Dice Seve, y yo coincido con esa idea, que “...no hay ni puede haber, en sentido estricto, una psicología marxista, lo que sin lugar a dudas existe y está llamado a desarrollarse más aún es una concepción y un uso marxistas de la psicología” (Seve L. 1975.p.47). Pero  ¿cómo hacer para decir que trabajo dentro de una concepción marxista de la psicología, y que en la aplicación que hago de ella se evidencia su vocación e inspiración marxistas?. Sencillamente digo que soy un psicólogo marxista, que cultivo la psicología marxista-mente.

La Psicología que llamamos marxista, fuera de la necesidad de dicha nominalización por las razones antes expuestas y otras más, es también marxista en la medida en que logra un conocimiento real, objetivo, veraz de su objeto de estudio en las condiciones reales de su existencia, que quiere decir en determinadas coordenadas sociohistóricas, culturales.  Es el descubrir (y la posibilidad del descubrimiento de) la realidad psicológica asociada a una práctica comprometida con ciertas propuestas de vida, de organización social, etc. lo que en última instancia la hace marxista.  Nuestra psicología, parafraseando a Vygotsky,  es marxista en la medida en que se convierta en verdadera y científica;  y es en la dirección de convertirla en verdadera, y no en ponerla de acuerdo con la teoría de Marx en la que se hace necesario trabajar.

En segundo lugar, al decir que el fundamento de la psicología es el marxismo, planteamos el carácter de la relación entre marxismo y psicología, como entidades particulares e independientes. Como señalé antes, su identificación es absurda, y un pretendido psicologismo en el marxismo o viceversa sería una reducción mecánica contraria a la esencia misma de ambas.  La psicología tiene sus problemas particulares y busca sus respuestas a estos problemas.  Es indiscutible que el propio planteamiento del problema, así como la búsqueda de su respuesta y la evaluación del hecho conocido tendrán siempre una base en los principios filosóficos de partida, pero estos no son idénticos al problema mismo ni a su solución.

Ninguna filosofía como ciencia de las leyes universales puede responder por si misma a los problemas particulares de una ciencia particular, y no es la psicología una excepción.  Algo cercano, en su sentido más general, pretende señalar Seve, L. cuando señalaba: “decir que los principios del materialismo dialéctico contienen de antemano las verdades científicas futuras – por ejemplo, en psicología- tiene un sentido similar al de expresar que la lengua francesa contiene por anticipado las futuras obras maestras de la literatura; lo único que falta es un medio cualquiera para extraerlas, además del esfuerzo que exige escribirlas”. (Seve L.1975.p.46). Tal suposición es de una superficialidad abrumante.

Del mismo modo en que la Psicología Marxista postula su unidad y diferencia con su fundamento, no pretende ni se plantea la estéril tarea de llenar con su conocimiento psicológico los supuestos “vacíos” del marxismo.  No quiere esto decir que se plantee una ruptura de la inevitable relación dialéctica que opera entre la filosofía marxista y las ciencias particulares, donde el primero sirviendo de fundamento recibe a su vez los descubrimientos de las otras que garantizan la movilidad, el desarrollo, el perfeccionamiento del marxismo, su historicidad y contemporaneidad.  Las leyes más generales no se expresan más que en ciertas formas particulares y la amplitud, precisión y profundidad que logren estas formas particulares, redundará en la corroboración del carácter general de las primeras y en su tránsito a nuevos niveles de desarrollo y perfeccionamiento.  En este sentido, del mismo modo en que sería una mistificación el conceder al marxismo la capacidad total de responder a los problemas particulares de la psicología, sería también una mistificación absoluta el conceder a la psicología la capacidad de ejercer las funciones del marxismo. En este sentido inscribimos la sentencia de Politzer, G. quien afirmaba que “la psicología no contiene en modo alguno el secreto de los hechos del comportamiento humano, simplemente porque dicho secreto no es sólo del orden de lo psicológico” (Politzer G.1947.p.120).  

En tercer lugar, la Psicologia Marxista realiza una lógica constructiva inversa a la de aquellas aproximaciones al marxismo que se ejecutan desde modelos o esquemas psicológicos preconcebidos fuera de él.  Cuando hablamos de modelos concebidos fuera del marxismo, no dudamos que en algunos de ellos estén expresados, digamos de modo espontáneo y en forma parcializada, elementos de connotación materialista o dialéctica.  Indiscutiblemente la historia de la psicología está llena de descubrimientos y hallazgos de indudable valor científico, de no ser así, cómo podríamos hablar hoy de una ciencia psicológica.  Parafraseando a Engels, F. en su “Dialéctica de la naturaleza” señalemos que los hechos siguen siendo hechos, no importa cuan falsas sean las representaciones que de los mismos se hagan.  El problema no está en que partiendo de ciertos modelos psicológicos, podamos llegar o no a ciertas verdades y que podamos entonces, sobre todo a estas verdades, encontrarles una justificación marxista.  Creo, sin temor a exagerar, que de ser así cualquier corriente psicológica podría adjudicarse un carácter marxista.  En la psicología marxista se trata de una nueva edificación de la base misma de la ciencia, de un cambio del modo de concebir el sistema integral de su modelo de partida.  Se trata de comprender y asimilar el significado del marxismo como guía metodológica para la construcción de dicho modelo y como acción transformadora.

Valdría la pena señalar algunas de las consecuencias concretas que trae consigo la adopción de un modelo de los establecidos en el devenir de la psicología, y cuál es el intento de superación de la psicología marxista.
1. Los modelos clásicos por nombrarlos de algún modo, son modelos parciales que pretenden agotar el estudio de lo psíquico por algo que en el mejor de los casos, no es más que una de sus manifestaciones contenidas o formas de existencia.  La Psicología clásica , dice Bleger, nos ofrece, en lugar de vida humana, procesos que no son nuestras acciones cotidianas” (Bleger J.1967.p.41). Así el conductismo, por solo cotar un ejemplo, al reducir lo psicológico a lo conductual, eliminó de la psicología posiblemente su peculiaridad básica:  su carácter subjetivo.
2. Al centrarse en un objeto parcial de estudio, se corre el peligro de obviar lo que focalizándose en otros objetos, la psicología ha producido a lo largo de su historia. Como suceso bastante común los psicoanalistas, escudándose en su idea de que el psicoanálisis no es una psicología demuestran un desconocimiento bastante grande de la Psicología como ciencia y sus aportes generales, a no ser que por formación primaria sean psicólogos.
3. En la mayoría de los modelos a los que hacemos referencia, si bien se logra una certera interpretación entre objeto, método y práctica, se observa un cierto “efecto de cierre”, donde la consumación del modelo es vista en la creación de un sistema cerrado creando la imposibilidad de la asimilación crítica de los resultados alcanzados en otros sistemas, más allá de lo que pudiera ser una “asimilación por conveniencia”.
4. Podríamos aún añadir que en la base de cada uno de estos modelos, incluso de aquellos en los que operacionalismo y positivismo están fuertemente arraigados, hay una concepción del hombre y por supuesto de la sociedad afiliada conciente o inconscientemente a alguna filosofía.  Nos preguntamos si es posible romper con esta concepción para asumir otra, la que nos ocupa, la marxista, sin romper el propio modelo, o producir una “adaptación” de la nueva concepción del hombre que trata de imponerse. 

En la respuesta a estas cuestiones está, más allá de las relaciones de unidad y complementación, el por qué de la ruptura esencial que busca la Psicología Marxista tal y como la concebimos con los modelos preestablecidos desde fuera del marxismo, y el por qué la vía de acercamiento al marxismo desde alguno de estos modelos se nos presenta como insuficiente.  La psicología marxista entonces, la construimos (y subrayo esta afirmación - la construimos) partiendo del marxismo como fundamento general en la búsqueda de un modelo propiamente psicológico que refleje lo psíquico en toda su integridad, que sea consecuente con los principios de partida y que sea capaz de asimilar e integrar críticamente lo mejor del pensamiento psicológico en su historia y en su estado actual, aquello que se descubre como una verdad objetiva científica.

Valdría detenerse aunque sea brevemente, en este último aspecto - la asimilación crítica - por el significado que tiene dentro de la psicología marxista y porque no han faltado las  incriminaciones de los “agudos de la superficialidad” acerca de un supuesto eclecticismo.

En el propio ejemplo del marxismo, encontramos la clave para comprender la necesidad y el sentido de la asimilación crítica.  Analizada en esta dirección particular, tendremos todos que estar de acuerdo en que, como señalaba Lenin, el marxismo es el sucesor natural de lo mejor que la humanidad creó en el siglo XIX;  la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés”. ¿Podemos reducir el marxismo a estas tres fuentes y partes integrantes?.  Indiscutiblemente no. Pero ¿pudiéramos concebir el marxismo sin ellas?. La respuesta es igualmente negativa.

En la psicología marxista el problema se plantea así:  la asimilación crítica de la producción científica en psicología es un elemento central que expresa, más allá de su ruptura, la unidad de la ciencia psicológica;  a la psicología marxista no le son ajenos los logros de las escuelas, tendencias, etc. son estas “fuentes y partes integrantes”;  las escuelas psicológicas han reflejado en mayor o menor medida y adecuación lo que han pretendido estudiar, descubriendo leyes, regularidades, mecanismos psicológicos de significación particular. Desconocer esto sería abrir las puertas al chouvinismo y el dogmatismo pseudo científico, porque en realidad retomando a Vygotsky, “...nuestra ciencia será marxista en la medida en que sea verdadera, científica; y es precisamente en la dirección de la conversión de nuestra ciencia en verdadera, y no en ponerla de acuerdo con la teoría de Marx, en la que hemos de trabajar...lo que hubo y hay de verdaderamente científico en la Psicología, entra en la Psicología Marxista...este concepto es más amplio que el de escuela o corriente...coincide con el de Psicología científica en general, no importa donde ni quien la desarrolló” (Vygotsky L.S. 1982. Pgs. 434-435.)

En cuarto lugar, la psicología marxista no pretende ser una cierta “conciencia crítica” de la psicología, el “perogrullo” portador de la verdad teorizada y que desde esta posición privilegiada tiene el derecho de dictar sentencia sobre lo bueno y lo malo, lo adecuado y lo inadecuado, etc.  La Psicología Marxista demuestra su valor en la praxis. Cómo considerarnos marxistas, cómo hacer una psicología marxista si olvidamos que el problema de si el pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento.  Pero como toda praxis, la práctica de la psicología marxista expresa la necesidad de una unidad dialéctica indisoluble:  la unidad teoría-práctica.
La reflexión teórico-metodológica, la elaboración de un marco teórico conceptual es un punto central para la conformación del desarrollo de la psicología marxista.  “Los intentos de comprender los problemas metodológicos de la ciencia psicológica siempre son creados por una necesidad impostergable de orientaciones teóricas, sin las que las investigaciones concretas inevitablemente resultan miopes” (Leontiev, A.N.1975.p.3).  No hay ni puede haber una práctica consciente, orientada y productiva sin un marco teórico en el que la misma se inscribe, marco teórico que surge de una práctica y que vuelva a ella no sólo para confirmarse, sino para perfecionarse y permitir así un verdadero crecimiento científico.

Este marco teórico de la psicología y que tiene como fundamento el marxismo, se elabora sobre un conjunto de requerimientos científicos metodológicos insoslayables.  Señalemos por solo citar algunos:
     1.    Su objetividad, evaluada no solamente por la corroboración empírica particular que sobre la base de uno u otro método de los llamados tradicionales, valída, hace confiable y pertinente un sistema categorial, sino sobre todo por una praxis histórica y contextual.
     2.    Su carácter dialéctico, en tanto su capacidad de asimilar el carácter relativo de todo conocimiento humano relativo no en el sentido de la negación de la verdad objetiva, sino en el sentido de la condicionalidad histórica de los límites de la aproximación de nuestros conocimientos a esta verdad.
     3.    Su carácter general, en tanto que representa la unidad de la teoría psicológica con independencia, por supuesto relativa, de sus formas particulares de expresión.

Es por esto que la Psicología Marxista tiene en su núcleo una Psicología General, pero no en el sentido de una psicología del hombre blanco, adulto y civilizado como pensara Titchener, E. o una metateoría al decir de Binswager, ni tampoco simplemente una psicología de procesos y fenómenos, de corte experimental como aún piensan muchos.  Sino una psicología general en la que queda plasmado el sistema de principios teórico-metodológicos que estructuran el conocimiento psicológico, su aparato categorial, y en la que se realiza, al nivel de la ciencia particular, en términos propios y diferenciados, su fundamento.

En quinto lugar, habría que precisar que la Psicología Marxista es unidad en la diversidad.  Su ajuste total es imposible identificarlo con un enfoque o una teoría particular, aún cuando este se inscriba dentro de los límites que de algún modo hemos expuesto en estas reflexiones básicas. Su unidad consiste justamente en la comunidad de ciertos puntos de partida que se derivan en la práctica de la apropiación de su fundamento.  Dejemos claro - la unidad de principios de la psicología marxista representa su existencia objetiva.
Dentro de este contexto se verifican las contradicciones propias que movilizan el desarrollo científico entre los diversos modos de realización concreta de los principios, se realiza la historicidad de las categorías, se delimitan sus alcances y sus limitaciones.  En este sentido no hay nada más ajeno a la Psicología Marxista que pretender ser un conocimiento acabado; la psicología marxista está en constante construcción y reconstrucción sobre un fundamento solidamente establecido.  Lo que tenemos hoy adolece de múltiples insuficiencias, no siempre somos del todo consecuentes con lo que nos planteamos en el terreno teórico, porque dicha consecuencia, no es solo el efecto de un deseo o una convicción, sino de una situación concreta, históricamente condicionada, pero podemos mostrar lo que hacemos, cómo lo hacemos, lo que pensamos y por qué lo pensamos.

Qué más necesitamos para demostrar a muchos escépticos que la Psicología Marxista existe, - un sistema cerrado de conocimientos anquilosados y obsoletos, sujeto a una lógica metafísica?  Una única conceptualización teórica de algo que aún no ha sido descubierto en toda su esencia?  O quizás una falsa propuesta de dominio absoluto del universo psicológico del hombre?  Si esto se espera, entonces cómo hablar de Psicología, marxista o no.  Pero incluso, para qué hablar de toda ciencia.  La psicología marxista está ahí, su unidad de principios, su praxis.

Pero el conocimiento de lo psicológico es inagotable, y también inagotable serán los modos de su aproximación.  Nuestra vía no es la única, el marxismo está al alcance de todos, y el descubrimiento de su significado para la psicología es una tarea histórica. Será la práctica quien acudirá al llamado de los interesados en una psicología plena.